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Presidente, nos
estamos viendo
por Raúl
Legnani
Acaba
de comenzar la cuenta regresiva política para quien
ha sido el Presidente de los uruguayos, en los
últimos cinco años: Tabaré Vázquez. Nacido de las
entrañas de un barrio obrero montevideano como es La
Teja, llegó a ser médico oncólogo, intendente de
Montevideo y Presidente de la República.
De este
hombre quiero hablar. De la existencia de Tabaré me
enteré en mi exilio de México, en el que siempre
estuve de cara al Uruguay, lo que me permitió tener
fluidos contactos con la resistencia, a pesar de que
no existían los SMS y los correos electrónicos.
La gran
mayoría de los contactos se establecían a través de
empresarios y jugadores de fútbol, así como los
familiares, quien sin preguntar llevaban en una caja
de cigarrillos un pequeño mensaje o un casete.
“Hay un
tipo que es un médico joven, que está vinculado a La
Teja, que hay que darle pelota porque pinta bien”,
me llegó una carta en julio de 1983. Yo, de ese
personaje, no tenía la más puta idea de quien era.
El mensaje lo reproduje y lo metí adentro del país.
No sé si alguien me dio pelota. Seguramente que no.
Importa poco.
Pasaron
los años y Tabaré apareció con el voto verde como
tesorero. Me lo imagino insoportable, contando los
pesos como la gente de campaña que lo hace debajo de
la mesa sin mostrar el fajo de billetes. Tan
insoportable como cuando fue presidente del FA y a
través de Eduardo Bandeira reclamaba a los
legisladores cuando se habían atrasado con la
cotización al FA.
Me
dijeron que en una conferencia de prensa de aquella
comisión para derogar la Ley de Caducidad, Esteban
(Valenti) miró a Vázquez, luego a Rodolfo Nin Novoa,
y le dijo a alguien que tenía a su derecha: “ Me
gusta para que sean la próxima fórmula” del FA. Lo
confieso: nunca se lo pregunté a Esteban, entre
otras cosas porque la anécdota vale la pena de que
sea verdadera.
En la
campaña electoral de 1989, fue la primera vez que
estuvimos cara a cara. Unos días antes de ese
encuentro, Mapocho Domínguez y Hugo Rodríguez,
periodistas de La Hora Popular, estuvieron presentes
en un cruce entre Tabaré y Carlos Cat, candidato a
Intendente por el Partido Nacional.
“Tabaré
se comprometió a que va a bajar el precio del
boleto”, fue los que dijeron a coro. La cara de
Víctor Toto Rossi, en ese entonces director de ese
diario del PCU, fue un poema. Me imagino que para
sus adentros debe de haber dicho: “¿Cómo lo
hacemos?”. Toto terminó siendo el director de
Transporte de la IMM y hoy ministro de Transporte y
Obras Públicas.
Unos
días después de haber sido electo intendente, Tabaré
visitó la sede de La Hora Popular. Allí estuvieron
también presentes Toto, Rafael Cribari (el hermano
de Pedro), Clarel de los Santos y yo. Todos
preocupados por la influencia que podrían tener
sobre la gestión del gobierno municipal los
periodistas de El País y La Mañana, verdaderos
linces en temas municipales.
Tabaré
nos miró y con esa mirada nos dijo todo: “Me los
llevo a jugar al Paladino”, la cancha de Progreso.
Con eso nos estaba diciendo que la derecha no lo iba
a encerrar dentro del Palacio de Ladrillo, sino que
iba a gobernar con la gente. Cumplió.
Luego
vinieron todas las vivencias sobre como Tabaré llegó
a ser el candidato a Presidente. Fueron, por cierto,
años duros (algún día los detalles irán en un libro
o en simple apuntes; seguramente en esto último).
Ahora
rescato lo que fue la campaña electoral de 1994,
donde por primera vez tuve el más firme
convencimiento de que ganábamos. Tabaré recorrió el
norte del país hablando de la recuperación del El
Espinillar. Cosa que nadie le creyó o muy poco le
creyeron. Yo tampoco. Hoy la recuperación se llama
Alur (sin duda, un gallego cabeza dura).
Cuando
quisieron involucrar a uno de sus hijos con
presuntos negociados dentro de Salud Pública -
denuncia que nunca prosperó-, desde CX30, la radio
dirigida en ese entonces por Federico Fasano,
transmitimos un acto de desagravio que se realizó en
La Teja.
Cuando
terminó el acto Tabaré me invitó, junto a otro
compañero de La Radio, a cenar a su casa, donde en
el fondo de la misma había un horno de campo, donde
hizo unas pizas.
