La reforma del Sistema de Salud
en el primer gobierno de izquierda,
en la historia del Uruguay
Lic. Marcelo Pérez Sánchez
marcelo.perez9@gmail.com

Aquí el estudio completo
en formato pdf

 

Uno de los acontecimientos de mayor impacto social generado por el actual gobierno del Dr. Tabaré Vázquez, fue la puesta en marcha de la “reforma de la Salud”,  en las recientes VIII Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR, se presento por parte del Licenciado Marcelo Pérez Sánchez, un muy documentado estudio descriptivo-analítico de esta reforma, que conlleva la implementación  del  Sistema  Nacional  Integrado  de Salud (SNIS). 

La ONDA digital publica este estudio completo en formato pdf.

 

Conclusiones

“La política de salud en el Uruguay, mas allá de formar parte de un sistema de bienestar agotado, no formó parte del proceso inicial de reforma del Estado que se dio en los años noventa. Es recién empezado el siglo XXI y con un gobierno de izquierda al frente, que promueve una reforma con otra orientación universalista basada en la ampliación  del  seguro  nacional  de  salud,  que  se  concreta  la  implementación  de  una  reforma  estructural  en  el sector.

 

Esta  reforma  en  parte  del  régimen  de  bienestar  podría  ser  catalogada  de  varias  formas  según  los  autores mencionados,  si  hacemos  un  esfuerzo  comparativo.  Retomando  la  clasificación  de  Esping-Andersen  (1993)  (y salvando  las  claras  distancias),  nuestro  país  está  en  camino  desde  un  régimen  de  corte  conservador  a  uno  más cercano al de la Socialdemocracia (aunque conservemos rasgos como el impuesto al trabajo y la provisión mixta que lo alejan un poco aún). Basados en la clasificación de Mesa Lago (1998), podríamos decir que estamos en el camino del “pionero” que quiere corregir  parte de sus problemas de estratificación. Pasando a la clasificación de Filgueira  (1998)  probablemente  no  hubiéramos  avanzado  en  nuestro  universalismo  en  términos  de  abordar  la estratificación,  ya  que  no  tenemos  una  política  de  corte  más  focalizada  para  los  pobres  que  enfrente  las inequidades.

 

Es interesante señalar que la dirección de la reforma, lejos de iniciar caminos de re-mercantilización como se sugería en los años noventa, el SNIS pudo avanzar en clave de desmercantilización en la medida en que el Estado asume el derecho de las personas y la responsabilidad de asegurarlo. Esta reforma tiene, porque aun está en curso, una dinámica gradual que lleva ya más de medio periodo de gobierno.   La RSS ha sido de corte transformadora no  sólo  por  la  modificación  en  su  estructura  sino  también  en  el  cambio  de  su  modelo;  pero  además  en  lo  que respecta al nivel, ha modificado tanto objetivos como  instrumentos que utiliza para abordarlos (no obstante, se ha denotado  cierto  “aprendizaje  político”  para  retomar  lo  bueno  pre-existente,  por  ejemplo  el  esfuerzo  por descentralizar ASSE del MSP).

 

Una potencial desventaja en el mediano plazo de la implementación de la reforma, es si esta política de salud, impulsada  desde  el  gobierno  puede  llegar  a  transformarse  en  política  de  Estado  sin  haber  contado  con  una coalición o acuerdo con algún otro partido (en particular el Partido Nacional, que votó algunos de los cambios propuestos en la legislación).

 

Otro   elemento   clave   son   las   competencias   del   Poder   Ejecutivo,   en   nuestro   caso   con   un   régimen presidencialista, que cuenta con la capacidad de impulsar leyes, como fueron la ley del Presupuesto Nacional y las tres que dieron cuerpo al SNIS. Además, dicho Poder, a través de su elenco de gobierno, tuvo la habilidad (vía decreto) de convocar a un espacio de trabajo colectivo de la reforma, como lo fue la comisión consultiva, lo cual permitió: legitimar la propuesta, “compartir las culpas” respecto de la iniciativa con otros participantes, y tener una propuesta relativamente negociada entre los actores previa a su envió al Parlamento.

 

El periodo donde se efectivizaron los primeros cambios, fue en el año 2007, por lo cual no podríamos hablar de que lo realizó en su período de “luna de miel”. Cabe señalar que la  misma tuvo que competir en la agenda oficial  y  en  la  valoración  de  costos  políticos  con  las  otras  reformas  que  el  gobierno  promovía,  en  especial  la tributaria, teniéndose una ausencia de estrategia intersectorial que permitiera la complementariedad que estipulaba el programa del Frente Amplio.

 

Este  manejo  de  la  agenda  de  reformas  del  gobierno,  tiene  en  los elementos del proceso, un ingrediente político a ser considerado, este es el liderazgo o referencia de las reformas con algún sector (dentro del gobierno) y los consecuentes costos políticos que los mismos asumirían por dicho “embanderamiento”. Es así que la reforma tributaria implicaba para el entonces Ministro de Economía Cr. Astori (y su sector Asamblea Uruguay) una gran parada, por la magnitud de la temática a reformar, pero también por como se vería afectada la imagen del mismo a futuro.  Desde  esta  perspectiva,  podríamos  argumentar  que  el  sector  del  partido  socialista  y  aquellas  figuras  de confianza de Vázquez, se juegan también una “chanza” con la implementación del SNIS.

