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El terrorismo
empezó por casa
por Raúl
Legnani
El
25 de octubre el FA se había jugado todo a ganar en
primera vuelta y no tenía previsto, por lo menos en
un comienzo, un Plan B. En cambio las dirigencias de
los blancos y de los colorados sabían que les iba a
dar mucho trabajo ganar en segunda vuelta, más
cuando unas horas después supieron que el Frente
tenía mayoría parlamentaria.
Por eso
algunos dirigentes históricos del Partido Colorado,
hablamos de Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti,
se lanzaron a la lucha política con una prioridad:
alinear a todos los colorados detrás de la fórmula
Lacalle-Larrañaga.
Nada
conformes con que el Comité Ejecutivo del PC solo
haya “recomendado” votar a Lacalle, lo que daba
posibilidades para que hubiera fugas por la
izquierda, el Foro Batllista salió a “matar” a Diego
Fau, un militante joven, hijo de un experiente
dirigente colorado que en su momento supo ser
frenteamplista y votar contra la Ley de Impunidad.
Fue así
que pareció exagerado que los foristas comenzaron a
tildar a Fau de “cretino inútil”, por haber llamado
a votar la anulación de la Ley de Impunidad y
después anunciar que votaría la fórmula Mujica-Astori.
¿Por qué
tanta ferocidad contra Fau y después contra Joaquín
Gamarra Batalla? ¿Valía la pena que corriera tanta
violencia contra dos muchachos con poco caudal
electoral? No, no valía la pena, pero había que
parar cualquier intento de fuga – ese fue el
pensamiento de los veteranos del Partido Colorado -,
porque ese ejemplo podía generalizarse.
La
movida fue en la dirección de que quien se desalinea
de las “recomendaciones” del CEN colorado, debe ser
castigado. Por eso los ataques no solo fueron contra
Fau y Gamarra Batalla, sino también contra otros
dirigentes de mayor volumen político, que incluso
llegaron a ser ministros o legisladores de Batlle,
para que no se atrevieran a manifestar su rebeldía y
se mantengan en el más absoluto silencio, aunque no
vayan a votar a Luis Alberto Lacalle.
Establecido el miedo interno – que como veremos está
teniendo un resultado relativo - , se pasó a una
segunda etapa dentro del plan del terrorismo
político generalizado. El Caso Feldman fue visto
como la gran oportunidad para que el miedo intentara
llegar a esa zona del electorado, donde hay
colorados, independientes y un porcentaje mínimo de
votantes del FA que pueden estar dudando de a quien
votan el 29 de noviembre.
Al mejor
estilo de las Fuerzas Conjuntas, se montó el gran
operativo mediático. Saúl Feldman, el extraño
personaje, había tenido un padre montonero (resultó
falso). Después se dijo que era integrante de la
Asociación Cultural Israelita Zhitlovsky, con una
larga tradición de vínculos con la izquierda
uruguaya (resultó falso). Más adelante se le
relacionó con Daniel Feldman, periodista de Voces
(resultó falso).
Cuando
ya no se sabía a quien enchastrar, se dijo que el
personaje del Caso Feldman tenía relaciones con el
tupamaro Julio Marenales - no se sabe si habían ido
a la escuela juntos o qué-, lo que nunca pudo
comprobar el doctor Batlle cuando el juez le
preguntó sobre sus declaraciones a Búsqueda del
pasado jueves.
En medio
de este escandalete, el Partido Blanco anunció que
interpelaría a los ministros del Interior y de
Defensa y para ello nada mejor que el promotor de la
iniciativa haya sido el diputado Gustavo Borsari,
especialista en provocaciones, quien tiene el triste
destino de aparecer siempre como un agredido de la
izquierda.
El ex
presidente Julio María Sanguinetti, para no quedar
detrás de Batlle, salió a acusar al PIT-CNT de haber
sido uno de los responsables del golpe de Estado,
olvidándose que el dictador Juan María Bordaberry
había sido electo por el Partido Colorado, quien
venció en 1971 al nacionalista Wilson Ferreira
Aldunate (pavada de olvido).
Lacalle,
por su parte, también tuvo su momento de gloria y
fue cuando le dijo a Clarín de Argentina que el caso
Feldman tenía “connotaciones políticas”. Por eso,
mañana o pasado, Lacalle se reunirá con Batlle para
seguir regando la estrategia del miedo, donde no se
descarta que aparezca entre las sombras Sanguinetti.
El
viernes en la noche, los lobos aullaron y fue cuando
se supo, gracias a una denuncia del diputado
frenteamplista Gustavo Guarino, que en Melo y en
otras ciudades del interior, por los canales cables,
se estaba pasando un video donde se relacionaba el
arsenal encontrado en la casa de Saúl Feldman con
imágenes de José Mujica y Julio Marenales. El spot
televisivo, como no podía ser de otra manera, estaba
escondido en el anonimato.
Ayer en
conferencia de prensa el Frente Amplio presentó una
orden de publicidad que establece que el spot lo
realizó la agencia A y B y que el cliente es:
“Partido Nacional”.
Unos
días antes el periodista de El Observador Gabriel
Pereyra denunció que su diario había recibo
presiones para que en la información vincularan a
Saúl Feldman con Mujica y Marenales. Es decir que
los promotores del spot, tenían antecedentes.
En medio
del terror generalizado una mujer batllista, que
fuera diputada y que actualmente es edil en
Montevideo, de nombre Glenda Rondán, anunció que
votará la fórmula Mujica-Astori, sabiendo que una
recomendación no es una orden. El miedo comenzó a
sentir que le quedan los días contados. Los lobos
aullaron solo un rato.
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