En la era Lula, Brasil
mejoró en calidad y cantidad
Entrevista al embajador Samuel Pinheiro Guimarães

Hace pocas semanas el embajador Samuel Pinheiro Guimarães que ocupaba la Secretaría de Relaciones Exteriores del Itamaraty, fue nombrado por el presidente Lula nuevo responsable de la Secretaría de Asuntos Estratégicos de Brasil.

 

Pinheiro Guimarães que há cumplido 70 años llegó por esto al límite que la institución de la diplomacia brasileña prevé

para ocupar cargas activos em su âmbito.

 

La periodista  Cynara Menezes  entrevista para la revista brasileña Carta Capital al diplomático, profesor y escritor Pinheiro. Lo que sigue a continuación es la versión en español de La ONDA digital de esa entrevista, donde se indica que la misión encomendada por Lula al autor  de “Quinientos Años de Periferia” es planificar las estrategias hacia 2022, fecha en que se cumplen los 200 años de la independencia brasileña.

 

- Después de años en el Itamaraty, ¿a usted le llama la atención el cambio hacia otro ministerio?

- No. En mi carrera, trabajé en la Sudene, como periodista en la antigua revista Visão, en una gran empresa de ingeniería en San Pablo, fui vice-presidente de la Embrafilme…

 

- Cuando el ministro Celso Amorim era presidente (en 1982), ¿no es así? Esta sociedad viene de larga data.

-  Somos amigos desde 1962, yo estaba en segundo año en el Instituto Río Branco y él en primero. Trabajamos juntos varias veces dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores. Y nos convertimos en consuegros: mi hija está casada con un hijo de él.

 

- Usted llegó a tener un cargo en el gobierno de Fernando Enrique Cardoso, del cual fue apartado por hacer restricciones públicas al ingreso del país en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), ¿no es así?

- En 1995, fui designado director del Instituto de Investigaciones de Relaciones Internacionales y permanecí en el cargo hasta 2001. Expresé mi opinión sobre lo que consideraba riesgoso para la economía brasileña en caso de que el país participara en el ALCA. En entrevistas, artículos e incluso en mi libro “Quinientos Años…”, que es anterior a 1999, donde hay todo un capítulo sobre este tema. Dos años después, entendieron que el debate no era oportuno. Y yo entendí que lo era.

 

- El tiempo demostró que usted estaba en lo cierto.

- Sí, habría sido gravísimo. Hoy no tendríamos el Banco do Brasil como banco estatal, ni la Caixa, ni el BNDES, que fue lo que permitió que evitáramos un impacto más grande de la crisis financiera. Sufrimos un impacto en el área de las exportaciones, porque los otros países se fueron contrayendo. Pero internamente no, en gran medida gracias a que el sistema de crédito brasileño estaba reglamentado y, en caso de que se firmara el ALCA, estaría altamente desregulado. Eran las ideas de esa época. Por otro lado, no tendríamos a la Petrobrás y, por lo tanto, no se si tendríamos el pré-sal.

 

-  Usted se ha involucrado en el tema energético. ¿Será ésta una de sus prioridades en la secretaría?

- Una de las áreas que el presidente marcó fue el desarrollo de un proyecto para Brasil en 2022. Eso abarca, naturalmente, la energía. A nosotros nos gustaría, también, que Brasil tuviese cierto nivel de renta. Esto significa un aumento de la producción y de las inversiones, inclusive en el área de la energía. Otra cuestión importante es definir una estrategia de desarrollo de la Amazonia.

 

- ¿Usted se considera un nacionalista?

-  Considero que ubico los intereses de Brasil, de los brasileños, de las empresas brasileñas, por encima de los intereses de las que no lo son.

 

-  La política Sur-Sur, ¿fue idea suya?

- No me considero el impulsor de la política externa. El presidente y el ministro Celso Amorim tenían una idea muy precisa de las prioridades. La primera era la relación con los vecinos de América del Sur, después África. Sólo ahí ya tenemos prácticamente dos tercios del Sur. El presidente, cuando asumió, tenía una vastísima experiencia internacional que, en aquel momento, no tuvieron en cuenta, había hecho más de una centena de viajes al exterior. El primer mandatario extranjero que recibió en su casa fue a Helmut Schmidt (canciller alemán de 1974 a 1982), si mal no recuerdo.

 

Cuando visitó Libia por primera vez como presidente, con gran preocupación por parte de la prensa, ya había ido tres veces antes, conocía al líder de la revolución. Era totalmente experimentado en el trato de las cuestiones internacionales. Y Celso Amorim ya había sido embajador adjunto en las Naciones Unidas, en Ginebra, en Londres. También tenía una vasta experiencia internacional, en temas políticos y económicos, lo que no es muy común. Tal vez, por lo que ya escribí, haya tenido la posibilidad de colaborar para que ciertos temas fuesen considerados estratégicos, como la cuestión de la integración sudamericana.

 

-  ¿Brasil se está despegando de la periferia sobre la que usted trata en su libro?