 

Además de esta especulación sobre los costos políticos de las reformas para el gobierno en su conjunto y el manejo de la agenda de las mismas, que es bueno resaltar, la consecuencia de la falta de encuentro entre una y otra reforma repercutió de forma sustancial en la propuesta que fue aprobada en cuanto a la orientación y en especial al modelo de financiación del SNIS. La reforma tuvo que implementarse gravando aparte el IRPF a los trabajadores, a quienes se le sumó el aporte empresarial por tales empleados y el del Estado. Se generó así una lógica de un nuevo seguro social con una propuesta de abordaje de la estratificación de forma gradual, ya que en la actualidad, aquellos incluidos en el seguro son: jubilados, trabajadores, hijos menores o discapacitados de dichos trabajadores, estipulándose en un futuro los cónyuges y resolver aquellos casos de afiliados a seguros convencionales.

 

Pero  cabría  preguntarse  qué  pasa  con  los  trabajadores  informales,  que  en  América  Latina  y  en  Uruguay, como  señalan  Huber,  Prible  y  Stepehens  (2008),  son  una  parte  importante  de  la  población,  la  cual  no  estaría ingresando  al  SNIS  por  ahora  en  las  mismas  condiciones  que  el  resto,  sino  que  seguiría  sujeto  a  ASSE  por su condición.

 

Tales modificaciones en el Estado de bienestar que traen aparejadas la inclusión gradual de las personas al seguro nacional de  salud, generan  algunos  hechos que aparentemente serían irreversibles. Es  el  caso, a nuestro entender, de haber extendido los beneficios a los hijos menores y discapacitados. Esto resulta significativo para aquellos que del efector público aspiraban a pasar al privado, o aquellos que las familias pagaban de su bolsillo y hoy los cubre el  FONASA. En ese marco, es presumible que se genere un efecto de popularidad, donde resultaría difícil  una  marcha  atrás  de  estos  beneficios  adquiridos  legítimamente.  Una  situación,  que  podría  matizar  la apropiación de este beneficio por la población, sería que en la operativa de la reforma, al no haberse extendido las IAMC en sus servicios de atención al primer nivel en las distintas localidades y al no estar delimitado (aún) el sistema  de  cooperación-complementariedad,  aquellos  con  cobertura  en  una  dicha  mutuales,  por  problemas  de distancia territorial o por no poder asumir el costo de los co-pagos, se queden sin acceso (o en el mejor de casos le soliciten, cuando lo requieran, asistencia al efector público).

 

Sustancialmente  la  reforma  en  este  proceso  de  implementación  permitió,  además  de  esos  cambios  en  el modelo  de  financiamiento,  delinear  y  generar  un  marco  jurídico  general  para  que  el  SNIS  comience  a  andar, avanzándose en los otros componentes del cambio de modelo como era de esperar de forma bien diferencial por sus contenidos.

 

En lo que refiere al cambio de modelo de gestión se establecieron las bases del co-gobierno del sistema en su conjunto, que irá requiriendo el tiempo de aprendizaje de los distintos actores en la gestión del sistema (sobre todo los sociales: trabajadores y usuarios). En cuanto a la rectoría, la reforma terminó de consagrar en ese rol al MSP, lo  que  fue  favorecido  por  la  descentralización  de  ASSE  por  un  lado,  así  como  por  las  competencias  asignadas explicitadas en las distintas leyes. Esto fue posible en gran medida porque el equipo de gobierno en la cartera tuvo capacidad de liderazgo y contó con el apoyo del resto del Ejecutivo y del Frente Amplio. No obstante, queda por avanzar en la capacidad de rectoría respecto a los aspectos de producción de la información, fiscalización de las prestaciones, de los recursos y los acuerdos respecto a la complementariedad y la competencia administrada entre efectores. Esto requerirá un proceso al menos de mediano plazo, para su consolidación.

 

En  cuanto  al  cambio  de  modelo  de  atención,  éste  es  el  más  complejo  y  el  que  llevará  más  tiempo  para consolidarse  por  la  multiplicidad  de  factores  que  entran  en  juego  como  ser:  la  creación  de  un  sistema  de referencias  y contra  referencias  entre  los niveles  de atención que  aún no  se tiene,  la formación de los recursos humanos  y  distribución  de  los  mismos,  y  en  último  termino  la  propia  concepción  respecto  a  la  salud  de  las personas (que implica dejar la concepción de la salud referida a la asistencia y avanzar en los determinantes que hacen a la salud).

 

La capacidad emancipadora de los individuos respecto a sus condiciones de vida y en particular a la salud, a nuestro  entender,  no  tiene  que  ver  sólo  con  la  desmercantilización  ligada  a  la  consecución  del  acceso  a  tales servicios de salud, sino que se relaciona fundamentalmente con las posibilidades de las personas de empoderarse de los determinantes de salud de su entorno.

