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Denevi Babilonia
por
Joselo Olascuaga

Babilonia revisitada
es un cuento de Francis Scott
Fitzgerald que Juan Carlos Onetti tuvo que sacar de
su casa porque lo hacía sufrir cuando lo leía. Se
refiere al tiempo, a la pérdida de la infancia, del
asombro. Yo debí sacar de mi menú teatral esta
Babilonia de Jorge Denevi. Me jode compararla
con la que dirigió Jorge Curi hace más de treinta
años en el Circular. La Babilonia de Denevi
no puede ser para mí mejor que la de Curi de ningún
modo. Yo era más joven.
Para peor, ignoro un
poco menos. Me doy cuenta que no puedo esperar en
una sala de estadio olímpico como es la Campodónico
de El Galpón, el mismo efecto de agobio
claustrofóbico que trasmite Armando Discépolo en el
texto y hacía crecer Curi, implacablemente, en la
intimidad concéntrica de la 1 del Circular, hasta
rematarlo con aquel angustiante “¡aire, aire,
cobardes, cobardes!” que profería, casi proclamaba,
Ismael Baillo para que lo pisara al pie un apagón
más que final.
La Campodónico tiene
tres paredes y Denevi solucionó el final cerrando la
caja con una especie de fotograma del linchamiento
del mayordomo. Funcionó. El viernes 25 de setiembre,
la función a la que asistí, quinientas personas
aplaudieron de muy buena gana.
Es que hay motivos
suficientes para la gratitud: un texto ya clásico
(fue en homenaje a los sesenta años de El Galpón,
cuando hace cincuenta del estreno de la Babilonia
de Ugo Ulive en la antigua sala de la institución en
la calle Mercedes) completamente vigente; un elenco
muy parejo (bien cuidada la selección por Denevi; no
salí con la mala sensación que me dejó en ese
sentido El jardín de los cerezos, este mismo
año en esa misma sala), puntos altos en el trabajo
de Luis Fourcade, cuyo personaje carga con el mayor
peso de la obra, de Pablo Dive (excelente máscara y
profundidad de lectura, no me hizo extrañar al
canchero más funcional de Juancito Graña), Gastón
Caperchione haciendo un pinche de cocina superior al
de Capozzoli (la misma ternura y atropello y
corporalmente más expresivo), la naturalidad de
Estefanía Acosta, ayudando a un tono menos grotesco
(que considero un acierto de Denevi) porque acerca
la obra a la platea, permitiéndole liberar su
atmósfera en un contexto actual (Babilonia es
teatro de climas y ritmos, antes que su pertenencia
a un género. Le debe a Luiggi Pirandello menos que a
la historia).
Denevi historiza
Babilonia, la ubica en su tiempo añadiéndole
referencias a la política internacional, la hace más
comprensible y muy genuina en su retrato de
inmigrantes. El grotesco asoma con trazo más firme y
menos eficaz en la actuación de Myriam Gleiger y en
algún otro momento, pero, como todo género, depende
de los usos, las modas y la funcionalidad histórica.
Creo que Denevi hizo la Babilonia que el
momento precisa.
Lo mejor: el
contrapunto entre Walter Etchandy y Luis Fourcade.
De antología.
Algo sobre los
Discépolo, Discepolín y su hermano:
http://joseloolascuaga.blogspot.com/2008/02/yo-sera-amigo-de-discpolo.html
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