Julio César antes de cruzar el río Rubicón,
12 de enero del Año 49 a.C

Alea iacta est
“la suerte
está echada”
por El Perro

La suerte está echada, pero elegir un gobierno, ¿es una cuestión de suerte? ¿Acaso no es una decisión de un compromiso tal como para dejarla librada a pura cuestión de azar? En esa toma de decisión se juegan cuatro años de nuestras vidas, y no es menor el tema.

 

Al igual que el César en aquella oportunidad, ya todo está dicho y esa suerte invocada está más que echada al tiempo de escribir esta nota (y más aún cuando usted la lea). Ya todo estará dicho, ya todo estará hecho; cada quien sabrá íntimamente cuánto vale la decisión que tome. Pero a diferencia de otras elecciones, los uruguayos podemos, en ésta, cotejar gestiones y esa diferencia es sustancial en esta toma de decisión a la que nos disponemos el próximo domingo. Ya no se trata de votar una intención, una promesa como siempre ocurre en estos tiempos. Ahora votamos entre las mismas promesas defraudadas  de siempre –que increíblemente resurgen como el ave Fénix- y promesas cumplidas con resultados palpables, tangibles y disfrutados por quienes tienen hoy en sus manos la toma de decisión soberana. Es el calibre que mide cuánto de verdad tienen los hechos y dichos de quien gobernó y cuánto de creíble puede resultar quien desde la oposición intenta llegar a ser gobierno.

 

Pero en esta oportunidad ese elector cuenta con un plus sustancial – avalado por el alto índice de aprobación de la gestión del Presidente Vázquez, superando ampliamente el 60%- lo que permite concluir que este fue sin dudas el mejor gobierno desde el retorno a la democracia. Duplicando la aprobación de quienes le precedieron y que hoy compiten por volver al ruedo. Entonces, ¿cómo es posible que aún existan dudas sobre el resultado del próximo domingo? ¿No será que hay algo que no leen las encuestas, o que si leen, no lo dicen? Este pueblo se merecía un gobierno honrado y lo tuvo. No vengan ahora con los casos de corrupción que tuvo pues no necesitó que viniera otra administración para denunciarlos, como se jacta increíblemente Lacalle cada vez que le tocan el tema de lo ocurrido durante su administración.

 

Durante la gestión frenteamplista –sin el control de la oposición, que se negó a ocupar cargos oportunamente- los casos que se detectaron fueron denunciados por propios y no por extraños. Aquello de “meteremos la pata pero no la mano en la lata” se cumplió ampliamente, y es la Justicia la que dirime sin aspavientos políticos que solo son pirotecnia pero que nunca terminan resolviendo el tema. Acá se detectó durante la propia gestión porque ésta no permitió el comercio de la joda y aquello de querer ser un país serio y en serio, era un objetivo cierto y no un mero gancho electoral.

 

Ejemplos hay varios. Como nunca Uruguay incautó droga que antes contaminaba a los gurises. Pero a pesar de las inmensas cantidades incautadas, lo que no se logra desbaratar invade y contamina al punto de ser una de las principales causas del alto índice de delincuencia actual. Pero claro, nada se dice de lo que sería el país hoy si no hubiera operado aquella acción de defensa.

 

El poder adquisitivo de la clase trabajadora recuperó lo perdido durante la crisis y gestión del último gobierno colorado,  pero va por más en un segundo período. Eso lo saben muy bien los trabajadores, pero...¿y los empresarios? ¿Acaso no entienden aún que un obrero con ingreso digno rinde mucho más; trabaja mejor; produce más; dinamiza el mercado interno y se minimizan las pérdidas? Debieran aprender algo de lo actuado durante esta administración, donde la crisis no fue lo que muchos agoreros oportunistas presagiaron. Aspirantes ansiosos de revivir pobreza y descontrol con tal de volver al poder a cualquier precio. Precio que por supuesto pagaría el pueblo como siempre acostumbraron a resolver. Pero no fue por suerte sino por aquella soberana decisión tomada en el año 2004, que el pueblo no pagó el precio de crisis alguna sino todo lo contrario. Fue aquella decisión suprema de cambiar de gestión y de responsables al frente de la misma, la que propició este tiempo nuevo que los uruguayos nos merecemos renovar y profundizar.

 

En definitiva, este domingo elegimos mucho más que un Presidente, elegimos seguir el camino iniciado en marzo de 2005, o volver a modelos egoístas donde prima el “hacé la tuya” antes que el “hagamos entre todos”. Un país donde el reparto sea más generoso y distributivo, donde la confianza y el bienestar sean para todos y no solo para unos pocos.

 

Este domingo votá bien.

 

Votá por devolverle la dignidad al sistema jurídico y anulá la ley de impunidad.

 

Votá por incluir a todos los uruguayos estén donde estén, pues nos precisamos todos.

 

Votá por continuar y profundizar los cambios.

 

Votá por Uruguay!!

 

 

el hombre desempolvaba la balota,

el perro, hacía rato que lo estaba esperando

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