Valorando la eficacia
Serenidad política para
ordenar la sociedad
por el profesor Bernardo Quagliotti De Bellis*

La política es el arte de ordenar una sociedad. La geopolítica le permite obtener una visión ampliada de los diversos escenarios  nacionales, regionales y mundiales. De ello se desprende que tan solo podemos considerar ciudadanos  políticos, a quienes verifican una tarea de influencia  social  con el objetivo de concretar un orden    que haga posible el desenvolvimiento  de los intereses individuales, confundidos éstos en lo colectivo.

 

¿Qué es un orden político? Al igual que un orden en el campo de las relaciones internacionales, el político debe ser siempre un ser insatisfecho del orden existente, de una situación que debe ser mejorada para aproximarse a la deseada meta de la feliz convivencia en paz  de los hombres en sociedad.

 

¿Cómo expresa el político su programa ordenador? Si por deducción lógica y experiencia social aceptamos la necesidad de la función política, es lógico también deducir que  un ser (hombre o mujer) con una determinada vocación, poseedor de ciertas facultades, de buen estilo de expresión; férrea de voluntad, es capaz de un buen  gobernar.

 

 La realidad   nos muestra que la política es una tarea profesional y que la calidad de quienes la practican está, generalmente, en proporción con la intensidad de la entrega a su profesionalismo.

 

Mi experiencia acumulada en 20 años como funcionario de  la OEA   en Chile, más tarde en  el Poder Legislativo en Uruguay; el   haber actuado en negociaciones diplomáticas; el poder asistir  a   serios y respetuosos debates parlamentarios de otrora; me permite  considerar a la política como una profesión no apta para improvisados, dado que ella se sustenta en dos pilares fundamentales:  una  vocación natural que imprime carácter; y otro que exige conocimientos y saberes, es decir: formación y preparación.

 

La vocación política es tan cierta como poco frecuente

Escribió Robert Michels -sociólogo alemán, discípulo de Max Weber, especializado en el comportamiento político de las elites intelectuales, (1876-1936)-  “En las organizaciones democráticas la actividad del líder profesional es agobiadora, y generalmente, sumamente compleja”• Y remata su pensamiento: “Sólo los vanidosos, los oportunistas o los inmorales, aceptan las siempre arriesgadas y problemáticas responsabilidades políticas sin un sentido profesional”. Agrego: el político debe ser independiente, pero no de la propia política, sino de las fuerzas económicas extrapolíticas.  

 

Encuentro con el líder

Sabemos cuál es el timbre de su voz, cuáles son sus frases favoritas; generalmente es suave, cortés, un lenguaje sin chabacanerías. El líder nos enseña a hablar con propiedad, a no confundirnos, por eso repite incansablemente fórmulas y normas.  Para el filólogo húngaro Stephen Ullmann (1914-1976) , “La política no es otra cosa que un uso del lenguaje” (en “Lenguaje y Ética)”, en tanto,  para el Premio Nobel 1919 , Thomas Mann    dice en su  libro  “La Montaña Mágica”; “la política había nacido de la conjunción entre la literatura y la humanidad”, de lo que se puede deducir que hacer política no es otra cosa que hacer literatura de la vida, buscar palabras que la expliquen. En tanto el filólogo  alemán Kart Buehler (1879-1963) definió a la palabra como un signo cuya función esencial es la de revelar lo que está oculto.

 

En la presente campaña electoral en Uruguay  se presentan  signos y expresiones  -graficadas  y más orales-  que merecen al que fue un pueblo políticamente  culto  voluntad de vergüenza.

 

El “deber ser” debe estar edificado sobre una estricta consideración del “ser” de la comunidad.  Lamentablemente, hoy  hay postulantes a cargos políticos que se están  equivocando de método,  que ignoran la ruta ética;  que se olvidan que toda acción política debe perfeccionar a la comunidad, de tal forma que aun siendo sucedida por una situación política menos eficaz, la realidad social y cultural no aparezca desmejorada.

 

El predominio de lo racional o de lo pasional  de algunos discursos o intervenciones políticas, define además del carácter individual  de quien expone, el talante de un modo de realización política nada aconsejable. El político debe tener capacidad por llegar a ser rigurosamente superior al hombre medio, dado que su responsabilidad en el ejercicio de líder es mucho más amplia. Volviendo a hojear mis apuntes leo al inevitable Nicolás Maquiavelo cuando aconsejaba a El Príncipe; ”Creo que puede ser dichoso el príncipe cuyo modo de proceder se halla conforme con la condición de los tiempos y, desgraciado aquel cuya conducta no se ajusta a la época”.

 

Política y cultura

El mundo vive un difícil momento de transición. Los cambios   se suceden vertiginosamente, ¿Serán beneficiosos? ¿Los valores del pasado, -ya en vías de extinción- quedarán algunos  vigentes y fortalecidos?. Vivimos la cuarta ola o quinta  de Toffler; la escala de Kondratieff – la de los cambios profundos, radicales. Cualquier   momento histórico propicio al recuento, a la formulación de un nuevo o renovado  proyecto,  sitúa al hombre político entre la tradición y el futuro de un pueblo. Es importante tener en cuenta que entre la tradición y el futuro hay un punto preciso de reflexión política: el punto de la exactitud y el realismo.

 

La actividad política -tanto nacional como internacional-  es un permanente enfrentamiento con el futuro que debe contar con un ánimo de previsión y dominio que exige dos condicionantes: sentido común y posibilidad social,  además de seguridad en sí mismo y de  poder. De ahí que el aporte de la geopolítica  sea muy destacado,  pues ésta permite sostener un equilibrio entre la realidad y el concepto, es decir  entre lo conveniente  y lo proyectivo.

 

Al  referirme a política y cultura, enlazo los alcance de  Universidad y Política, considerando preeditadamente que se trata de un peligroso experimento para ambas partes. La Universidad si se politiza  corre el peligro de traicionarse al descuidar o, quizá, desvirtuar su fin esencial, su servicio a la verdad absoluta y científica.  Intelectualizar extremadamente la política y convertirla en un conocimiento alcanzable exclusivamente por los caminos del esfuerzo teórico, es un mito  que atenta contra su eficacia.

 

En realidad  ni la Universidad debe cumplir específicamente un fin político, ni la política pueda convertirse exactamente en una ciencia más en el abanico del saber  universitario. El tema radica que  la Universidad, como institución, está encajada irremediablemente en el destino histórico de una nación, y la política tiene, junto a sus aspectos pragmáticos, profundos basamentos culturales y muchos sectores aptos y necesitados de un  amplio desarrollo científico.

 

En el  éxito de tal conjunción  reside el amplio  y continuo  progreso  de una sociedad que se fija como meta la permanente y justa  renovación,  con el  fin de no quedar marginada o aletargada en estos tiempos tan  confusos.

   

*)Secretario General Asociación Sudamericana de Geopolítica

   Presidente de la Academia Uruguaya de Geopolítica y Estrategia

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