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Elegir gobierno:
una cuestión de reparto
por El
Perro Gil
elperrogil@gmail.com
Con
su acostumbrada dosis de sentido común, José “Pepe”
Mujica develó el núcleo central de lo que significa
elegir un gobierno, y lo hizo en uno de los tantos
actos multitudinarios que viene realizando la
fórmula frenteamplista. En pagos de San José
–bastión blanco, por ahora- supo descifrar lo que
está en juego el próximo 25 de octubre. Que la
cuestión pasa por elegir una forma de repartir
mejor, de distribuir lo que genera el país entre su
población, de la mejor forma posible, sin
concentración de clase alguna, con justicia social.
Durante décadas escuchamos
hablar a los políticos gobernantes que había que
aumentar la torta, y lo hacían desde el lado de los
más poderosos, con la supuesta intencionalidad de
devolver en cascada el fruto generado como natural
consecuencia del crecimiento de las clases
dominantes (las dueñas de los aparatos productivos).
Tal devolución fue inocua para los intereses de una
clase trabajadora que sufrió en carne propia los
sucesivos ajustes fiscales, vaciamientos de bancos y
dilapidación de los dineros públicos en lejana
actitud de aquella previsión que nunca se cumplió.
Entonces escuchamos a Pepe
resumir magistralmente, en una simple oración, todo
lo que está en juego en esta elección; y lo hizo a
sabiendas de todos quienes vivimos plenamente las
acciones concretas de este gobierno, ya no de meras
expectativas o promesas. Sin embargo, ese aspecto
sustancial de su discurso fue opacado por los medios
y por la oposición –ésta, en el libre juego
electoral lo usó para su provecho. Los titulares
invadieron con el apelativo que honra a este perro
con su apellido (“giles”), y lo más importante no
fue tomado en cuenta, pasando casi desapercibido.
Obviamente que con ello tuvo un
poco más de letra un Larrañaga que agregó a su corta
verborragia, la palabra “giles”, que repetida una
infinidad de veces, alargó sus discursos un poco más
de lo acostumbrado. Es que el Guapo, repite cada
oración como si tuviera un problema de dilate o
retardo de trasmisión. En forma sistemática sus
discursos se llenan de frases con replay, apelando
–en una vieja y perimida forma de oratoria- al
aplauso fácil. Una peculiar forma de sustituir al
cartel de “Aplausos” que levantan los asistentes en
los programas de televisión frente al público sin
que las cámaras lo tomen. Cada oración que repite
encubre el mensaje: “Apláudanme”, que emite un Guapo
discursero- redundante.
Pero volviendo al punto
principal, elegir gobierno no es elegir solo un
Presidente para que tome el timón del país por los
próximos cinco años, es elegir junto con él, el
curso a transitar. De eso se trata, de marcar el
rumbo juntos y no trasladar ese objetivo para
retornar luego cada quien a su individualismo. Un
gobierno que supo tener una oreja grande, para
escuchar a su gente; que puso la marcha atrás cuando
entendió que debía hacerlo –aunque a veces se le
trancó como en el caso del veto a los artículos de
la Ley de Salud Sexual y Reproductiva que
despenalizaba el aborto-; que entendió que había que
levantar la mira y proyectar un país para dentro de
15 o 20 años e invirtió en quienes no lo votarán
durante los próximos dos o tres períodos de
gobierno; que promovió inversiones que van más allá
de su período, a sabiendas que con ello viene
progreso y trabajo para los uruguayos; un gobierno
serio y honrado, que no vaciló en denunciar los
casos de desviación que hubieron, sin esperar a
administraciones posteriores para hacerlo.
Un gobierno que reformó la
tributación para equilibrar las reglas de juego y
quien más tenga más pague; un gobierno que no
preguntó a quien votaba para devolver la vista a más
de 10.000 uruguayos que eran rehenes de quienes
lucraban con la ceguera de los más pobres; un
gobierno que obtuvo el reconocimiento mundial de su
accionar, mal que pesen hoy esos laureles a quienes
esperaban el fracaso del mismo. En suma un gobierno
que hizo lo que debía hacer, pensando en su gente,
esa misma gente a la que acostumbró –herencia que no
podrán obviar de aquí en más los gobiernos de turno-
a rendir cuentas de su accionar en forma abierta,
pública, transparente y periódica, con los Consejos
de Ministros a lo largo y ancho de la República.
Esto es central, pues durante
los próximos cinco años tendremos: la continuidad
del camino iniciado y una forma de distribución de
la riqueza que ha empezado a ser más equitativa; o
el retorno a una forma de administrar el país donde
las brechas entre la población se harán nuevamente
visibles. Pura cuestión de reparto, tal como lo
vaticinó Pepe.
Uruguay debe seguir creciendo
pero no para que acumulen riqueza las familias
poderosas, que durante años se sintieron dueñas de
la torta sin atisbo de reparto alguno, sino para que
el país sea realmente de los uruguayos. ¿A quien
sirve que aumenten las distancias económicas entre
los uruguayos? A la inmensa mayoría no. A nadie
sirve que los niveles de pobreza aumenten, que el
obrero retorne a sufrir las consecuencias de
políticas económicas que tanto mal nos hicieron. Una
clase obrera que es uno de las responsables
principales de haber sorteado con total éxito la
crisis internacional que tanto promocionaron y hoy
está en claro retroceso sin consecuencias visibles
para el país. Merced a una política económica que
se basó en repartir mejor y apostar con ello al
obrero –dinamizador por excelencia del mercado
interno- hoy la crisis es una anécdota de lo que
pudiendo haber sido, no fue, a pesar de quienes
deseaban ansiosamente que fuera.
Tampoco es cuestión de hablar
de sentido común al santo cuete, como hace un
devenido actor de reparto que sale en spots
televisivos apelando al mismo con artera y desviada
intencionalidad política. El verdadero sentido común
no se equivoca, de eso estamos seguros y el estilo
empleado en ese y otros mensajes de publicidad
negativa, terminan siendo un aventón para impulsar
nuevamente la rebeldía frenteamplista que está
tiñendo de rojo, azul y blanco al país entero.
En definitiva, elegir un
gobierno es decidir la forma de repartir, de hacerlo
para todos y no solo para algunos. Solo así
saldremos adelante, con generosidad, siendo
solidarios con nuestro hermano, ese que nació
oriental y al que precisamos para forjar juntos el
país soñado.
el perro le ladraba al hombre
reclamando un hueso más grande
LA
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