- Aún queda mucho por hacer, pero, sin duda, se está alejando el número de personas bajo la línea de pobreza cayó, creció la llamada clase media. Aumentó el número de personas pobres en la universidad, a través de ProUni, los empleos formales. El salario mínimo subió por encima de la inflación. Brasil es el segundo mayor país subdesarrollado en términos de ingreso de capitales, después de China. Y los capitales extranjeros vienen porque es lucrativo, no vendrían para perder. No quiere decir que muchas cosas no existiesen, pero existe una diferencia en la calidad y en la cantidad muy grande. Las exportaciones se multiplicaron por cuatro, el comercio con África se quintuplicó. Sin embargo, existe un manto de silencio conveniente sobre los acontecimientos… Siempre se puede decir: se multiplicó por cinco, pero… Es la famosa palabra que hoy encontramos con frecuencia, “pero”… Como un titular que vi el otro día: “El empleo aumentó, pero la informalidad no disminuyó”. Siempre hay un “pero”.

 

- ¿Usted cree que existe mala voluntad hacia el gobierno?

- No es mala voluntad. Hoy en día, específicamente, existe un asunto político, de embate político entre partidos.

 

- ¿La prensa está incluida en esto?

- Diría que existe una cobertura insuficiente de los logros y una excesiva cobertura de los pequeños eventos. Se toma una cosa nimia, se crea una enorme repercusión y enseguida desaparece. No se comprueba y desaparece. Pero la población brasileña sabe de los logros del gobierno. Nadie tiene estos índices de popularidad luego de seis años y medio por casualidad.

 

- Luego de la elección de Río para las Olimpíadas, comenzó a releerse el libro “Brasil, el País del Futuro” de Stefan Zweig, antes visto de forma peyorativa, como si Brasil nunca fuese hacia…

- Sí, la idea despreciativa de que Brasil pertenece al presente, nunca al futuro. Tal vez Zweig haya sido un profeta, tal vez el futuro ya haya llegado. El futuro está en curso.

 

- El presidente Lula lo llama el gurú de Hugo Chávez. ¿Cómo es eso?

- El presidente Chávez conoció mi libro Quinientos Años… y lo leyó, según dijo, varias veces. De modo que es una forma cariñosa de manifestarse. Es una exageración. Chávez no necesita de un gurú.

 

- Últimamente, el ex-ministro de Relaciones Exteriores mexicano, Jorge Castañeda, insinuó en una entrevista que la idea de darle asilo a Manuel Zelaya en la embajada brasileña en Honduras fue suya.

- No hay nada de eso. El presidente Zelaya procuró la Embajada de Brasil. Él es el presidente electo, legítimo, que fue depuesto por un golpe de fuerza. Entonces es el presidente que Brasil reconoce. Los golpistas son quienes no pueden tener un embajador aquí.

 

- Usted tiene fama de ser un profesor muy estricto en el Instituto Río Branco. ¿Es tan así?

- Al contrario, soy un profesor muy indulgente. ¿Usted vio mi reloj de arena? (Se publicó que Guimarães contaba el tiempo de sus subordinados con un reloj de arena) Nunca existió. La gente inventa cosas.

 

- Usted fue acusado de adoctrinar diplomáticos, obligándolos a leer libros supuestamente izquierdistas.

- Era una idea de reciclaje. Cuando el diplomático retornaba a Brasil, antes de volver a trabajar, le pedía que leyesen ciertos libros. Primero, la vida del Barón de Río Branco: la gente debe conocer al patrono de su casa. Es un libro de Álvaro Lins, considerado la mejor biografía del barón. Después, un libro sobre la economía de Brasil de 1930 a 1964, del profesor Ricardo Bielchoswski, con prefacio de Roberto Campos y Celso Furtado, lo que demuestra su exención. Tanto un economista más a la izquierda como otro más a la derecha, consideran que es un libro muy bien hecho. Y, por último, Brasil, Argentina y Estados Unidos, de Luiz Alberto Moniz Bandeira. El día en que leer libros se considere algo nefasto, estaremos muy mal.

 

- ¿Cómo responde usted a las acusaciones de ser anti

estadounidense?

- No me considero antiestadounidense, estoy siempre a favor de Brasil. Los EE.UU. son el país más importante del mundo. En todos los temas, la posición americana es muy importante, fundamental. Medio ambiente, comercio, asuntos militares, políticos. Pero la visión de los EE.UU. a veces es distinta de la de Brasil, es eso y nada más. Ahora, en muchas ocasiones del pasado, la gente juzgaba que era conveniente para Brasil alinearse con los EE.UU. de una forma, en mi opinión, excesiva.

 

- Leí que usted también detesta la globalización…

- Nadie puede detestar un fenómeno, la globalización es un proceso histórico. Pero quizás el mundo estuviese más integrado antes de la Primera Guerra Mundial de lo que lo está hoy. La gente podía viajar sin pasaporte, migrar libremente de un país a otro, no había ninguna restricción al flujo de capital… Si nosotros hubiésemos cumplido la política neoliberal que abogaba por la globalización, estaríamos hoy en una situación dificilísima, gravísima. Si nos estamos recuperando es porque los gobiernos anteriores, al aplicar las políticas neoliberales, no consiguieron avanzar hasta donde deseaban.

 

- ¿Cómo siendo comunista se afilió al PRB, partido del obispo Marcelo Crivella, de la Iglesia Universal? ¿Es un comunismo cristiano?

- Es otra desinformación. Fui propuesto por el PRB para el cargo, pero no soy afiliado al partido.

 

- ¿Y, es comunista?

- Creo que eso no se pone… No soy afiliado a ningún partido, ni al PT. Soy un progresista.

 

Traducido para LA ONDA digital  por Cristina Iriarte

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