No contaban con mi astucia*,
ni con el Plan Ceibal...
por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com

El Plan Ceibal, entre otros puntos fuertes que tuvo este gobierno, podríamos agregar al título elegido. Es que, a la luz de la estrategia (¿?) elegida por los blancos, la instrumentación de este plan educativo de una computadora por niño (que comprende a toda la familia como se ha podido comprobar), fue un elemento que no tomaron en cuenta los ideólogos de la campaña mediática impulsada recientemente. Ni éste punto ni toda la obra política que ha tenido su eje central en la inclusión social, parecen haber sido considerados por parte de quienes pergeñaron una campaña sucia, de baja estofa, falsa y que increíblemente dirigieron a un sector solamente de la población nacional excluyendo a quienes residen en la capital.

 

Con tal herramienta de información (la TV quedó en un segundo plano a esta altura), la población cuenta con elementos para acceder a sitios objetivos y veraces para formarse una opinión. Ya no alcanza con la palabra de caudillos o líderes políticos que ven caer estrepitosamente su credibilidad al esgrimir argumentos de otras épocas que la población ya descartó en anteriores ocasiones. Hoy acceder a la verdad es más fácil y ésta no se construye solamente con la palabra (y menos de líderes con menguada o nula credibilidad), la que pasa a ser un elemento más pero ya no el único.

 

Y si para colmo, no hay elementos de prueba que consoliden los dichos, la proximidad al ridículo es tan grande que presume un efecto rebote diametralmente distinto al pensado por los promotores. Está muy fresco el recuerdo del año 2004 cuando el Partido Popular español divulgó una noticia falsa que fue destruida de inmediato por las redes auto convocadas que no perdonaron la mentira y volcaron la elección a un día de producirse la misma. Y para no irnos fuera de fronteras, en ese mismo año se pretendió una campaña de miedo cuando se invitaba a “despertar” a los uruguayos advirtiendo sobre el pasado terrorista de los tupamaros, la consecuencia fue la peor votación que registre el Partido Colorado,  que el novel líder colorado leyó claramente despegándose rápido del tema.

 

La primera impresión es que vistos los resultados obtenidos el pasado 25 de octubre, decidieron recuperar los votos perdidos en el interior, presuponiendo que se las verían con un electorado más vulnerable en cuanto a información se refiere, obviando –claro está- herramientas que instaló este gobierno y que achicaron notablemente la brecha comunicacional. Parece ser que aún no se percataron que vino un gobierno que dio vuelta el mapa y consideró primero al interior profundo dejando el centralismo montevideano que por décadas sólo recordaba al interior cada cinco años para ir a pedir su voto.

 

Así fue como se pautó una campaña publicitaria (por más que le quieran dar otro nombre), exclusiva para medios del interior del país, presuponiendo esa vulnerabilidad expresada y dejando en evidencia el menosprecio intelectual del que son objeto aquellos a quienes dirigen el mensaje. Pero lejos de obtener réditos favorables, están cosechando pérdidas, la primera de ellas –previsible y esperada por muchos frenteamplistas- es la no realización del ansiado debate entre las fórmulas. Instrumento de campaña que pretendían utilizar –hasta con desesperación- los blancos. A esa primera consecuencia se empiezan a sumar las opiniones de destacados dirigentes que toman distancia de un recurso malintencionado de divulgación de noticias falsas como si fueran ciertas. Y decimos falsas pues tras la parafernalia de su enunciación sólo cabía la contundencia de la prueba, que nunca existió ni existe. Si el delito de alarma pública estuviese tipificado, éste sería un claro ejemplo donde aplicarlo.

 

Una alarma pública generada no por la presunción falsa lanzada, sino por la indignación que origina escuchar y ver a ciertos personajes responsables de uno de los peores gobiernos padecidos en el Uruguay, arrogarse el derecho divino de exigir declaraciones de inocencia cuando bien sabe que todos somos inocentes y se debe probar la culpabilidad como principio.

 

 Sin embargo arremetió con exabruptos verbales sin fundamento, debiendo reconocer ante el Juez de la causa Feldman, que lo suyo eran meras presunciones sin respaldo fáctico. No obstante ello, y ante la inimputabilidad que parece gozar, sigue arengando la misma falsedad (sólo así puede llamarse una afirmación sin pruebas), ante los medios complacientes que prestan sus micrófonos y cámaras para la operación mediática. Operación que empieza a volcarse en contra de los promotores y lejos de obtener el ansiado éxito buscado, genera rechazo e indignación bajando notoriamente el nivel de una ya de por sí pobre campaña electoral. El mal humor se instala en un Lacalle que no soporta las repreguntas sobre el tema a sabiendas de la vulnerabilidad que tienen por la falta de méritos y la bajeza del recurso.

 

En suma, no contaban con la astucia de un gobierno que vino a dirigir los destinos del país pensando en su gente y mejorar su calidad de vida empezando por hacer cierta la máxima artiguista de que los orientales sean valientes en la misma proporción que ilustrados.

 

Hoy saben nuestros chicos de todo el país -y sus padres también- que el Pan de Azúcar, además de ser un cerro del departamento de Maldonado, fue un banco fundido y estafado durante el gobierno del Dr. Luis Alberto Lacalle y –seguramente- no quieren repetir la historia.

 

el hombre no podía creer lo que veía por la TV,

el perro ladraba a ese personaje de disfraz colorado

 

*frase célebre del Chapulín Colorado, del actor mexicano Chespirito.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital