|
Balotaje 2009:
“Si no pasa nada raro”
por Raúl
Legnani
Las
encuestas confirman que la fórmula José Mujica-
Danilo Astori no pierde adeptos, mientras que a la
fórmula del Partido Nacional, le ocurre lo
contrario.
A la vez
el comportamiento electoral de los uruguayos muestra
que la fórmula progresista no logra saltar el techo
del 49% y que se mantiene un número importantes de
indecisos que pueden llegar a definir y establecer
un final reñido.
Por el
momento y siempre según las encuestas, Mujica y
Astori están más cerca de llegar al gobierno que los
candidatos blancos, Lacalle y Larrañaga (habrá que
ver como incide el apoyo espectacular de Manuel
Flores Silva a Lacalle, aunque los analistas, de
todos los partidos ,dicen que no tendrá ningún tipo
de significación, debido a que las encuestas lo dan
por debajo del joven y batllista Diego Fau, quien
apoya a la fórmula progresista).
En esta
semana entramos en lo que será la gran campaña
electoral televisiva y radial, donde las fórmulas
presentarán sus últimas ideas y propuestas, con la
intención de volcar a los indecisos y potenciales
votantes en blanco o anulado.
Por lo
vivido en los últimos meses hay pocas esperanzas de
que los uruguayos vayamos a presenciar un gran
“debate publicitario”, en tanto los asesores
publicitarios de las dos fórmulas han presentado muy
pocas ideas y mucho menos creatividad (estamos
viviendo de las peores campañas televisivas de las
últimas décadas).
Tampoco
hay que esperanzarse con un gran debate
programático, debido a que los candidatos del
partido blanco tienen como única propuesta el miedo,
el terror y la mentira descarada, mostrando que
tienen los ojos en la nunca y que siguen pensando y
actuado como en la década de los 60, donde la falsa
contradicción orden-caos les permitió parir a la
dictadura para detener el cambio que se vestía de
rojo, azul y blanco.
Esta
receta de orden versus caos, seguramente cuenta con
algunos aportes del comisario Alejandro Otero y por
eso los blancos vieron la oportunidad de transformar
el caso Feldman en la última oportunidad para
revertir la segura derrota que se divisa en el
horizonte y que ha llevado al senador nacionalista
Heber Da Rosa a tomar distancia de los spot del
miedo que introdujeron en algunos canales cable del
interior del país.
A pesar
del fracaso de la estrategia del miedo o como ha
dado en llamar La República, la Operación Canalla,
igual insisten con ella, con el apoyo de los
sectores ultraderechistas del país, primos hermanos
de los que fueron procesados y condenados por la
aplicación del artículo 4to de la Ley de Caducidad,
haciendo correr rumores y correos electrónicos sin
firma o pintando sobre la bandera del Frente Amplio
una ametralladora.
Todo
este clima enrarecido, que jamás tuvo como
participante a la izquierda frenteamplista, ha
llevado a que en los últimos días de la campaña
electoral no surjan los grandes temas del país. El
partido de los blancos, a esos que Venancio Flores y
Juan María Bordaberry persiguió, ha mostrado que
bajo la conducción de Luis Alberto Lacalle se ha
transformado en una factor de peligro para la feliz
convivencia de todos los uruguayos. Es, por cierto,
una verdadera lástima, porque todos imaginábamos,
antes de las elecciones internas, a un auténtico
Partido Nacional y no una oficina de disparar
estiércol al primer adversario que se le cruzara.
A pesar
de estos horrores cometidos por la dirigencia
blanca, el Frente Amplio puede caer en la tentación
de creer que ya está todo ganado y terminar
perdiendo.
La
fórmula Mujica-Astori no ha desafinado, aunque los
dos candidatos tienen humores distintos. Las Redes
Frenteamplistas han mostrado un alto nivel de
creatividad y de espíritu juvenil, que han permitido
que la alegría haya quedado en manos del
progresismo, incluso en medio del terror.
Pero a
esta victoria, que puede ser por un “pelito” pero
también por dos o tres puntos, aún le falta la
militancia organizada y activa de la estructura del
Frente Amplio.
Como
dijo el politólogo Luis Eduardo González, de la
consultora Cifra, Mujica y Astori solo pueden perder
“si no pasa nada raro”. Pero en la historia de los
pueblos lo “raro” ha sido bastante frecuente y en la
mayoría de los casos terminó siendo decisivo por la
soberbia de quienes festejaban antes de entrar a la
cancha.
LA
ONDA®
DIGITAL |