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"Maldito Mackbeth"
por
Joselo Olascuaga
Debió tener un
entreacto la puesta de la Comedia Nacional del
Macbeth de Shakespeare dirigido por Mario Ferreira.
No solamente porque lo que hace cuatrocientos años
la gente podía atender en cinco actos cortos, hoy no
puede atenderlo en uno solo de dos horas –hoy día es
más corta la capacidad de atención a un texto
teatral, que además está bien adaptado sin
concesiones de su profundidad y solo unas pocas de
parte de su humor y diversión, probablemente un poco
perimidos–, sino porque le hubiese dado también otro
espíritu de más movimiento y dinamismo al propio
hecho teatral, que hubiese podido ser apreciado con
mayor brío.
Lo mejor de esta
versión es la Lady Macbeth de Andrea Davidovics,
vívida, real, creíble, amplia, acertada en cada
registro, técnicamente virtuosa al servicio de un
gran talento (pero su notable performance en tan
señalado papel, no alcanzó para un éxito del
conjunto que lo hiciera notorio) el Duncan de Delfi
Galbiati que, shakespeariano solvente, no descuida
ninguno de los rasgos de su personaje y el Macduff
de Fabricio Galbiati, un actor que crece.
Funcionan
adecuadamente Isabel Legarra, Oscar Serra y Pepe
Vázquez, que nos hacen advertir la brutalidad
formidable de la obra, lo mismo que Levón, quien
resulta sobreintenso y ágil para un tratamiento
general de la dirección cuya peor característica fue
la baja intensidad y la quietud.
Pablo Varrailhon está
demasiado monocorde y arrastra todavía un cantito
personal que equivoca algunos acentos. No logra
transmitir el trabajo interior que se propuso,
aunque su concentración es titánica y su entrega
tiene verdad.
Los más jóvenes,
perdidos en Shakespeare, sin dar la talla de sus
personajes. Acaso responsabilidad del director,
porque Diego Arbelo había dado buenos motivos para
ser contratado por la Comedia y Leandro Núñez, que
también, los confirmó plenamente en El suicidado.
Daniel Spinno no hace
pie en su militar Banquo. Un estupendo actor que no
está a la altura de trabajos anteriores (por canon,
el protagónico de Damas y Caballeros).
Macbeth, un clásico
siempre interesante de dar a conocer o a revisar, en
este caso carece de la audacia con que lo trató, por
ejemplo, Kurosawa, le falta una lectura renovadora
que genere alguna polémica actualizada sobre sus
contenidos. Recuerdo las que provocó el magnífico
Mercader… de Schinca, cargando sus tintas nada
isabelinas sobre la frivolidad de la corte de
Bassanio y la humanidad profunda de Shylock, sin
salirse ni un tono de época o, con otro encare, el
reciente y excepcional Lope de Vidal.
Quienes hemos
celebrado a Mario Ferreira como experto director de
grandes textos, tenemos también responsabilidad en
la parte desacertada de esta puesta y dirección.
Esta obra requería otro enfoque y una habilidad que
le habíamos sobredimensionado para cualquier empresa
del oficio. En cierto irónico sentido le pasó a
Ferreira como a Mackbeth, derrotó a Noruega y a
Irlanda, pero no supo enfrentar a Inglaterra.
Mackbeth por desequilibrio, Ferreira acaso por ser
demasiado equilibrado. Había ganado contra el
primero y con el último de los yanquis y había
vencido hasta con el propio Shakespeare, con
Inglaterra, pero sin tener que enfrentarla. La
respetó demasiado. No lo entendió lo suficiente. O
tal vez falló en la elección o en la dirección de
actores. Su Mackbeth no nos hace sentir compasión.
Quizá porque ya no sabemos compadecernos de ese
conflicto, así contextualizado, y no es fácil
aprenderlo. Mackbeth era un desafío mayor. La
ambición, el poder, la culpa, la imaginación, las
interpretaciones de las profecías antes que de la
historia, lo llevaron a perder la oportunidad. Pero
es teatro y es la vida, dan revancha hasta el final
(dicho sin afán profético, pura constatación
histórica).
El vestuario
excelente. La música también. Las luces apropiadas.
La escenografía muy expresiva y con precisión
connotativa, luce trágica, pero es rígida y ni
siquiera en el traslado del bosque, marcado por
cambios de luces, elemento funcional clave de la
trama y de la historia, denota la dinámica que la
historia y la obra de Shakespeare tienen. Este es un
un Macbeth que resulta largo.
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