Uruguay: su proyección oceánica
Espacio y poder en el Atlántico Sur
por Bernardo Quagliotti De Bellis

Hace 34 años (1975), el  Ate. Argentino Fernando A. Milia, invitó a  participar a un heterogéneo grupo de autores de Argentina, Brasil, Sudáfrica y Uruguay  -“un   caprichoso  collage” de autores, - así lo denominaba-  con el propósito  de definir el vasto espacio oceánico ubicado entre las costas continentales de Äfrica Sud-occidental, América del Sud-oriental  y el continente antártico. El volumen se tituló “la Atlantártida un espacio geopolítico”, neologismo éste, que el mencionado compilador creó procurando una definición del   espacio marítimo que de norte a sur se extiende desde  el eje Dakar-Natal  en el norte,  confundiéndose por el sur  en el círculo antártico.

 

Participé en el libro con un trabajo que Fundación de Cultura me editara en Uruguay el año anterior, que titulara  “Geopolítica del Atlántico Sur”, A modo de introducción transcribí parte de un artículo que  Richard A. Frank publicara en “New York Times” el 18 de mayo de 1975, donde el autor visualizaba el siguiente cuadro -hace 34 años- que hoy  se presenta como una realidad: “Ginebra. Estamos en el siglo XXI. Las potencias costeras han extendido su soberanía hasta el centro de los océanos. Buques de carga y barcos militares deben pagar tributo al pasar de una zona de soberanía a otra cuando atraviesen estrechos cuyo paso fue libre en otro tiempo.

 

El conflicto entre los países “con” y “sin” costa mantiene al mundo en un estado de tensión, mientras los gobiernos entran en liza en torno a los recursos del lecho marino. El pescado es un producto escaso ; las pocas especies que sobreviven tienen un extraño sabor, pues viven en un elemento enrarecido por cantidades ingentes de contaminación. La contaminación ha matado la mayor parte del fitoplancton del mar, fuente primaria  del oxígeno terrestre.

 

 El entorno ecológico necesario para sostener la vida en la tierra se está desgastando. Este cuadro del mundo, un cuarto de siglo más tarde puede parecer indebidamente sombrío, sin embargo es sólo una proyección de las tendencias actuales”. La realidad actual indica   que tal    prospectiva se ha ido cumpliendo paulatinamente.

 

Los Estados costeros y el derecho del mar 

El derecho del mar es una rama importante del Derecho Internacional, que está íntimamente relacionada con los intereses nacionales de los Estados ribereños a los océanos, en lo concerniente  a la utilización de los recursos que ésta puede ofrecer. 

 

Algunos de los temas  de más importancia se refieren a la exploración y explotación de los recursos de la zona marítima, definida por la Conferencia del Mar de ONU (CONFEMAR)  como mar territorial o mar patrimonial o zona económica exclusiva; lo relacionado a la explotación ictícola, asimismo con la preservación del medio marino y a lo referente a la investigación científica de los océanos.

 

La “libertad de los mares”, por tener lugar en extensiones  imposible de limitar materialmente, fue un concepto que   la humanidad aceptó durante muchos siglos, pero al intensificarse la explotación de los recursos que éstos ofrecían, alentaran  los reclamos que los Estados ribereños a los mares comenzaron a plantear, dando lugar al nacimiento de lo que en la actualidad se denomina “derecho marítimo”.  

 

El establecimiento de la Zona “económica exclusiva”  como la denominaron los juristas africanos,   ganó adeptos en la “Declaración de Santiago de Chile”,  (18/08/1952)  y representa uno de los logros más importantes de  la diplomacia de los países  del denominado Tercer Mundo, pues se impuso a los principios tradicionales establecidos por las grandes potencias navales que les aseguraban la explotación de los recursos oceánicos.  Treinta años después, la Conferencia del Mar (CONFEMAR) elaboró el convenio “Concertación de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar”  en la ciudad jamaicana de Montego Bay, el cual es considerado como el tratado internacional más extenso y ambicioso, donde se estableció  un nuevo orden jurídico que tomó en cuenta los intereses y necesidades de todos los pueblos del planeta, en relación con el océano y sus recursos.

 

La “ Declaración de Montevideo” de  8 de mayo de 1970 sobre el Derecho del Mar, fue muy clara al respecto, al reconocer  “la existencia de un nexo geográfico, económico y social entre el mar, la tierra y el hombre que la habita, del que resulta una legítima prioridad a favor de las poblaciones ribereñas para el aprovechamiento de los recursos naturales que les ofrece su ambiente marítimo”.

 

Las “batallas silenciosas” en el Atlántico Sur

Desde la primera “Declaración Truman” (28/11/1845), la revolución tecnológica comenzó una acelerada carrera tendiente a colonizar el fondo de los océanos, con el fin de explotar  sus recursos biológicos y minerales, a un ritmo cada vez mayor.

