Un país en campaña electoral
siempre al margen de la historia
por Pedro Hernández
phr1938@gmail.com

Aquellos que no recuerdan el

pasado están condenados a revivirlo.

                                                                                                                   Santayana

 

Real de Azúa decía que el batllismo había creado el Estado moderno uruguayo, generando "un habilidoso arbitraje entre partido y Estado que hacía a nuestra sociedad desdeñosa de todo cambio de estructura y de todo impulso radical y valeroso, ya que todo reclamo tiene, aparentemente, el destino de ser oído y atendido".

 

Algunos mitos fomentados desde el discurso  del partido del 3 y 2 (1) han ocultado la visión del país real.

 

El Partido del 3 y 2  inicio sus actividades en el año 1931 con el “Pacto del Chinchulín”(1), institucionalizado en la reforma constitucional de 1951. Una uruguayez sin émulo: legalizamos el reparto del poder del Estado y hablamos de democracia… No asumir la verdadera magnitud de ese manejo, no nos permitirá explicar nuestra cultura política ni la conducta cívica de los ciudadanos. Los mitos, “Uruguay país agropecuario” y “La Suiza de América” son dos relevantes engaños.

 

Sólo a un país sin memoria los dirigentes de una fuerza política que manejó el país como un feudo desde 1931 al 2004 le pueden decir lo que le están diciendo, sin asumir nada. La decadencia del discurso político tiene directa relación con la historia que ignoramos y con la desinformación. El Partido del 3 y 2 practicó el clientelismo más desembozado de la historia uruguaya utilizando el estado.

 

Veamos los datos:

Material extraído del Semanario “Búsqueda”, publicado el 25 de octubre de 1997.

 

 

Total Cargos

 

Año

Empresas Públicas

Sector Público

Población

1924

7.100

42.700

1.508.400

1938

7.500

57.500

1.902.400

1955

49.700

166.400

2.37.2052

1961

55.700

193.700

2.570.219

1969

64.164

213.001

2.792.140

1978

56.095

230.142

2.879.282

1979

55932

229502

2896415

1980

54.954

229.531

2.913.658

1981

56.123

234.859

2.932.332

1982

54.700

234.132

2.951.129

1983

56.000

234.700

2.970.050

1984

56.200

245.800

2.989.097

1985

55.973

261.919

3.008.269

1986

58.195

265.038

3.025.264

1987

60.039

272.707

3.042.356

1988

59.186

271.169

3.059.545

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FUENTES: GARCÍA DA ROSA, José. "La Administración Pública: Una descripción cuantitativa de la evolución del empleo público". Mimeo CERES.

Cifras de ocupación total: SAPELLI, Claudio. "La evolución del salario real en la década de los años 70". CERES, julio de 1989.

DGEC, Anuarios estadísticos 1988 y 1989.

 

Del cuadro surge entre otras cosas que entre 1938 y 1988 la población creció un 60% y lo funcionarios públicos se multiplicaron por 470%.

 

En un país con economía estancada desde 1930, se agrandó el estado  ocultando la desocupación. Se sobornó al país con sus recursos. De este país sobornado surge el país embretado que la fuerza política en el gobierno, recibe el 1º de marzo del 2005: con más de un millón de pobres, del orden de 300.000 indigentes, una desocupación del orden del 14%, y una deuda que superaba el 100%  del producto

 

Muchos proponen a Nueva Zelandia un ejemplo a imitar, sin embargo en ésta no existió nunca el “club político”.

 

Para comprender el manejo partidario del país  veamos lo escrito por Germán W. Rama en su libro “El Club Político” del año 1971.

 

Página 10 a 13:

“La burguesía nacional utilizó las condiciones fa­vorables del proteccionismo pero no tuvo un proyec­to nacional de desarrollo que implicara la elimina­ción de los grupos de su misma clase que impedían el crecimiento autosostenido de la economía”.

 

“No existió tampoco en las burocracias de los partidos tradicionales ni un proyecto ni una imagen de país a construir”.

 

“El poder político fue elevado a la condición de centro de arbitraje en la pugna de los diversos gru­pos por participar en el ingreso nacional”.

 

“Las clases medias, en general, a la vez que condenaban la corrupción del sistema de asignaciones por presiones utilizaban al máximo las relaciones personales con políticos, en su casi totalidad provenientes de esas clases, para obtener la asignación per­sonal de servicios, cargos o recompensas que por su escasez sólo teóricamente estaban a disposición de todos”.

 

“Finalmente, los sectores sociales que no tenían ni poder económico, ni poder sindical, ni relaciones personales de clase o de socialización conjunta con los políticos, sólo disponían de un único elemento con poder de canje a cambio de servicios o de bienes que podía distribuir el estado: el voto y la adhesión política a quien les diera apoyo. El club político se constituyó en la agencia especializada de ese canje”.

 

3. “En la medida en que la capacidad distribu­tiva del sistema político se hacía menor por el re­troceso de la economía posterior a 1955, la crisis tuvo dos etapas, sucesivas. La primera, de incentivación desenfrenada de los mecanismos de presión y la segunda, bajo Pacheco, de destrucción del sistema político.

           

En la primera, que es la que tiene vinculación con el tema, se produce la incentivación sincrónica de los cuatro niveles de acción social que hemos señalado. Las devaluaciones constituyen la expre­sión externa de la mayor presión de los grupos de la clase alta, en especial el poderoso agro-exportador. Las huelgas y paralizaciones, que obtienen adhesio­nes en grupos de clase media que hasta ese momen­to consideraban contrario a su status tal tipo de acción son tan frecuentes que hay una desorgani­zación del funcionamiento social, lo que no impide una pérdida de ingreso de los asalariados y una reducción constante del mercado de empleo.

