Brasil dialoga en el G-20
En busca de un
nuevo orden mundial
por profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

En Pittsburg -“la  ciudad del  acero”, bautizada así por su historia industrial- se realizó recientemente una nueva Cumbre del G-20 donde se volvieron a reunir las principales potencias del mundo con el propósito de debatir  -en esta oportunidad-  tres temas centrales: la recuperación económica, la regulación bancaria y los bonos multimillonarios. A partir de esta reunión, el G-20  se ha convertido en el foro para debatir respecto a la gestión económica mundial otorgando una notoria incidencia a las decisiones que plantean potencias emergentes como el caso de China, Indica, Brasil, entre otras.

 

El  Grupo G-20 estuvo integrado  por los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales  de los países que integran el G-8 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia) ;  un variado conjunto de  11 países denominados “emergentes” (Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía) ,  además de la Unión Europea.

 

Todo comenzó en L´Aquila

A principios del corriente año, cinco países emergentes  conformaron el G-5, con el fin de  conformar una posición   colectiva-  para presentar ante   las potencias integrantes del G-8.  Con tal fin, en julio pasado, Brasil, China, India, México y Sudáfrica,  y los países poderosos  se reunieron en  la  localidad italiana de L´Aquila (capital de Abruzos) , procurando  diseñar una estrategia de salida de las políticas monetarias y fiscales expansivas, controlando los excesos financieros como los que  condujeron a la gran crisis de crédito más reciente.

 

A comienzos del pasado mes de setiembre en Londres, las naciones del Grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China)  mantuvieron una reunión con los ministros de finanzas de los países superpotencias  reclamando una mayor representación en el Fondo Monetario Internacional.  Impulsado por la grave crisis económica-financiera,   el G-20 dio un importante paso adelante, señalado por los planteos renovadores, particularmente de Brasil e India.

 

Había comenzado   el ocaso del G-8, Al respecto, muy clara fue  el juicio de John Samuel (Director Internacional de ActionAid y Consejero de la ONU para la campaña de Objetivos de Desarrollo del Milenio), al  decir: “El G-8 enfrentó una crisis de credibilidad. Produjo un récord de frases hechas y promesas incumplidas. Enfrentado  al colapsado nuevo mercado liberal se ha quedado  sin trabajo y ahora tiene una función decorativa”. Actualmente los países del G-20 concentran un 90 % de la producción económica mundial y dos tercios de la población mundial.

 

Los puntos expuestos  en Pittsburg

En las últimas Cumbre de  G-8 y luego del G-20   -Pittsburg no podía ser excepción-  aunque en forma tardía, los mandatarios han reconocido  que las fuerzas desestabilizadores de sus respectivas economías fueron promovidas por el excesivo crecimiento del crédito bancario  y las “burbujas” especulativas en algunos mercados de activos.

 

Aun en nuestro tiempo, la reforma de la regulación financiera internacional dista mucho de haberse alcanzado.  Existe consenso en cuanto a considerar que aun es muy pronto como para  dar cerrada la crisis bancaria en muchos países, tanto del cualquiera de los mundos que suelen dividir los economistas.

  

En esta oportunidad,  los países emergentes concurrieron a la Cumbre de Pittsburg  procurando acelerar un proceso de reformas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Así lo expresó el canciller brasileño Celso Amorin: “Lo que más nos interesa es la consolidación de las reformas del FMI y del BM que son los instrumentos de control del sistema financiero global”.  Para su homólogo mexicano la prioridad radica en“. ampliar la participación y la voz de los países en desarrollo en los procesos de toma de decisiones y en el establecimiento de normas internacionales: con el objetivo de promover el fortalecimiento de las participación de las economías emergentes en las instituciones financieras internacionales como el FMI y el BM”. El ministro argentino Amado Boudou puso énfasis en la necesidad de mayor control de los “paraísos fiscales”.

 

En conjunto,  el Grupo BRIC  hizo fuerte hincapié en la necesidad   que los dos organismos multilaterales citados, concreten una  beneficiosa democratización antes del 2013, concretamente-expusieron-  al 2011.

 

En la Cumbre de Pittsburg   -a juicio del Instituto El Cano de Madrid-  esta reunión presenta un fuerte contrate en relación a la celebrada a mitad del corriente año en Londres,  que se caracterizó por   un ambiente de pánico  ante la expansión de la crisis financiera unida la debilidad de la banca internacional, la contracción del comercio mundial, conjuntamente con graves crisis surgidas en muchos países emergentes.

 

Si la prioridad de la Cumbre de Londres fue asegurar un compromiso de los gobiernos en cuanto a tomar medidas que detuviesen el deterioro de la economía mundial; en Pittsburg se procuró sentar las bases para alcanzar  una normal normalización y corregir y evitar los errores anteriormente cometidos.

 

Renovadas esperanzas

El G-20, en esta oportunidad ampliado, culminó su Tercera Cumbre e Jefes de Estado y de Gobierno con la esperanza puesta en que las reformas planteadas y aceptadas, permitan poner las bases para un crecimiento vigoroso sostenido y equilibrado para nuestros tiempos,    consolidándose a futuro.

 

Vale tener en cuenta,  en actitud  de previsión, lo expuesto en la declaración final de la Cumbre: “Pese a que se ha iniciado una recuperación, no hay que caer en la complacencia, sino que hay que avanzar en las reformas necesarias para lograr un crecimiento sostenido y equilibrado. Queremos crecimiento sin ciclos extremos y mercados que fomenten la responsabilidad, no la temeridad”.

 

Los mandatarios se comprometieron a la vez a terminar con los excesos en el sector bancario, reconociendo que su anterior temeridad, acompañada por la ausencia de responsabilidad, fueron los  principales factores que condujeron a la crisis vivida. Ante ello, los objetivos deben ser fijados a largo plazo, evitando a su vez, la retirada prematura de los planes de estímulo dirigidos a incentivar la reactivación económica y, luchando contra el proteccionismo comercial.

 

Es indudable  -como dijéremos en artículo anterior-  parafraseando a Lula da Silva-  desde la reunión de Brettons Woods  -hace 65 años, el mundo yo no puede ser manejado por los mismos códigos, normas y valores. La globalización provocó un giro radical.

 

Barack Obama expresó al finalizar la Cumbre: “Hemos convenido en tener un sistema de cooperación global. No podemos enfrentar problemas del siglo XXI con enfoques el siglo XX”. En su resumen de Pittsburg   señaló como uno de los avance fundamentales del Grupo de los 20, “. . . .que las economías emergentes tengan mayor voz en el Fondo Monetario Internacional y contribuir así a que las economías emergetes y las más vulnerabes salgan de la pobreza”. En Julio de 2010, en Canadá se hará una revisión de las pautas fijadas en Pittsburg ,   a la que seguirá otra al año siguiente en Corea del Sur.

 

Un nuevo escenario económico mundial

En términos políticos, la situación en el escenario mundial ha cambiado y por lo tanto ocurren lógicas  repercusiones en el campo económico. Sin lugar a duda que el final es aun incierto. Pro también es real que se   han  integrado al debate internacional,  además del G-5, el BRIC, la ASEAN+3, la Organización de Cooperación de Shanghai, el G-12 en el seno de Naciones Unidas y el G-8+G5+Egipto. La gobernabilidad del mundo en pocas décadas evolucionará más aún  y para encontrar soluciones a los problemas que se irán planteando  -además de  los que ya se presentan-  es preciso estar  en la mesa del gran  debate.    Brasil lo está haciendo.  

 

¿Qué esperan los gobiernos sudamericanos?  ¿Continuar viviendo  en el “lejano Occidente”?

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