 

El Atlántico Sur  -bien comprobado está -guarda una enorme reserva alimenticia y  presenta un incalculable reservorio  en minerales,  petróleo y gas. En   él  -como en la Antártida -  se vienen llevado a cabo “batallas silenciosas”  protagonizadas por  potencias hiper  desarrolladas  y grandes empresas multinacionales, las cuales en muchos casos actúan amparadas por organismos internacionales que les otorgan patente de “investigación científica”. La acción  en muchos casos  se concreta    debido a  la impotencia  de los países ribereños los cuales no se inquietan por realizar trabajos de investigación, por no otorgar importancia geopolítica al espacio marítimo o por carecer   de recursos técnicos y control  defensivo.

 

En 1986, por iniciativa de Brasil, el Atlántico Sur fue declarado zona de paz y cooperación regional. (ZPCAS)  En la  reciente reunión de alto nivel de la “Iniciativa del Atlántico Sur” realizada en Lanzarote (junio,2009) los representantes de   doce países de la fachada sudamericana y africana  que a la misma concurrieron   -entre ellos,  Uruguay-  plantearon  como   marco de concertación destacar la importancia  geopolítica y económica del vasto espacio oceánico en el actual esquema  mundial. Tres meses  después, setiembre 2009, se celebró  en la isla venezolana de Margarita la II Cumbre África-América del Sur, bajo el lema “Cerrando brechas, abriendo oportunidades”  enfocándose  temas vinculados a energía, minería, agricultura, salud, ciencia y tecnología , con el propósito de alentar   un acercamiento profundo entre las regiones atlántica de ambos continentes.  En la oportunidad, el presidente de Libia  -Muamar el Gaddafi- propuso la creación de una organización  regional que recibiría el nombre de “OSAN” la cual  tendría como objetivo la “ defensa de los intereses de la región” .

 

Brasil investiga con Sudáfrica  

El gobierno de Lula da Silva, ha propuesto a los países africanos del litoral  atlántico  (Cabe Verde, Guinesa-Bissau, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Santo Tomé y Príncipe, Nigeria, Camerún, Gabón, Congo, Cabinda/Angola, Namibia y Sudáfrica)  adoptar una posición conjunta ante la ONU, con el fin de obtener la concesión de lotes de explotación de los recursos minerales y el fondo marino en el Atlántico Sur.

 

Según lo establecido en 1994  por CONFEMAR, la explotación submarina de las aguas internacionales (el “Área”) está bajo jurisdicción de la Autoridad Internacional de Fondos Marinos. El ministro de Defensa de Brasil  -Nelson Jobim-  señaló que en el fondo submarino del Atlántico Sur a la altura de Porto Alegre, existe un área conocida como “Elevación del Río Grande” que tiene grandes reservas minerales que están siendo estudiadas por expertos científicos de Alemania y Rusia. Esta estrategia se enmarca en la política de alianzas Sur-Sur que alienta el presidente brasileño.

 

Simultáneamente a ello, investigadores del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales de Brasil  (INPE) se encuentran realizando la Primera Misión Oceanográfica Brasil-África, con el fin de cuantificar parcialmente el porcentaje de calor que la Célula Meridional del Atlántico Sur está transportando desde la altitudes más elevadas a las más bajas y, consecuentemente, los mecanismos con que el océano controla el clima del planeta, El Informe “Blue Carbon” de la ONU, señala que todo el carbono biológico acumulado en el mundo, un poco más de la mitad es recogido por organismos marinos, determinando que “los océanos sanos son una nueva clave para combatir el cambio climático.”

 

Uruguay y su “pradera mojada”

Uruguay comparte con Brasil y Argentina un frente  sud-atlántico, área que es considerada como una de las mayores fuentes de recursos económicos del mundo, tanto alimenticios como minerales,  que aun no ha  sido debidamente explotada.  Si bien la tierra produce por la intervención cultural y técnica del hombre, el mar produce por sus propios medios donde  el hombre cosecha sin sembrar. Frente al problema de la explosión demográfica mundial, ha llegado el momento   que los países costeros consideren a la maricultura o a la acuicultura como nuevas fuentes de alimentación para la humanidad.

 

Aceptar y tener responsabilidad de tal situación, obligan  a pueblo y gobierno uruguayo  a  destacar en su agenda geopolítica nacional,       la importancia que ha adquirido su “pradera mojada” extendida    desde el Río de la Plata hacia el Océano  Atlántico- fijando su  mirada en forma más profunda y responsable hacia el mundo más allá de su contorno inmediato. Una “pradera” que acorde a lo permitido por la Convención del Mar se extenderá de 200 a 350 millas naúticas,      

 

La vecindad sudamericana ya lo está concretando, Chile en el Pacífico, Argentina y Brasil en el Atlántico. Ëste último comenzó a explotar  un enorme reservorio de hidrocarburos que lo llevan a un destacado puesto como productor mundial. Argentina, en cambio,  carece de una actualizada política oceánica. Uruguay,  en tanto no establezca  una certera   política marítima, mantendrá su horizonte marítimo tan solo hasta la isla de Flores.

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