 

Las decenas de secretarios de los miembros de directo­rios de las organizaciones públicas, de los ministros y dé cuanto funcionario tuviera una cuota de po­der son la manifestación externa del incremento frenético de las gestiones personales que realizaban los miembros de las clases medias y del proletaria­do integrado al sistema clientelístico. Finalmente, en forma paralela, los clubes políticos que anterior­mente existían a razón de uno por fracción impor­tante de partido en cada sección electoral, comien­zan a proliferar a un grado tal que en las elecciones de 1966 se estimó el número de placas a la puerta de sedicentes clubes en una cifra de 8.000 para un cuerpo electoral de 525.000 personas en Montevideo.

 

El aumento de los nombramientos anuales de funcionarios públicos, la creación de los mecanismos de cuotas partidarias en la asignación de jubilacio­nes, cuotas de leche o tarjetas de pobres son algu­nas de las manifestaciones de la presión concertada de relaciones personales de un lado y de los clubes políticos por el otro”.

 

Página 24 a 25

7) “La actividad fundamental del dirigente y de los activistas es la asistencia social a los simpatizan­tes y a sí mismos. La tarea para los dirigentes con­siste en servir al vecindario, a los partidarios, a los

 necesitados o a los más colaboradores entre ellos, o a los amigos.

 

Del análisis de las tareas que los clubes se atri­buyen, de la lectura de algunos archivos destinados a clasificar a los peticionantes (jubilación, "tarjeta de pobre", permisos de construcción, créditos, etc.), surge en forma explícita que el club es una agencia de intermediación en beneficio de personas de nivel sociocultural generalmente bajo, que necesitan asis­tencia, ya sea directa porque necesitan trabajo, o indirecta porque necesitan de quien les haga gestio­nes ante las diversas dependencias públicas en asun­tos que no están en condiciones de solucionar por sí solos, por incapacidad cultural o educativa, o por ignorancia de cuáles son los llamados recursos de la comunidad y fundamentalmente porque la obten­ción de los servicios sociales ya no depende en la sociedad uruguaya del derecho que se tenga a ellos, ni siquiera de la capacidad o el conocimiento para gestionarla, sino fundamentalmente de las relaciones a nivel de los empleados que tramitan los expedien­tes y de los directores políticos con poder para auto­rizarlos.

 

"Los clubes están desbordados de pedidos de tra­bajo", es una frase habitual entre los dirigentes. Entre éstos, los que tratan de hacer del club un or­ganismo político se quejan de que se confunde al club con una agencia de colocaciones, de que la gen­te va al club sólo cuando necesita trabajo. Todos ellos se quejan de carecer del suficiente número de empleos como para dar satisfacción a los pedidos. El número de cargos que obtienen en el sector pú­blico no es nunca suficientemente alto. Hablan de que difícilmente obtienen más de ocho empleos al año, y ello, a costa de un gran esfuerzo”.

 

Página 26 a 29:

“El dirigente debe estar constantemente alerta, informado por funcionarios de secretaría, de cuándo en el Municipio, en ANP o en ANCAP, y bajo el pachequismo en la policía o el ejército, se dispone de la contratación de peones, empleados o agentes, y debe acudir rápidamente ante el dirigente de la lista que ha apoyado y que se encuentra en posición de gobierno para reclamar el derecho a la participa­ción de los miembros del club en la nueva ocu­pación.

 

Como no existe una relación codificada entre el político y el dirigente de club relativa al número de empleos que al club le corresponde, el dirigente se encuentra en la situación de tener que presionar, visitar e insistir con el fin de lograr la ampliación de una cuota que siempre resulta insuficiente para cubrir la demanda. Son frecuentes los casos de diri­gentes que llegan a montar verdaderas redes de in­formación que les permiten presentarse con listas de los recientemente nombrados ante los dirigentes po­líticos y reclamarles, vista la exclusión de sus can­didatos en esos nombramientos, una participación en la tanda siguiente.

 

Cada club tiene sus métodos de distribución de vacantes. En unos casos sólo se dan a aquellos que han colaborado durante un largo tiempo, respetán­dose el principio de la mayor prestación de servicios honorarios a la organización. En otros los dirigentes obtienen directamente el cargo público para ciertas personas que consideran que tienen mayor necesi­dad de ocupación. Finalmente, en lo que podemos calificar de formas más degradadas de clubes, los cargos se venden o se distribuyen entre familiares del dirigente.

 

Mientras unos pocos dirigentes anotan que la gente que se presenta a los clubes no tiene capacitación ni instrucción y que se vuelve muy difícil conseguirles empleo ya sea en el estado o en el mer­cado privado, la mayor parte insiste en que los po­líticos distribuyen los mejores cargos a sus amigos personales, a aquellos que no se sacrifican por el partido ni conocen los trabajos que se pasan en los clubes, y dejan para ellos los cargos de categoría inferior de peones, porteros y changadores. La dis­tribución de cargos de oficinistas o aún superiores para las relaciones de clase media de los políticos y de cargos manuales para los clubes, es en muchos casos enjuiciada por los dirigentes más politizados, que insisten en que en sus clubes hay personas aptas para todos los empleos y que sus adherentes no son todos incapaces como consideran los políticos.

