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Escritora Mónika Zgustova;
"Los checos han hecho borrón y
cuenta nueva con el comunismo"
por
Guillermo Sanz Paula
Eva
vive en la Praga comunista de los cincuenta. Tiene
17 años y no sabe muy bien cómo debe ser su postura
ante el régimen. Allí conoce a Milan, un chico
tosco, fiel a la onda soviética. También se ve con
Karel, un joven violonchelista hipersensible que
desea huir del régimen.
En estos tres arquetipos tan
distintos se asienta la nueva novela de la
escritora checa Mónika Zgustova,
Jardín de invierno, publicada por Destino.
En ella vuelve a recrear la época en la que ya
ambientó su primera novela La mujer silenciosa
(2005): los años duros del comunismo en
Checoslovaquia y las diferentes percepciones. Según
confiesa la autora, los dos forman parte de una
trilogía que culminará con un tercer libro que
se centrará en los exiliados.
Este tercer volumen remitirá a
su propia historia. Tras la Primavera de Praga
(enero-agosto de 1968) los padres de Zgustova
abandonaron el país a través de La India para
marcharse a EEUU. "Fue mediante un viaje organizado
del cual sólo volvieron a Praga cuatro personas.
Evidentemente, ya no hubo más viajes organizados",
recuerda con sorna. Después, ya en los ochenta, ella
llegó a España y decidió asentarse en la ciudad de
Sitges.
Así comenzó su carrera como
traductora de autores checos como Milan Kundera,
Vaclav Havel, Bohumil Hrabal y Jaroslav Hasek. "Eran
escritores que apenas se conocían aquí. Ahora, sin
embargo, creo que la literatura checa está bastante
bien representada", afirma.
Precisamente, con respecto al
affair Kundera del pasado año -se le acusó de haber
delatado a un estudiante ante la policía comunista-,
la escritora es tajante: "Estoy segura de que
aquello fue una infamia".
A pesar del exilio, Zgustova
nunca ha olvidado las circunstancias
históricas de su país. Por eso,
como le ocurre a la reciente premio
Nobel Herta Müller con la
Rumanía de Ceaucescu, en su obra siempre aparece la
Praga bajo la dictadura. "Yo viví una época compleja
y no puedo escribir sobre un fondo muy pacífico.
Además, yo creo que los tiempos que vivimos
forman parte de la vida de las personas. Sin la
Primavera de Praga, yo no estaría ahora aquí",
reconoce.
La importancia de la memoria
Hay, además, otra razón: el compromiso. "La memoria
es muy importante y yo creo que en la Europa
occidental todavía no se entiende lo que pasó en la
Europa del Este. Con las novelas, yo intento
que se entienda",
manifiesta.
Su caso es una rareza en su
país, donde, según confiesa Zgustova, "desde el Muro
apenas se han publicado novelas sobre la época
comunista". Para ella, esto se explica porque
"los checos han decidido hacer borrón y cuenta nueva.
Un poco como pasó en España hasta no hace mucho.
Sin embargo, esto no lo han hecho ni los polacos ni
los húngaros", sugiere.
En la novela Jardín de
Invierno, la autora traza toda la historia del
totalitarismo en su país hasta
la Caída del Muro. Preguntada sobre su percepción
del régimen, ella sostiene que fue "algo inevitable
en Rusia". Sin embargo, aunque es muy crítica con la
época, también reconoce que tras la caída del telón
de acero, hubo mucho desencanto.
"La caída del Muro fue un
momento muy feliz, pero después se estableció un
capitalismo salvaje sin precedentes y la gente
empezó a sufrir el doble porque perdió los puntos de
referencia que tenía en la dictadura. Los únicos
que ganaron fueron los oportunistas, los que se
cambiaron de bando al día siguiente", señala. Y
precisamente, para Zgustova ahora hay uno de estos
oportunistas en boca de todos: Václav Klaus, el
presidente actual de la República checa que no
quiere firmar el Tratado de Lisboa de la Unión
Europea.
Fuente:
Publico/es
LA
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