Restauración: golpe
bajo a Bordaberry
por Ramón Ramos Trías*

En Uruguay luego del retorno a la democracia en 1984, subsisten dos formas de expresión política que atraviesan horizontalmente todos los partidos y organizaciones políticas; una línea conservadora y otra renovadora de cómo operar teórica y prácticamente en política. De cómo primen estas dos opciones, se van a desarrollar los acontecimientos macro en la política uruguaya.

 

Un fenómeno bien interesante es que las conductas conservadoras hasta el 25 de octubre no tuvieron expresiones significativas ni relevantes, en ninguna de las organizaciones o partidos.  No obstante una observación detenida de discursos y practica política de todo este periodo que llega al 25 de octubre, permitiría ver una tendencia ascendente de las manifestaciones y esfuerzos renovadores, más allá de los resultados de la ingeniería electoral triunfante.

 

Los  mejores resultados que se obtuvieron de esta renovación fue en el Partido Colorado, donde Pedro Bordaberry duplicó su electorado y restituyó a su partido el carácter de fuerza política parlamentaria y de gobierno. Por eso resulta realmente un hecho extraordinario cómo los dos lideres más conservadores de ese partido (Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti) emergieran por estos días con el pretexto de un “alerta patriótica” con un discurso que perjudica especialmente al al futuro del triunfante Bordaberry.

 

Ningún hecho en el mundo contemporáneo por micro que sea, deja de tener múltiples causas y motivaciones en su desarrollo, y en política es dónde más se expresa este fenómeno de la multicausalidad. Pero la conducta, en las últimas horas  de estos dos viejos líderes colorados, que notoriamente habían perdido posiciones en su partido ante el impulso de la renovación, es golpear duro al nuevo líder .

 

Para esto se han valido de un viejo método “envenenar con argumentos radicales todas las redes” de la actividad política. Radicalizar todas las opciones de la política, borrar de un plumazo, lo que una y otra vez pidió Bordabeery, proclamando durante meses que la política moderna no se hiciera acusando de derechistas o izquierdistas a nadie, etc, etc. 

 

El discurso de Bordaberry en la noche del 25 de octubre proclamando que sumaria su voto al del líder blanco Luís Alberto Lacalle en el balotaje, estuvo acompañado de una imagen que presagiaba esta revancha conservadora, Sanginetti y Batlle estaban a su lado. El propio contenido del discurso del nuevo líder colorado, repitiendo un tic de los últimos 50 años, blancos y colorados, colorados y blancos uniéndose para “salvar a la patria”, lo dejaba vulnerable y hundía en un solo acto el discurso renovador permitiendo recobrar la voz a los viejos operadores de la política del terror.

 

Luego, casi cualquier insumo permitiría rearmar un discurso para llegar al balotaje. La confusa y en cierta medida ingenuidad  con que desde el Estado se manejó en tiempos electorales, todo el “caso Feldman”, arrojó en la bandeja de los conservadores colorados los elementos para confundir, enajenar y arrastrar a su camino sin salida al Partido Nacional.

 

El Partido Nacional que contiene un amplio sector que hasta ahora ha buscado contradictoriamente también una cierta renovación corre el riesgos de perder su “segunda interna” plegándose a una iniciativa batllista y colorada.

 

También la formula frenteamplista corre peligros, si pierde la calma y se encierra en las redes tendidas por los conservadores. La realidad concreta los ubica en la disyuntiva más difícil: defenderse y avanzar con una estrategia comprensible para la sociedad.

Por el momento, la expectativa y la quietud le gana a la tradicionales movilizaciones incluso a los más recientes banderazos, nadie convoca o ha sido convocado. 

 

*Politologo

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