 

El sector público no es la única fuente de em­pleo. El dirigente de club es una persona normal­mente relacionada con industriales y preferentemente pequeños comerciantes y éstos les ofrecen cargos no calificados. En reciprocidad de servicios el diri­gente de club les tramita asuntos ante oficinas o jefes políticos de la administración que requieren ciertas concesiones o cierta indulgencia administra­tiva.

 

Otro tipo de actividad es la gestión ante las ca­jas de jubilaciones. La labor del dirigente seccional consiste en primer término en asesorar al aspirante a la jubilación, explicarle los requisitos, la docu­mentación que debe aportar y el tipo de testigos que debe presentar. Iniciado el expediente el dirigente seccional, utilizando sus contactos personales al ni­vel de las oficinas, va "moviendo el expediente" en las distintas etapas del interminable proceso de ju­bilación.

 

Y finalmente, si tiene éxito, obtiene que alguno de los directores incorpore en su cuota de expedientes jubilatorios a aprobar finalmente el nombre del beneficiario. Esta etapa era fundamental en el régi­men constitucional anterior a 1967, ya que los direc­tores de los entes jubilatorios habían creado el régi­men del "pronto despacho" y sólo aquellos expedien­tes patrocinados por los directores obtenían la apro­bación final. Pero bajo otra forma el sistema ha sido reestablecido bajo la administración Pacheco Areco.

 

El dirigente del club no sólo gestiona jubilacio­nes y pensiones, sino que es un gestor general ante cualquier oficina pública. Las necesidades de los adherentes son muy variadas, casi tanto como los servicios del. estado: la liberación de una multa pues­ta a un comerciante por no respetar una tarifa o por inadecuación higiénica del local, la obtención de una conexión de luz negada por no cumplirse los requisitos de instalación determinados por la empre­sa pública respectiva, la gestión ante el Municipio para obtener la aprobación de planos de construc­ción de una pequeña vivienda, los requerimientos para conexión de agua, la obtención de un teléfono, la tramitación y obtención de un crédito en un ban­co estatal, etc.

 

El dirigente-gestor es un individuo con consumado conocimiento administrativo, infor­mado sobre los diversos decretos o reglamentos que regulan los servicios de la  administración pública y con relaciones personales y políticas en la administración como para movilizar una gestión tanto en el nivel del despacho como en el nivel de la reso­lución que ampare o resuelva favorablemente la gestión y que sólo puede emanar de los directores políticos. En las zonas socialmente marginales los dirigentes de club tramitan las tarjetas de pobre que posibilitan la asistencia gratuita en los hospi­tales, las tarjetas municipales para comprar leche

 en los expendios a más bajo precio, la asistencia del Consejo del Niño guardando niños-de familias desin­tegradas o la asistencia bajo la forma del subsidio infantil, asignación familiar, etc.

 

En todas partes, pero con más frecuencia en las zonas socialmente deprimidas, el dirigente realiza gestiones ante la policía. Riñas, borracheras, depre­daciones hechas por los jovencitos, hurtos, etc., son causales de detención. Las familias o amistades se movilizan para que los implicados sean liberados a la brevedad y sean asistidos por abogados. Los diri­gentes de club deben actuar a cualquier hora del día o de la noche para lograr solucionar los casos, antes de que llegue a actuar la justicia, mediante sus re­laciones con los comisarios u otras autoridades poli­ciales. Estas soluciones pueden ser la amonestación a los alborotadores, la restitución del objeto robado y la liberación del preso, cuando se trata de una pri­mera falta, u otras medidas de conciliación que evi­tan el procesamiento judicial. Cuando éste es ine­vitable por la entidad del delito, el dirigente hace actuar al abogado vinculado al club y se preocupa por todos los trámites o declaraciones que conduz­can a una liberación pronta del procesado.

 

Finalmente, merece citarse que el club confiere a los individuos que lo integran una protección ge­nérica de especial importancia en una sociedad en que el estado tiene una alta participación en el em­pleo, en la asignación de recursos y en la vida social en general. Desde un sumario, o la aspiración a un ascenso, hasta la obtención de un certificado de na­cimiento, el club tiene una capacidad teórica de pro­teger al individuo y vincularlo a diversas cadenas de clientelismo solidarias en la atención de sus pro­blemas”.

 

Página 32 a 33

“El pintoresco espectáculo de los "pases" de polí­ticos de una a otra alianza y el movimiento similar de los clubes acompañando o divergiendo con su an­tiguo o antiguos padrinos políticos adquiere una di­mensión más importante: la del manipuleo y engaño a las tendencias de cambio que existan en la pobla­ción.

 

Detrás de cada nueva alianza de grupos par­tidarios o de las escisiones que se presentan en las alianzas anteriores, detrás de cada nueva candida­tura presidencial de un "salvador nacional" está el intento, exitoso hasta 1966, de controlar las aspiraciones de cambio de la población, dirigiéndolas a aparentes nuevas alternativas ofrecidas por los par­tidos tradicionales. En otras palabras, conduciéndo­las a mantener el bloqueo y la regresión política na­cional manifestada en el progresivo distanciamiento entre su estructura social y una estructura política anacrónica, incapaz de ofrecer otra alternativa para la crisis que no sea la regresión social y democrá­tica del país”. (2)

 

Lo expresado por Rama se ajusta a la realidad, que vivimos en los años 60. Este preciso relato de la conducta política de los 60 desmiente el nivel democrático que hoy dirigentes del 3 y 2 le asignan a la década del 60 para descalificar a actores de la fuerza política en el gobierno. Queda al desnudo una gran decadencia política, ética y moral y el manejo del país como un coto de caza del partido del 3 y 2. Desde allí comienza  una conducta amoral, donde todo pasó a depender del estado. La inmoralidad estaba instalada y se convirtió en una costumbre natural.

