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Etica y política en
tiempos electorales:
una compleja convergencia
por
Fernando Lema*
En
la campaña electoral, más allá de los debates,
propuestas y programas, hay un tema de fondo que
atraviesa con fuerza estas actividades y que merece
ubicarse en el primer plano del análisis, la
confluencia entre la ética y la política en tiempos
electorales.
Desde hace varios siglos las
sociedades se interrogan si la política debe
someterse a patrones éticos de relacionamiento entre
las personas o si la moral es aplicable a estas
actividades. Maquiavelo argumenta que la política es
una actividad ajena a la moral adonde el interés es
alcanzar los objetivos propuestos. Sus textos
explican que el objeto de la política es el poder y
que son lícitas todas las vías de acceso. En esos
tiempos las sociedades evolucionan en una base moral
definida por las normas y el poder creciente de la
iglesia que condicionan la política a los valores
clásicos, lo que genera una estructura de contención
pero a su vez de opresión para la expresión
política. Maquiavelo, reacciona frente al poder
moral omnipresente en las sociedades clásicas y su
pensamiento puede ser considerado liberador de la
expresión política de su tiempo.
Las sociedades contemporáneas
reciben el inmenso impacto del conocimiento
científico, transformador de la cultura y de las
normas que rigen el comportamiento social. La
lectura de los procesos naturales y sociales
incorpora métodos y niveles de objetividad que
amplían los conocimientos pero también acotan el
campo interpretativo de la realidad. Sin embargo las
normas morales y los principios éticos no acompañan
la dinámica producida por el conocimiento científico
y los productos de la técnica. Las sociedades
diluyen la aplicación de los valores de la cultura
precedente y se vuelven consumidoras de productos de
toda índole, sin reflexión crítica frente a sus
consecuencias o el interés de aplicarlos.
La ideología dominante, basada
en la capacidad de la ciencia para explicar todos
los fenómenos naturales y sociales, sumada a una
racionalidad antropocéntrica que devalúa la
subjetividad, contribuye a profundizar esa lectura
social durante varios siglos. Sin embargo, a fines
del siglo XX, a través de las fisuras producidas por
las graves disfunciones medioambientales y sociales
generadas por la actividad humana, emerge
progresivamente la necesidad de valorar de manera
objetiva y consensuada los datos de la realidad, las
dimensiones de la subjetividad y los valores éticos
que facilitan la convivencia social. De las lógicas
lineales de la ideología de infinitos recursos
materiales se transita hacia la lectura de la
complejidad de los procesos y al reconocimiento de
las redes sociales, integradoras del pensamiento
diverso y de los factores medioambientales, como
base de la existencia humana. Entonces la política
comienza a perder vigencia como representación de
las pasiones, intereses sociales, o valores
ideológicos para transformarse cada vez mas en una
actividad consensuada de interés público.
Los acotados e infinitos
caminos que abre el conocimiento, remplazan a los
intereses reivindicativos del pasado por la
confianza en un futuro organizado por ciudadanos
responsables. Porque ese camino es el que permite
restablecer la confianza en el futuro, el que
disminuye las tensiones sociales, el que permite
transitar caminos de equidad, de justicia social y
el que necesita de la memoria histórica para
proyectarse al futuro sin aferrarse al pasado.
Sin embargo las lógicas de
corto plazo, de lucha por el poder, en donde se
confunde el adversario con el enemigo y adonde todo
vale, parecen estar muy presentes en la campaña
electoral. Una vez más se apela a la pasión, al
discurso agresivo, en lugar de orientarse sobre la
verdadera senda de la construcción democrática, la
del análisis, de la razón crítica, la de la
información verificable, para proponer el futuro que
mejor representa los intereses sociales.
La lógica de Maquiavelo
aplicada en las sociedades que aún sufren las
consecuencias de las políticas neoliberales, resulta
extremadamente riesgosa para la democracia y para
los ciudadanos. Pero además incentiva
irresponsablemente las pasiones en una sociedad
adonde el 20% de la población aún vive en
condiciones de pobreza y se encuentra sometida a la
desigualdad de oportunidades, a la secuela de
violencias que generan inestabilidad, desconfianza,
sentimientos encontrados y una gran incertidumbre
para percibir elfuturo. Por tal razón el
maquiavelismo utilizado por algunos políticos
durante la campaña electoral, además de estar fuera
de contexto, está reñido con la ética y empaña esta
etapa ejemplar de la democracia representativa.
Porque el fin de la política no es la conquista del
poder sino la búsqueda del bien común. El poder no
representa más que un medio que debe estar regulado
por el derecho y el respeto a la dignidad humana.
Por eso la ética debe estar en
el centro de la vida política. Para permitir el
restablecimiento de la confianza en la sociedad, con
la política y disminuir la violencia incentivada por
el secuestro de las esperanzas de los mas
vulnerables, facilitando el análisis que permite
comprender y transformar la realidad. Pero también
como una forma de respeto y de reconocimiento a la
existencia del otro aportándole datos certeros,
generando un sistema honesto de representación de
los intereses ciudadanos. Porque quizás hacer
política sea poder explicar lo posible desde un
análisis metódico de la realidad y realizar lo
prometido para que cada ciudadano pueda vivir su
vida con continuidad, sin sobresaltos, para
satisfacer la expresión de sus deseos, sueños y
esperanzas.
*iplema@yahoo.com
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