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Lula, los empresarios, el
nacionalismo y la política
por Luiz
Carlos Bresser-Pereira
El Estado precisa, sin duda, de la
crítica, pero
no a
expensas de desacreditar lo que se ha logrado.
El
presidente Lula, en una entrevista brindada a "Valor
Econômico",
dio una
lección de
nacionalismo y de lo que significa la política en
una sociedad
democrática. Con relación
al primer punto, Lula se
declaró nacionalista, les
pidió a los
empresarios que
también lo fueran, y
dijo que hace
tiempo vienen
demandando que la Vale
construya usinas siderúrgicas en Brasil en
vez de exportar apenas
mineral de hierro.
Sus palabras:
"Vengo reclamándole
sistemáticamente a la
Vale la construcción
de usinas siderúrgicas en el país.
Todo el mundo sabe lo
que la Vale representa para Brasil. Es una empresa
excepcional, pero no
puede darse el lujo de exportar apenas
mineral de hierro
(...). ¡Los empresarios
tienen tanta
obligación de ser
brasileños y
nacionalistas como
yo!". Agregaría, y
con
más
énfasis, que los
economistas también deberían
ser tan patrióticos o
nacionalistas como reclama el presidente.
La política de
no exportar
bienes
primarios, sino
bienes
manufacturados con
mayor valor agregado
per cápita, es más
antigua que la
Catedral de Braga. Los grandes
reyes mercantilistas
ingleses, a fines del siglo
15 (sic), ya adoptaban
la política industrial de
prohibir la
exportación de
lana para que
exportar,
básicamente, el tejido
fabricado con la lana.
Los chinos,
recientemente,
establecieron un
impuesto a la exportación
de acero porque
quieren exportar los
productos terminados
producidos con el
acero.
De esta forma, más
allá de crear empleos, los crean con mayor contenido
tecnológico, que pagan salarios mayores, y así su
desarrollo económico se acelera. Mientras tanto,
nuestros economistas nos dicen que el problema debe
ser dejado en manos del mercado. De esta forma, aún
cuando exportamos acero, exportamos principalmente
el acero en bruto, y ¡estamos admitiendo exportar
soja en grano para los chinos que no quieren comprar
el aceite de soja!
¿Y la
lección de política?
En primer lugar, Lula reveló,
en forma reiterada, respeto
por FHC, Marina Silva
y José Serra. Segundo,
defendió oportunamente al
Congreso: "El
Congreso es la única
institución
juzgada
en forma colectiva.
Pero si no
hubo
sesión usted dice:
"Diputado atorrante, que no
trabaja". Y nunca
menciona a los que
estuvieron allá,
de guardia, todo el tiempo. Cuando
yo era legislador,
estaba loco, porque
me quedaba trabajando hasta las dos o tres de la
mañana (...). Si a ustedes
no les gusta la política, creen que todos los
políticos son ladrones, que
no sirven, no
renuncien a la
política. Entren
ustedes a la política porque,
tal vez, la
perfección que ustedes quieren esté dentro de
ustedes mismos”.
El presidente
tiene razón.
La política es muy
importante, afecta
nuestras vidas, y
debe ser valorada y
ser adoptada como
profesión por los
mejores
entre
nosotros.
Brasil precisa
dramáticamente de
buenos políticos, y,
felizmente, cuenta
con un
buen número
de ellos. De
hombres y de
mujeres dotados de
espíritu público, de
compromiso con la
nación, que, sin
dejar de defender
sus
intereses legítimos,
defiendan también los
de Brasil. Pero cuando
leemos los diarios,
cuando conversamos
con los amigos, parece que
nadie sirve.
Definitivamente,
no es
cierto. Es
verdad que
nuestro país
no
cuenta con
un Estado y con una
política como los que
existen en los países
escandinavos, pero también es
verdad que,
considerando el grado
de desarrollo
económico y cultural
de Brasil, tenemos
un
nivel de
organización del
Estado, de calidad de
las instituciones, y
de compromiso de
muchos políticos con
la ciudadanía y el
bien público, que lo
considero por encima de la
media. Precisamos, sin duda, la crítica, pero
no a expensas de
desacreditar lo que se ha logrado.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
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