 

Este manejo político nos condujo a un descaecimiento institucional, con tres golpes de estado dados desde la presidencia de la República en 40 años (1933 - 1973). Desmoronando el mito de democracia impoluta que se promocionaba desde el discurso del 3 y 2.  

 

La dirigencia actual del Partido Nacional y del Partido Colorado quiere ocultar la responsabilidad política en la decadencia de la democracia que se inicio a partir de 1931 y especialmente acentuada en la década del 60.

 

Este manejo político impidió el desarrollo y nos condujo a 3 crisis destructivas de la economía, en los años 60, 80 y 2000. Hoy, muchos dirigentes del 3 y 2, que ya actuaban en los 60, se rasgan las vestiduras de demócratas y descalifican a los gobernantes actuales con una impunidad que debería avergonzarnos. Esto es el producto de una enorme desinformación  fruto de la descontextualización - intencional - de la historia. La misma se maneja en forma comprimida, como si hubiera comenzado en el 2005. La información calificada no está y la desmemoria se retroalimenta.

           

En la década del 60 la incapacidad  política del 3 y 2, llevó al país a una de las mayores frustraciones sociales cuyas repercusiones siguen profundas hoy. El país no pudo salir de la crisis económica y social que comenzó en 1955 y se profundizó toda la década. De nada valió el informe de la CIDE – pedido por el gobierno a comienzo de los 60 - que alertaba sobre la magnitud de los problemas que enfrentaba el país desde unas estructuras que  ya se diagnosticaban caducas.

 

Así las reformas propuestas en ese informe, como – entre otras - la de las estructuras agrarias propuestas por el Ministro de Ganadería  Wilson Ferreira Aldunate, no tuvieron apoyo ni de su propio partido. El informe fue ignorado, los intereses dominantes prevalecieron a los intereses del País. El discurso electoral que hoy la oposición da hacia el campo sin asumir su  conducta histórica al respecto no es creíble.

           

Recordemos que desde el partido del 3 y 2, hubo políticos que se rebelaron contra esa decadencia ética y corrupción, sus esfuerzos para cambiar fueron frustrados y se alejaron. Recordemos – entre otros - a Enrique Erro y Zelmar Michelini – asesinado por la dictadura en 1976 en Buenos Aires -.

 

Estos y otros dirigentes que se alejaron del partido del 3 y 2, integraron y cofundaron en 1971, la fuerza política que gobierna hoy. Pero como tantas otras paradojas del Uruguay, también otros que denunciaron, luego aparecen integrando los cuadros de los mismos partidos a la salida de la dictadura. Hoy en 2009, el ex presidente Dr. Julio Maria Sanguinetti ha escrito un libro “Agonía de la democracia”, sin asumir que el partido del 3 y 2 – que integra - es el gran responsable de esa decadencia. En realidad como a expresado alguien, la agonía es de la verdad.

 

Los mitos son parte de nuestra “cultura” que sirve para justificarnos por lo que nos pasa. Hoy mediante un manejo mediático y carroñero, se trata de sacar réditos partidarios ignorando el Uruguay que vivimos desde 1955 al 2004. Es más, la campaña electoral del 3 y 2 se funda en no asumir la historia. Algunos actos muestran la decadencia de ese manejo político; en un país estancado desde 1955, en la década del 60, el 3 y 2 sacó la ley del 383 - jubilaciones de privilegio- y la ley de autos baratos para los legisladores. Se vació los fondos de la seguridad social en préstamos a funcionarios públicos al 3% -fijo- en el marco de una inflación promedio en la década del 60%.

 

Pero veamos lo que dijo al respecto el 10 de oc­tubre de 1968, en la Cámara de  representantes, el Ministro de Trabajo Dr. Espíndola:

 

"El sistema de seguridad social del Uruguay está tocando fondo. No quiero ser alarmista al extremo; pero creo que es mi deber, como uruguayo y como hombre que ha vivido estos problemas, y los está vi­viendo diariamente, como si fueran propios, llamar la atención de los parlamentarios de mi país acerca de esta realidad.

 

Repito que el problema de la previsión social está tocando fondo y si continuamos en esta posición errónea que llevamos, irremediablemente nos conducirá a una especie de catástrofe social" (Pág.121 del Repartido) y agregó: "Sentimos como este edificio empieza a agrietarse y tememos que se nos venga abajo. No sabemos que repartimos porque no sabemos que es lo que tenemos y no podemos repartir lo que no hay, lo que no se produce. En realidad, estamos repartien­do miseria. Esto es lo cierto: en las clases más bajas en los estratos más pobres, estamos repartiendo mise­ria, dolor, angustia y desesperanza. Y esto no es un sistema de seguridad social". (Pág. 123). (3)

 

Otra muestra, de cuando comenzó el deterioro de la seguridad social.

 

De que periodismo estamos hablando hoy que sigue manejando la información descontextualizada. Sigue vivo un Uruguay inmoral y conservador que nunca tuvo visión país y si la de  intereses particulares o corporativos que acude a todo para recuperar el poder perdido en las elecciones del 2004.

 

Veamos otro tramo de la historia, parte de un artículo del Dr. Carlos Quijano:

 

“Está luego - y esta exposición no pretende agotar la enumeración de todos los factores - la crisis política del país: de sus órganos de gobier­no y de sus partidos, que marchan a la deriva, sin plan y sin fines, atentos únicamente - y aun ello con reservas - a las solicitaciones del día que pasa.