 

Entre los aportes que este trabajo quiso realizar se encuentra el acercamiento a la arena de intereses en la salud y su relación con el proceso de reforma, más allá de la diversidad de sujetos colectivos e individuales. Se evidencia  que,  el  actor  primordial  es  el  poder  médico.  Creemos  que  realmente  no  se  ha  indagado  de  forma significativa en un estudio de ellos como elite, lo cual consideramos necesario realizar en futuros trabajos para avanzar en el entendimiento de este fenómeno con múltiples roles, en su real magnitud.

 

En nuestro trabajo se evidenciaron los múltiples roles que el corporativismo médico expresó a través de sus diferentes  espacios  de  actuación:  a)-desde  su  acción  gremial  (SAQ,  SMU,  FEMI)  donde  las  reivindicaciones laborales han estado presentes antes de cualquier objetivo colectivo más amplio; b)- su acción en la dirección de mutualistas  de  su  dependencia  moldean  o  determinan  gran  parte  de  la  prestación  de  servicios  del  sistema (pensemos  en  FEMI  con  un  casi  monopolio  en  la  prestación  privada  de  salud  en  el  interior  y  en  CASMU  la mutualista con mayor número de afiliados en manos del SMU); c)-su rol empresarial en sentido estricto a través de clínicas privadas de diversos tipo (Instituto de Medicina Altamente Especializado, clínicas rehabilitación, etc.) y las emergencias móviles.

 

Sumados  a  estos  elementos  se  encuentra  la  situación  de  crisis  a  nivel  mundial  de  este  tipo  de  recursos humanos (en particular aquellos con mayor especialización), los médicos cuentan con un grado de poder que los convierte en actores centrales del sistema y parte del destino de la reforma, necesariamente tiene que ver con la correlación de fuerzas a la interna de sus gremios pero en particular a como son afectados o no sus intereses por la misma.

 

El  grado  de  poder  del  actor  médico,  que  cuenta  con  distintas  capacidades  de  veto  (dejar  sin  asistencia  en áreas delicadas de la atención como por ejemplo el conflicto de los anestesistas en el 2007, el oligopolio en el manejo de las altas tecnologías, entre otros), sumado a los potenciales conflictos con otros actores del sector como las            mutualistas  y  los  Laboratorios  Médicos  y  además  los  partidos  tradicionales,  pueden  no  permitir  la consolidación de la reforma e incluso re-estructurar en otra orientación parte de la misma, a menos que el Frente Amplio siga en el gobierno y cuente con los actuales apoyos sociales (sindicatos no médicos y la mayoría de los usuarios organizados) pro-reforma.

 

Por lo que evidenciamos, en la descripción realizada, la orientación promueve un cambio de modelo el cual no  se  ajusta  a  la  realidad  de  nuestros  recursos  humanos.  Por  lo  tanto,  es  deseable  la  indagación  de  los determinantes políticos de la generación de recursos humanos. Máxime en aquellos casos donde las instituciones que los forman cuentan con un grado de autonomía importante, como el caso de nuestra Universidad. Por lo cual, se requiere incluir en la estrategia de reforma una planificación del tipo y cantidad de recursos necesarios para un modelo de atención efectivamente distinto.

 

La implantación de la reforma sirvió para mostrar de forma más explicita, como en el juego de intereses del sector,   existen   dos   fenómenos   que   cohabitan. El   primero,   refiere   a   las   “familias”   políticas-ideológicas, representadas por un lado, por   la izquierda social (sindicatos y usuarios) y la izquierda en el gobierno, y por el otro  por  los  partidos  tradicionales,  parte  de  la  agremiación  medica  (sobre  todo  sus  representantes  actuales)  y actores  del  mutualismo.  No  obstante,  los  actores  del  mutualismo  nos  muestran  una  no  linealidad  en  la  lectura política, dado que el alejamiento o acercamiento a una u otra “familia”, fue más por conveniencia de intereses que por cercanías políticas (ejemplo, el Sr. Duran del PLEMU, votante del Frente Amplio, es duro cuestionador de la reforma, y el Sr. Magurno UM, integrante del Partido Colorado está a favor de la RSS). Un segundo fenómeno, tiene  relación  con  el  accionar  corporativo  médico,  donde  sus  miembros  a  la  hora  de  promover  o  cuidar  sus variados intereses han actuado (mas allá de simpatías políticas) con firmeza, sobre todo a través de sus distintas gremiales. Estos fenómenos que conviven, requieren ser profundizados en otros trabajos, que avancen en el mapeo en cuanto a relaciones de poder que determinan el devenir del proceso implantado.

 

Por último, cabe preguntarse si esta reforma que propicia un avance en la desmercatilización de la política social de salud, hace que podamos estar pensando en un avance de un régimen de bienestar de tipo corporativo a uno de corte social demócrata. Podría servir en tal caso emprender una comparación con otros países que puedan estar realizando proceso en ese mismo sentido”.

 

Invitamos a nuestros lectores a ingresar al
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Autor: Lic. Marcelo Pérez Sánchez;  Egresado de Ciencias Sociales / Docente de la Sectorial de Extensión y Actividades en el Medio de la Universidad de la República.

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