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El FMI inicia un tímido
proceso de reforma
por el
Dr. Durval de Noroña Goyos
El
fin de semana del 3 de octubre de 2009 se realizó,
en Estambul, Turquía, la reunión anual del FMI
(Fondo Monetario Internacional) con sus 186
miembros. En el orden del día, estaba la muy
necesaria reforma del organismo internacional,
reclamada por la opinión pública mundial desde hace
mucho tiempo, pero que recién ahora cobró impulso
con los efectos del shock de la crisis financiera
mundial.
De hecho, la
ilegitimidad de la gobernabilidad, la corrupción del
mandato y el anacronismo de la gestión del FMI, se
tornaron alarmantes al causar la falla en la
previsión de la crisis mundial, la omisión en
acciones de combate a sus efectos y la inercia en la
propuesta de acciones correctivas necesarias para la
estabilización de las finanzas, así como la economía
mundial hacia el futuro.
Vale recordar que el
FMI es uno de esos organismos multilaterales creados
en la post-guerra para, en realidad y en conjunto,
promover la prosperidad selectiva de unos pocos
países hegemónicos en detrimento de los demás.
Aplicó las recetas macroeconómicas en el sentido de
asegurar el libre flujo de recursos de los países en
desarrollo hacia los países desarrollados, como
parte del formateo de la explotación sistémica
post-colonial.
Como parte de la
estructura necesaria para viabilizar sus reales
propósitos, el FMI abriga una estructura ilegítima
en la representatividad de sus miembros, en la que
algunos, los ricos, tienen mayores poderes que los
otros, los emergentes. Así, las cuotas que
determinan el poder de voto en la institución están
en manos de los países hegemónicos. Los llamados
países BRICs (Brasil, Rusia, India y China), hoy los
propulsores de la economía mundial, tienen en
conjunto menos del 10 por ciento del poder de voto
en el FMI, menos de un tercio que el que detentan
los países de la UE (Unión Europea).
En el FMI, como en el
resto de todos los principales organismos
multilaterales, los EE.UU. (Estados Unidos de
América), el principal agente de la teoría de la
prosperidad selectiva de las naciones (la propia),
tienen el poder de veto. Como parte de la división
espuria del poder mundial, la UE siempre ha
designado al presidente del FMI, mientras que los
EE.UU. aconsejan al del Banco Mundial.
Así, de la misma
forma que en las situaciones de derecho doméstico,
las fallas en la representatividad comprometen al
régimen político, que deja de ser democrático para
convertirse en dictatorial. Las consecuencias de
dicha situación son muchas, ya que el organismo pasa
a atender a intereses oligárquicos y presentar
fallas o vicios operativos que van desde la
constitución de la dirección no representativa, a la
contratación desproporcionada de funcionarios
clientes de la nacionalidad del núcleo central, a la
imposición de un ethos etnocéntrico y, finalmente de
la representación no del interés colectivo, sino del
particular.
La tradicional
imposición de doctrinas espurias para la
facilitación de la mejor y más eficiente expoliación
de los países en desarrollo, como aquel conjunto de
medidas denominado “Consenso de Washington”, es el
resultado de la corrupción y desvío de los
propósitos de un organismo internacional.
Pues bien, el
mencionado conjunto de vicios derivó, durante la
crisis económica, en la falta de todo tipo de
diagnóstico o alerta, por parte del FMI, respecto de
su inminencia. Es más, los países hegemónicos
reconocieron expresamente el carácter clientelista y
subalterno del organismo al adoptar medidas de
combate a la crisis fuera de su ámbito.
Cuando, después de
adoptar medidas unilaterales en el intento de salvar
sus economías arruinadas por su propia y desmedida
codicia, los países ricos fueron a buscar apoyo
internacional, el foro elegido fue el conglomerado
internacional denominado G-20, donde se alinearon
los esfuerzos de cooperación.
A pesar de todos sus
vicios sistémicos y de su historia de inmoral
instrumento de expoliación económica, existe un
papel en el ámbito de las relaciones internacionales
para el FMI, debidamente reformado para atender los
legítimos intereses de los pueblos. Para que pueda
cumplir bien dicha función, se requiere de una
amplia y profunda reforma del organismo.
Es cierto que dicha
reforma pasa por la corrección de los vicios de
representatividad en el voto, en la dirección, en el
cuerpo funcional, en el ethos, en la doctrina y en
las acciones del organismo. En resumen, se mantiene
el organismo formal, pero se altera la sustancia
material.
Esta cooperación
internacional es hoy urgente para la superación de
los problemas económicos mundiales, como la
sustitución del dólar americano como moneda de
reserva mundial. Solamente con una reforma radical,
el FMI podrá cumplir el papel de, con exención y
eficiencia, prever nuevas crisis internacionales y
proponer medidas eficaces para prevenirlas y
combatirlas.
Infelizmente, las
tímidas propuestas de la reunión de Estambul,
básicamente de corrección parcial del vicio de
representatividad, están lejos de lo que se requiere
para alcanzar dicho propósito.
Traducido para LA
ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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