 

Está la crisis de los entes autónomos y los ser­vicios descentralizados. El monstruoso déficit de ferrocarriles a nadie le preocupa; las aventuras de la Ancap, tampoco, y tampoco las pérdidas cuantiosísimas del Puerto o de la Amdet, o el empirismo demagógico de la política jubilato­ria, o el abuso de las pensiones a la vejez, o la bancarrota del Frigorífico Nacional, o la arbi­trariedad de los cambios preferenciales y del Fondo de Diferencias de Cambio, o los despil­farros de la Construcción del Hospital de Clínicas, o la inutilidad de las obras públicas.

 

Los partidos continúan dispután­dose el poder para repartir puestos; el empleo público se ha convertido en seguro de desocupa­ción. Nada se ha intentado ni proyectado para salir del atolladero. Por el contrario, cada vez nos hundimos más y más en él. Y nada hace esperar, por el momento, que intentemos Salir”. (4)

 

Algunos daños sociales de ese manejo del país pueden ser visualizados por los siguientes datos; ya en la década del 40 había del orden de 100.000 uruguayos en la argentina. Entre comienzo de los 60 y el 2000 habían emigrado más de 500.000 uruguayos. Técnicos y mano de obra calificada como la más  grave  pérdida. La emigración rural llevó a que abandonaran el campo 308.381 personas entre el censo de 1963 y del 2000.

 

Las reflexiones del maestro Miguel Soler realizados en 1987, nos dan una idea de la situación de la campaña.

 

En 1911 los alumnos de las escuelas rurales eran 39.572; el alumnado creció hasta 1963, año en que llegó a 59.545; después desaparecen aproximadamente 1000 alumnos  por año, hasta llegar a 37.947 en 1985 -casi dos mil menos que en 1911. Hoy  los niños rurales andan en el entorno de los 15.000. La suerte de la infancia campesina está ligada a la contradicción nacional de base: el país es agropecuario por vocación natural y en gran parte por exclusión de otras posibilidades; no obstante, la sociedad uruguaya, negándose a sí misma, ha sido incapaz de organizarse de manera que la vida en el campo y del campo sea posible.

 

Lejos estamos de la situación de hace 30 años -1957-. Entonces se encontraban en pleno funcionamiento más de 100 escuelas granjas y otros institutos para la educación rural.

 

Falta hoy una política agraria favorable al hombre del campo y al interés nacional. Falta también una política educativa atenta a las necesidades de los niños, adolescentes y adultos que todavía quedan en nuestras cuchillas”. 

 

“En el año 1997, el 43% de las explotaciones agropecuarias del país, están por debajo del umbral de pobreza fijado por CEPAL, que actualmente representa uSs 4.790 por año. Estudios anteriores (MGAP 1995) determinan que el 65% de las explotaciones agropecuarias estaban por debajo de dicho umbral, 33 mil, de las cuales 20 mil, de un total de 29 mil, eran ganaderas.

 

Otras cifras alarmantes son las que se desprenden del último censo general agropecuario. De cada 100 explotaciones que había en 1970, hoy quedan 67. Por mes, 113 explotaciones han cerrado en los últimos 10 años y 14 personas por día han dejado el medio rural en los últimos 20 años”. ( 5 )

 

Lechería

“Varias décadas atrás Conaprole atendía a casi 7 mil productores. A diciembre de 1989, lo hacía con 4.601 remitentes.

 

En setiembre de 1997, a 3.392 remitentes; un 26% de remitentes menos que 8 años y medio antes. Son datos oficiales del MGAP.

 

Para hacerlo de una manera que impacte, hoy un productor, cada 2 días, deja de ser productor lechero. Hoy casi la mitad de los ac­tuales remitentes son pro­ductores con riesgo cierto de desaparecer”. ( 6 )

 

Rancheríos, en el interior rural.

“Con relación al número de esos poblados estimó un censo del Minis­terio del Interior de 1939, que llegaba a 613 con 105.000 habitantes y un segundo censo Policial que tenía por fin determinar expresamente el nú­mero y población de los "pueblos de ratas", los redujo a 323 pero con una población equivalente. Cifras del Instituto Nacional de Viviendas Económicas, del Consejo Nacional de Enseñanza Primaria, del Instituto Nacional de Colonización y del Centro de Estudiantes de Arquitectura nos llevan en su conjunto, a estimar el número de los rancheríos en 400, con una población efectiva de 100.000 personas” ( 7 ).  La cantegrilización urbana comenzó fuerte a partir de mediado de los 50.

 

La campaña electoral hoy se desarrolla en el marco del viejo discurso oropélico, doctoral confrontativo y descalificativo, vacío de contenidos e ignorando la historia. Ignorar la historia, no utilizándola como una herramienta para construir, corregir o potenciar. El periodismo no escapa, es de alguna manera responsable porque el país  está desinformado. La información salvo  excepciones que confirman la regla es descontextualizada  y funcional al interés electoral y esto es desinformación.

