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2º Parte
Los suicidios en el mundo:
las previsiones de la OMS
por José
Carlos García Fajardo
1º Parte
Un millón de personas se
quitan la vida cada año
La
depresión es la cuarta enfermedad incapacitadora del
mundo, pero el desconocimiento y el silencio de
muchos medios impiden su tratamiento y prevención,
cruciales para evitar casos de suicidio.
No se trata de una plaga ni es
irremediable. Es posible controlarla mediante la
educación y la atención médica. El suicidio y la
depresión tienen que dejar de ser tabúes, como lo
han sido enfermedades venéreas, homosexualidad,
preservativos, masturbación, parejas de hecho,
relaciones prematrimoniales, nuevos tipos de
familia, derecho a una muerte digna e interrupción
de un embarazo no deseado o peligroso. La OMS
recomienda “fomentar un tratamiento responsable del
tema en los medios de comunicación y formar a los
profesionales de la atención primaria”.
Todavía algunos sostienen que
escribir sobre el tema puede inducir a imitarlo.
Pues que no escriban sobre muertes en carretera,
alcoholismo, asesinatos, violaciones, maltrato,
prostitución y que supriman de la TV las películas y
relatos violentos.
La OMS estudia la prevención
del suicidio en culturas diferentes, ya que
los factores culturales, religiosos, históricos,
filosóficos y tradicionales influyen en la decisión.
Sólo un escaso número de suicidios se producen sin
aviso, por lo que deben tomarse en serio las
amenazas de autolesión.
Más que la muerte, la mayoría
de quienes intentan suicidarse buscan llamar la
atención en un grito desesperado.
Como signos, la OMS apunta:
quiebras afectivas y/o económicos, incomunicación o
indiferencia familiar; adicciones al juego
compulsivo de apuestas, al alcohol, a las drogas;
marginación social y aislamiento elegido o forzado;
enfermedades terminales y amenazas masivas a la
dignidad personal: abuso sexual, maltrato físico,
verbal o psicológico, privación de la libertad.
Imposibilidad de reponer el objeto perdido: muerte
de un familiar, jubilación, desastre económico.
Percepción de la declinación general del organismo,
rechazo a la vejez.
El acto suicida tiene ‘lógica’
para el individuo y se convierte en la ‘única
salida’, para dejar de sufrir, en el refugio final.
Cuando la idea de culpa es agobiante, la expiación
necesaria se traduce en suicidio.
¿Tiene nuestra manera de vivir
algo que ver con el aumento de enfermos depresivos?
pregunta el doctor C. Sisto, en su artículo, El
suicidio. ¿O es una enfermedad que ahora se detecta
más que antes? Todo psiquiatra de largos años de
práctica observa que los deprimidos son más que
antes; y es sensato asumir que las condiciones
actuales de la ‘tarea’ de vivir hacen necesarias una
exigencia, competitividad, aceleración de los
tiempos, que antes era desconocida. Nos falta tiempo
para todo: para ganar el sustento, para la relación
con la familia, para el descanso.
El sujeto se adapta pero
algunos lo hacen pagando el lento precio de un
estrés acumulativo, que puede dar lugar a reacciones
de agotamiento, o de protesta interior, o de un
naufragio en la adaptación del yo.
Quizás la más frecuente forma
de ese agotamiento es la depresión, esa sombría
vivencia de la experiencia vital. Como dice Kalina,
“el tiempo en la sociedad actual está contaminado”.
Contaminado de urgencia, de complicaciones, de
fricciones. El vivir, antes tranquilo, es ahora
conflictivo, inseguro; algunos sujetos resisten y
hasta transforman esa circunstancia en fortaleza,
otros claudican. Y entonces, la depresión es la
salida.
Si a este cuadro se agrega la
frecuente exhortación a ‘la voluntad’, a que se
‘debe tener energía y buen ánimo” se agrega un nuevo
conflicto a ese individuo que, justamente, no tiene
fuerza de voluntad.
Hay que romper la creencia de
que la depresión es una mera cuestión de actitud
pues confunde al enfermo que intenta librar una
batalla solo.
Pero, desde los años 50, se ha
contado con un arsenal farmacológico efectivo y
nuevos fármacos señalan nuevos progresos.
Cada vez hay más factores
estresantes y menos atención médica. Eso aumenta los
casos de suicidio “Hace falta educación y romper el
prejuicio contra la psiquiatría”, dice el doctor J.
Molina.
“De haber recibido atención
psiquiátrica a tiempo, quizá muchas de esas vidas se
hubieran salvado y llevarían vidas normales y
tranquilas. Pero no la tuvieron porque ni supieron
que estaban enfermos”. La depresión es una
enfermedad más y tiene tratamiento. El problema es
hallar la ayuda, porque hay muy poca educación al
respecto.
Mucha gente piensa que ir al
siquiatra es para los locos. Además, hay un estigma
para las personas con depresión. No saben que la
depresión es una de las enfermedades más comunes del
mundo. Es la cuarta enfermedad incapacitadora en el
mundo. La depresión afecta a casi todas las
funciones principales del sistema nervioso. Con ella
se va perdiendo la esperanza y eso deja a los
enfermos incapacitados incluso para tratarse.
Arrojar la cara importa que el
espejo no hay porqué. Hablamos de hechos
contrastados y avalados por la OMS, no de meras
opiniones.
*) Profesor Emérito de la
Universidad Complutense de Madrid (UCM).
Director
del CCS
fajardoccs@solidarios.org.es
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