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Delirando por el Pepe
por El
Perro Gil
elperrogil@gmail.com
Si
leerlo en la contratapa de Búsqueda parecía un
disparate, al escucharlo por Radio Sarandí el jueves
mismo en la mañana mitigó un poco el exabrupto. En
efecto, de sus palabras surgió tajante la negativa
de lo escrito por el semanario, pero a renglón
seguido, el síndrome de abstinencia a quién sabe qué
sustancia consumida, disparó la andanada de
reclamaciones hacia los directamente apuntados por
el desquiciado ex-presidente.
Disparar tanta palabra junta
sin tener pruebas para hacerlo, parece no solo una
temeridad para quien no tiene fueros, sino una
acción suicida. Pero claro, estamos en campaña
electoral y cualquier argumento es válido para
quienes ven como cierta la posibilidad de renovar
gobierno al acérrimo contrincante. Ya no bastan
artilugios constitucionales que –a la luz de los
acontecimientos- han quedado cortos desde el año
2004. Entonces hay que apelar a destruir como sea,
la posibilidad que un ex-guerrillero (que además es
el político más votado por la ciudadanía uruguaya),
llegue a ser Presidente de la República.
Hay que reclamar a éstos que
salgan a declarar su inocencia, en una inversión de
la carga de la prueba que atenta contra uno de los
más sagrados principios del derecho que consagra a
toda persona la presunción de inocencia hasta que se
demuestre lo contrario.
Entonces, ¿cómo es posible
aceptar sin más que este señor entrado en años,
realice temerarias afirmaciones sin prueba alguna,
pidiendo que declaren por su inocencia quienes de
por sí ya la tienen declarada por principio?
Seguramente de aceptarse este razonamiento
desquiciado, tendremos que salir todos los uruguayos
a declarar que somos inocentes de toda culpa
referida a este u otro caso delictivo cualquiera.
Para el Dr. Batlle, estamos todos bajo sospecha,
preparen los estrados judiciales, hagan cola señores
y desfilen a declarar para devolver el honor y la
tranquilidad a la democracia uruguaya. ¡Es de locos!
Este tipo de declaraciones que
no tienen caudal probatorio y se basan en meras
presunciones, seguramente serán analizados por el
Juez actuante (quien demostró celeridad para poner
un poco de cordura ante tanta locura mediática,
citando a declarar sobre sus dichos al involucrado).
Si algo tiene para decir y aportar, no es ante un
micrófono que debe hacerlo sino ante la propia
Justicia; ese debió ser el primer paso para develar
cualquier duda sobre la intencionalidad de su
accionar. Al no hacerlo, se presume el tinte
maniobrero electoral que tiene, resguardando a los
verdaderos interesados en que ésta acción tenga los
frutos buscados, que miran tras bambalinas.
Si al leerlo y escucharlo por
radio quedó claro que no tenía prueba alguna de sus
dichos, al verlo y oírlo nuevamente frente a los
medios a la salida del juzgado, nos quedó plenamente
confirmado: no tiene pruebas y es pura presunción
malintencionada.
Eran previsibles ataques de
baja estofa, pero tan arriesgados como éste parecían
impensables. Las responsabilidades deberá juzgarlas
el Juez, y seguramente no quedará impune un ataque a
la tranquilidad pública que por estos días fue
alterada en grado sumo no solo por los hechos de
notoriedad, sino por esta embestida rosada que
intenta recuperar lo que el pueblo le quitó tras
décadas de olvido imperdonable.
La maniobra está urdida y la
comparten varios protagonistas. Hace unos días
Sanguinetti esgrimió como “prueba contundente” un
libro (de su autoría) que asigna responsabilidad al
FA y al PIT-CNT sobre el acaecimiento de la
dictadura en el Uruguay. En verdad que parece que
se creen que somos tontos e incapaces de tener un
pensamiento racional y lógico. Ahora resulta que
alcanza con escribir un libro para que lo escrito
constituya plena prueba sobre lo que se nos ocurra
decir en sintonía con el mismo. También parece que
ahora cualquiera puede pedir declaraciones de
inocencia a troche y moche, creyendo que con esa
acción devuelven tranquilidad a una sociedad que
ellos mismos agreden y convulsionan con sus dichos.
Demencial por donde se lo analice.
Por otra parte dirigentes
políticos blancos dicen tener “datos firmes” y para
ello convocan a dos ministros al Parlamento. Claro,
acudir a la justicia con esos datos no les daría
rédito alguno, y en una de esas el Juez Jorge Díaz
podría aniquilar esas firmezas de datos con la
primera pregunta. Por su parte Sergio Abreu afirmó
que el padre del extinto Feldman era un montonero
argentino cuando en verdad era un simple carpintero
que de armas no sabía nada (ver Caras y Caretas del
6/11/09).
El “boniato” mediático lo
cierra el diario caganchero cuando atribuye
filiación al extinto Feldman con la organización
judía Zhitlovsky, con una pequeña diferencia: es
otro Saúl Feldman (Apelbaum) -el ex-árbitro de
fútbol- quien registra sus archivos y no el mercader
de armas protagonista de los últimos
acontecimientos.
Sin llegar al enchastre
absoluto, el Dr. Lacalle desliza su sospecha en un
diario argentino, ya que todo suma en este aspecto
(según piensan y actúan desde siempre esta clase
política que no se resigna a reconocer que su tiempo
terminó).
La mejor respuesta a todo este
circo será el silencio mientras dejamos que actúe la
justicia. Un silencio compañero de la verdad –que
siempre aflora- y que será coronado el 29 de
noviembre con la elección de José Mujica y Danilo
Astori como los nuevos responsables de dirigir el
futuro del nuevo Uruguay que naciera en octubre del
2004.
el perro miraba extrañado la
TV,
mientras el hombre se tomaba
una pastilla azul
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