 

El discurso electoral de la oposición se apoya en lo que podríamos llamar la historia comprimida, empezó con este gobierno en 2005. No estamos comparando, como deberíamos hacerlo 73 años del manejo de un partido – el del 3 y 2 – con menos de 5 años de una fuerza política que  nunca gobernó y a la que en la campaña anterior – 2004 - los hoy opositores decían que llevaría al país al caos. El país no fue al caos. De casi 14% de desocupación esta en el 7%. Los niveles de inversión son históricos, casi 19% del producto. La deuda de 110% del producto hoy está  en el orden del 60%. Con un  nivel de aceptación del presidente de 64% y del gobierno de 61%. Los candidatos de los partidos que integran el 3 y 2 desde 1931  no son cuestionados en función de la historia. Siempre estamos ignorándola, relatando la anécdota del día anterior.

 

Pero veamos más historia en gobiernos del 3 y 2, p

arte de un artículo del Dr. Carlos Quijano:

“Dos millones y medio de habitantes en cien­to ochenta y siete mil kilómetros viven hoy, aquí en la tierra oriental, condenados a un em­pobrecimiento tenaz, corrosivo y sin pausa. El país produce menos, consume menos, no invier­te, retrocede aceleradamente, se debate entre el papelerío, la burocracia y las calcomanías de los "tecnócratas" e intenta suplir la falta de re­cursos, cada vez menores, con el préstamo ex­tranjero cada vez mayor que lo condena a la de­pendencia.

 

Ese mismo país de población envejecida tie­ne la tasa de crecimiento más baja de América Latina y una de las más bajas del mundo. Ape­nas 1.2 ó 1.3. Es decir, deberían incorporarse a su población unas treinta mil personas por año. ¿Qué posibilidades de trabajo tienen esos trein­ta mil jóvenes que salen a buscar con oficio, profesión, un empleo para ganarse el pan?

 

Las profesiones liberales no rinden; los bancos otrora refugio de la pequeña burguesía reducen sus cuadros; la propia administración pública, rebosante de funcionarios, tiene pocos huecos; el comercio no prospera y a las grandes casas las han sustituido las pequeñas que atien­den sólo los propios patrones; la industria no se expande y todo el país es una gran ciudad -"parasitaria" la llama Toynbee - rodeada por un campo cada vez más despoblado. Se abre entonces —válvula de escape— el camino de la emigración.

 

Este país despoblado y feraz no puede dar trabajo a los jóvenes, a los pocos jóvenes, que año a año se incorporan a la columna.

 

Puede discutirse indefinidamente sobre cau­sas, responsables y remedios; pero ¿cómo negar hechos que a todos nos golpean? Por encima de partidos que perduran, de presidentes y de mi­nistros que pasan, de técnicos y no técnicos que pontifican, de informes y congresos que se olvi­dan, por encima de la viscosa rutina y de las re­signaciones que ayudan a vivir, la dura, la amar­ga, la triste verdad es esa muy simple: un país que en la era de la conquista del espacio se em­pobrece, día a día, material y espiritualmente y que no obstante sus recursos y su baja pobla­ción, tiene cerrados los horizontes para los jó­venes que llegan.

 

Todo lo demás del juego político es formal y adjetivo y en algún caso despreciable. Colabo­ración, no colaboración; participación, no par­ticipación; repartos de puestos o de ministerios. De lo que se trata es de recuperar para esta tie­rra oriental la libertad perdida; de producir más pan y repartirlo con mayor justicia; de ofrecer a los jóvenes trabajo y esperanza. Es decir, se tra­ta de hacer todo lo contrario de cuanto se hace”. ( 8 )

                                                                                                    

Cualquiera  puede concluir que con el mito país agropecuario, el campo actor relevante de la economía, debió tener los mejores indicadores sociales. Pero la realidad dice otra cosa. Desde siempre se han pagado los peores salarios del país. Los trabajadores rurales-históricamente- han sufrido la mayor desprotección en sus derechos. Incorporados a las 8 horas de trabajo por ley, - en este gobierno -  cuando la misma para el resto está vigente desde 1915. Fueron tratados como en un régimen feudal, - con las excepciones que confirman la regla - aislados y sin un lugar donde reclamar.

 

El que se levantaba contra un patrón reclamando, difícilmente conseguiría trabajo en el pago. Sufrieron la mayor limitación en el acceso a los servicios sociales y culturales, en referencia a los que se podía acceder en el país urbano. Aislados de su familia que vivía en los rancherios y a la cual visitaban un día cada quince. Eso era moneda corriente en el Uruguay democrático del 3 y 2, de los 50, 60 y hasta no hace mucho en los lugares más aislados de la campaña.

 

Ahora se rasgan las vestiduras de demócratas intachables, dirigentes del 3 y 2 con campo y con una historia política de muchos años.

 

Un Uruguay donde hoy muchos periodistas que llenaron las páginas de diarios partidarios no vieron eso ni el clientelismo brutal del 3 y 2, pontifican sobre la democracia y descalifican a actores políticos de este gobierno procurando instalar a los mismos que desguazaron el país por 73 años. Alguno muy suelto de cuerpo escribe; “El caso Antel dejó al descubierto que el clientelismo y el amiguismo no son patrimonio exclusivo de partido alguno” ( 9 ) descontextualizando una cultura del clientelismo que se inició con reparto del poder del estado en 1931. ¿Qué otra  cosa se puede esperar de un estado construido desde el clientelismo?  

   

Veamos más historia, partes de un artículo del Dr. Carlos Quijano;

 

“-Puesto que los partidos forman parte andamiaje institucional, se ha considerado lógico que esos partidos, únicas expresiones reconocidas de la voluntad popular, se dividan también el goce de las instituciones, en todos sus aspectos.

 

Hay una relación lógica, simple y cerrada, entre el principio y las consecuencias.

