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Hay que hablarle
a todo el Uruguay
Por Raúl
Legnani
El
esfuerzo deberá ser inmenso o no servirá. La fórmula
del Frente Amplio no puede jugar solamente a no
perder votos porque sería como ir a una final de
fútbol a buscar el empate, apostando a que el
partido se defina a su favor con una moneda tirada
al aire. A pesar de que el saldo de goles le sea
favorable.
Todo
balotaje, particularmente este, tiene un sabor a
plebiscito. Por eso hay que tener en cuenta que este
tipo de consultas a la ciudadanía, para ganarlas, se
requiere que se triunfe en el 90% de los estratos y
clases sociales. Es obvio acotar que entre los
sectores populares, que son mayoritarios, la
diferencia a favor del FrenteAmplio debe ser mayor
que entre los sectores más pudientes.
Hay que
afrontar la realidad con un discurso abarcativo,
donde propuestas, ideas, lenguaje e imagen vayan en
esa dirección. Se hace, entonces, necesario que se
le hable, en el sentido más amplio de la palabra, a
todas las capas y clases sociales.
Hay que
reconocer, a la vez, que al partido de los blancos
se le hace relativamente más fácil saber a dónde
dirigir su discurso, al tener direcciones
partidarias a las cuáles dirigirse. Ya cuenta con el
apoyo de la cúpula colorada encabezada por Pedro
Bordaberry, que no convocó a la Convención para
asumir una postura ante el balotaje. En ese solo
acto, la renovación quedó reducida al recambio de
dirigentes. La derecha colorada copó a su partido,
con el guiño de Julio María Sanguinetti y Jorge
Batlle que apuestan, como siempre, a la
reconstrucción del partido desde el Estado (cargos
en la administración) y no desde la sociedad.
Esta
tímida apuesta a Lacalle por parte de los colorados,
obligó al PI a no definirse: los independientes son
libres, hagan lo que quieran, fue la señal de la
dirigencia fracasada.
Hablarle
a todo el Uruguay no implica maquillar el programa,
porque eso sería demagogia y oportunismo. Hay que
demostrarle a los uruguayos que para el FA están
incluidos todos los que quieran un país productivo,
generador de riquezas y de distribución de las
mismas, sin la necesidad de grandes conflictos
sociales y crisis institucionales.
Por
fuera de la propuesta solo quedan las cúpulas
derechistas que quieren volver al neoliberalismo que
desata el mercado salvaje y que provoca grandes
cortes sociales, quitándole a nuestra economía el
factor fundamental para su desarrollo que es el
capital humano.
El FA
tiene una gran ventaja sobre el partido de los
blancos porque puede mostrar a un gobierno exitoso,
serio y responsable en la gestión, con capacidad de
insertarse en el mundo y así mejorar nuestra
capacidad comercial, que en los últimos cuatro años
encontró el camino para que nadie bajara su nivel de
vida, pero a la vez para que decenas y decenas de
miles de compatriotas mejoraran sustancialmente sus
condiciones de existencia.
Este es
el plebiscito que está planteado hoy: seguir por el
camino de las transformaciones y el cambio real, o
volver a la soberbia de la cúpula derechista de los
partidos tradicionales que no tiene un proyecto de
país, porque su única propuesta, concentradora de la
riqueza en un pequeño grupo, son la liberación del
mercado y la privatización de nuestras cada vez más
exitosas empresas públicas
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