Conversamos de todo. Pero en un momento me
sorprendió con una reflexión: “A mí no me va a pasar
lo de Allende”, me dijo casi sin mirarme, aventando
así la posibilidad de un golpe de Estado si llegaba
al gobierno y pensando en la posible acción
desestabilizadora de la ultra izquierda.
Llegó y
no hubo un golpe de Estado, a pesar de que aplicó a
rajatabla el artículo 4to de la Ley de Caducidad y
los principales líderes del fascismo criollo hoy
sufren la condena de la Justicia.
Aquel impacto
Quizás
el mayor impacto que recibí sobre la personalidad de
Tabaré fue en 1994, en un acto en Buenos Aires,
donde concurrieron unos dos mil uruguayos, que entre
sus filas tenían a un sector muy fundamentalista.
Recuerdo
que en las tribunas había carteles contra la
presencia de Rodolfo Nin Novoa. El ambiente estaba
espeso. Insultos y gritos dominaban el ambiente.
Tabaré estaba fundido, pero a pesar de ello supo
recuperar fuerzas. Con gestos trazó una línea
imaginaria sobre el estrado. A su izquierda estaba
Nin sentado. “De este lado – su izquierda- están mis
compañeros, así que ustedes eligen de qué lado
están”, dijo casi sin levantar la voz.
En ese
momento pensé que a todos se nos venía el mundo
arriba. Aún recuerdo la cara de asombro de Tenuta,
quien estaba sentado en primera fila presenciando
aquella locura que bajaba de la tribuna.
Pero
pasó lo increíble. El silencio ganó terreno. Los
carteles comenzaron a retirarse. La sonrisa volvió a
nuestras caras. El acto finalizó con una ovación,
con aplausos para Nin y Tabaré. El Encuentro
Progresista había salvado su primer gran bautismo de
militantes. Tabaré era el líder. No cabía la menor
duda. No había otro igual.
Pasaron
las elecciones de 1999, yo más alejado del
cubrimiento de las campañas electorales, y luego los
comicios de 2004. Cuando nació TV LIBRE me dio la
primera entrevista. Allí me aseguró que “esta es la
última, sin no ganamos en esta no me vuelvo a
presentar”.
Unos
días antes de las elecciones de 2004 me tocó cubrir
su viaje a Madrid. Tabaré ya mostraba su aplomo y el
convencimiento de que ganaba, pero sin ningún tipo
de euforia. Cuando medía sus palabras tocaba las
puntos de sus dedos con ambas manos. Hoy lo hace
cuando está por calentarse.
En una
noche madrileña Tabaré nos invitó a los periodistas
a cenar en un restaurante, junto a Danilo Astori.
Allí se habló de muchas cosas. En esas horas se
decía que le iban a ofrecer el Ministerio de
Economía a Enrique Iglesias, quien los esperaba en
Estados Unidos.
Con Hugo
Abelando (Brecha) le dijimos que por ahí no iba la
cosa, que el ministro bien podía ser Astori, a quien
teníamos sentado frente a nosotros. Danilo intentó
una explicación, pero Tabaré con mucha dulzura le
tocó la mano para que no hablara de más (seguramente
Tabaré no confiaba en el off de record; razones
tenía).
Con ese
solo gesto mostró que tenía una estrategia, un plan
perfectamente calculado, que contenía a Astori como
Ministro de Economía. Así fue. Tabaré estaba dos
jugadas adelante de muchos. También de nosotros.
Luego
seguí a Tabaré en todos estos años de su gobierno
por televisión y los chismes de algunos amigos y
asesores de él. Cada día que pasó comenzó a mostrar
un particular manejo del poder, allí donde la
interna duele y de maravillas. Y no solo sobre temas
nacionales, sino también sobre los internacionales.
Supo
entrar y salir de los debates, con una habilidad muy
personal. Hubo meses que desapareció entre Anchorena
y las paredes de la casa Presidencial. A la vez tuvo
apariciones sorpresivas, oportunas, polémicas, por
momentos muy duras. Algunas erróneas.
Esta
personalidad, sobre la que se podrían decir muchas
cosas - positivas y negativas-, no fue una teórico
ni un estratega de los cambios en Uruguay. Fue él y
las circunstancias y en ese ejercicio construyó su
estrategia que tuvo mucho de historia frenteamplista
y de su propia personalidad. Sin duda.
Hoy le
deja a la izquierda un inmenso volumen de
experiencias sobre cómo se ejerce el próximo
gobierno. Estoy convencido que sembró en campo
fértil, aunque los líderes son los que terminan
definiendo el rumbo de las sociedades. Sospecho que
no aró en el mar.
LA
ONDA®
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