 

Los partidos integran el Estado; son su basamento. Por tanto, el Estado les pertenece. Toda la Administración Pública ha sido politizada o partidizada, si se permite el horroroso neologismo. A esta filosofía pertenecen el pacto del las reformas constitucionales del 51. Los puestos se reparten proporcionalmente a los votos (ley del 31) o se reparten a cuota fija (constitución del 51).

 

El elector ha perdido cada vez más su libertad. El voto es secreto; los escrutinios limpios; el fraude no existe; la coacción, teóricamente, tampoco. Pero a medida que las garantías se han hecho mayores y más detalladas, la libertad de elegir se ha ido diluyendo o desvaneciendo.  Cada cuatro años el votante se ve ante un dilema: o no votar - día llegará, es la culminación natural del proceso, en que el voto haga obligatorio — o votar las listas que los comités partidarios confeccionan”.

 

“Puedo creer que X es un buen candidato para integrar  el consejo Departamental; y que Z no debe ser elegido como diputado o como consejero nacional. No tengo escapatoria: si quiero votar a X, debo votar también a Z. No se vota, pues, por candidatos, se vota por lemas, se vota por partidos. Los partidos constituyen o pretenden constituir una masa rígida y compacta.  Y esta presunta rigidez y esta real despersonalización o deshumanización del acto electoral, ha tenido también un resultado aparentemente paradójico, como el que antes señaláramos. Ha propiciado o mantenido, por un lado, el caudillismo – caudillismo en lo nacional y en lo local -. El elector vota por el caudillo si éste es también candidato o vota como le dice el caudillo. No le interesan, por regla general, los candidatos o los demás candidatos.

 

Por otro lado, la presunta rigidez de los partidos es sólo formal. Formal y fugaz. Dura el espacio de un segundo. Esa rigidez es falsa, coacta, impuesta. Cesa al día siguiente del voto. El lema unitario cobija las tendencias y las ambiciones más dispares. En la lista unitaria tienen refugio las más diversas posiciones. Cuando se trata de gobernar, no tardan en aparecer esas tendencias, esas ambiciones, esas posiciones.

 

Hemos tomado a la elección como un fin; al logro, puro y simple de votos, como un fin.

 

Perogrullo, no obstante, ya enseñaba que al gobierno se debe ir para gobernar. De esto la política y los políticos criollos, no se preocupan.

 

Y así ocurre lo que ha ocurrido. Así lo que ocurrirá.

En el año que se inicia el país volverá a participar, pasivamente de un acto electoral, pero seguirá sin gobierno. No lo ha tenido. No lo tendrá. Se atribuye la culpa de este hecho al Colegiado. Es, nos parece, hacer centro en la sombra y olvidar el ave en vuelo. Tal concepción — ¿merece que se la llame así? — es el digno reverso de la otra concepción candorosa y mítica, según la cual todos nuestros males derivan del presidencialismo. La causa es más honda; la raíz más oculta. Por lo pronto, y de acuerdo con lo dicho antes, no se puede gobernar porque no hay partidos que gobiernen o puedan gobernar.

 

Toda nuestra actual organización política, es una organización de fachada, muy abogadil, muy “jurídica”, pero artificial y artificiosa.

 

Cuida las formas, cumple los ritos, respeta las apariencias; pero la realidad está ausente.

 

La realidad se amaña e ingenia, por su parte, para hacer lo que le place. Un estudio acendrado de las características nacionales, podrían llevar a demostrar que el oriental, no digamos el uruguayo, es un tipo especial que siempre, desde lo más lejanos tiempos de nuestra corta historia, ha encontrado la manera de vivir dos vidas: la aparente y la auténtica. Aquí, también, los molinos de Dios muelen lentamente pero muelen muy fino. Proclamábamos nuestra fidelidad al rey y éramos contrabandistas; pugnábamos por la federación e intuíamos la independencia; declarábamos la incorporación a las Provincias Unidas y creábamos un nuevo Estado. Mientras las formas no aprietan demasiado a la realidad, las formas se toleran y hasta se ensalzan.

 

Mirando hacia la política, ¿es aventurado decir, ya con un pié en el estribo, que el signo de nuestro tiempo es la persistencia de los ritos y la desaparición de la fe?” ( 10 )

 

Estos comentarios de Quijano son una muestra más de la conducta – poco democrática - del partido del 3 y 2.

           

Los dos partidos instalaron la “cultura” amoral del clientelismo, todo paso a depender de ellos. La constitución se cambió y enmendó tantas veces como las intereses electorales del 3 y 2 lo necesitaron. Todo para cubrir las formas y retener poder. ¿De que tipo de democracia nos han estado hablando? ¿Nadie de los que hoy critican al FA vio nada? ¿El periodismo que entrevista a los dirigentes del 3 y 2 desconoce la historia y el manejo descontextualizado que de ella  se está haciendo? El país tiene una profunda desinformación que permite la impunidad de ciertos discursos en la que los actores parecen no haber estado en el país antes de este gobierno. Se habla de los problemas del agro como si fueran de hoy…No se repara que un país agropecuario nunca tuvo política de tal en todo el siglo XX, sólo parches en la coyuntura. Técnicos de adhesión partidaria colocados desde el manejo clientelistico hoy ven lo que no vieron en décadas. Este es el Uruguay cínico e hipócrita desnudado por este gobierno.

 

Un tema no menor para ubicarnos es que la economía uruguaya es desintegrada. En este marco el campo tomador de precios ha sido el rehén de la misma. La economía – históricamente - ha funcionado a partir de la confiscación de recursos del agro y a productor perdido. Esa historia está avalada por los hechos.  El mito – país agropecuario - no es tal y por creérnoslo es que seguimos poniendo parches para salvar el momento.

 

Hoy el tema del agro sigue en discusión de todos sus temas centrales que ya se visualizaron en los 50 y no se resolvieron. Un país que no se han cansado de reiterar que somos un país agropecuario, sigue discutiendo temas del siglo XX – emigración rural, pobreza, etc. - ya entrado el siglo XXI. Esta es la información, que no hace creíble la “preocupación por el agro” del discurso electoral – hoy - de los dirigente de los partidos que integraron el  3 y 2 que gobernaron de 1931 al 2004.

 

 La Suiza de América – en los 60 - otro mito que se destruía  viajando en ómnibus a 10 minutos del centro de Montevideo. No hablemos de la pobreza rural, los rancherios en los bordes de las estancias preámbulo de los futuros cantegriles urbanos hoy  agrandados por los asentamientos irregulares fruto del manejo de la economía desde 1955 al 2004. Estos gruesos trazos de la historia muestran a la ciudadanía  el manejo del país por 73 años. Esa “cultura” del clientelismo, el amiguismo y las recomendaciones del club político impregnaron a  toda la sociedad. Pero el mayor daño de ese manejo, creemos es la “cultura” egoísta del individualismo y el corporativismo sin visión país.

        

Toda una “cultura” poco ética y moral que se asumió como natural. Cambiarla es un imperativo para aspirar al desarrollo. Sin el cual seguiremos empantanados resolviendo los temas del momento como lo hicimos hasta el 2004. Erradicarla minimizándola implica asumirla, cosa de la que estamos lejos. Más del 40% de los ciudadanos votaron en el 2004 por los mismos que la instalaron.

        

Cuando desde el 3 y 2 hoy oposición se “alarman” por algunos actos que pueden ser corrupción, - que están en la orbita de la justicia - , se olvidan que el Estado actual es la creación del partido del 3 y 2 desde el clientelismo, entre 1931 y 2004. Muy difícil cambiar esa “cultura” amoral y corporativa en un periodo de gobierno.

 

Los datos expresados muestran los frutos de un manejo del país que no se condice con las ofertas electorales de los mismos responsables de él. Debemos asumir la magnitud del daño infligido al mismo.

 

El 3 y 2 creó un manejo feudal que impidió la discusión política del país. El reparto minimizó políticamente a los partidos del acuerdo, perdieron la libertad creadora. La distribución del poder fue el eje de las discusiones. Los partidos menores fueron marginados del manejo del estado.  En esos juegos transcurre el Uruguay 1931-2004. Se construyó una conducta autodestructiva, descalificar para perjudicar al oponente sin que importara el  país. Así cada uno –dentro del 3 y 2 - vivió recriminando al otro para marcar posiciones personales. Las luchas fueron por el liderazgo en el reparto. El País no existía, los partidos del acuerdo lo vieron como un feudo. El reparto aseguraba  su control.

 

La elección del 2004 más que el triunfo del FA es un enorme triunfo político del país, terminó 73 años de gobierno de una misma fuerza política. No hay que olvidar que los intervalos dictatoriales contaron con apoyo político de muchos integrantes del partido del 3 y 2.

 

Otro aporte del nuevo gobierno es haber dejado al descubierto el Uruguay real con sus virtudes y sus miserias. El Uruguay del facilismo y el voluntarismo, que quiere resolver en un periodo de gobierno lo que no se logró en 73 años. Que no asume que la partidización del 3 y 2 lo acostumbró a pedirle todo al estado e impidió  trazar  políticas país en ese período. Que no asume la magnitud del tiempo perdido.

 

Vivir la historia descontextualizada ha sido una conducta  de la mayoría de los dirigentes uruguayos. Actuando siempre como recién llegados al país; universitarios, gremialistas, periodistas, empresarios y sobre todo políticos, nadie asume su cuota parte de  responsabilidad de lo que le ha pasado al mismo.

 

Demasiado daño se le ha hecho al país. El que quiera ver que vea…

 

Referencias

 

(1) Pacto del “chinchulín” – año 1931 - en el que se acuerda el reparto del poder – proporcional a los votos - entre el partido colorado y un sector del partido nacional – llamados tradicionales -, incorporado luego por la totalidad de los dos partidos a la constitución de la república en la reforma de 1951, a partir de ahí es a cuota fija, 3 y 2.

Surge así el manejo político de un partido único, condicionando la conducción del país  por el reparto de cargos.

 

(2) Rama W., 1971. El Club Político, Editorial Arca.

 

(3) Hernández P., 2004. Uruguay las causas de las crisis. Edit.  Prontográfica S.A., pág. 245

 

(4) Quijano C., 1954. La piqueta y la fosa. Publicado 9 de julio  Marcha

 

(5) Diario “El País”, publicado 1 de junio 1988. Declaraciones del presidente de la Federación

Rural Ing. Agr. Carlos Secco Gutiérrez.

       

 (6) Diario “El País”,  publicado 16 de Mayo 1999

 

 (7) Frick  Davie C., 1064. ¿Cuál Reforma Agraria?. Marcha

 

(8) Quijano C., 1969. País y Gobierno. Publicado Marcha, 25 de julio. Marcha

 

(9) Diario “El Observador” publicado 11 de setiembre 2009. Denis Dutra            

 

 (10) Quijano C., 1953. “Más garantías menos libertades” Publicado 3 de diciembre. Marcha

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