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Joaquín Sabina en
“Vinagre y rosas”
por Jesús
Miguel Marcos
Se
conoció en Madrid en los últimos días un nuevo disco
de Joaquín Sabina 'Vinagre y rosas', su primer disco
en cuatro años. Este fue el diálogo que el cantautor
español tuvo con el periodista Jesús Miguel Marcos,
del diario Público es.
-
Artistas jóvenes, ¿le gusta alguno?
- Estoy muy fuera de
onda. Para mí los más jóvenes son los Pereza, que ya
tienen más de 30. También Quique González, Concha
Buika... Pero de ahí para abajo ya me pierdo, no sé
lo que hay. No sé, tendré que hacer cola un día de
estos para ver a los Jonas Brothers (risas). Pero no
puedo opinar, porque por debajo de los 30 años no sé
lo que está pasando.
- Cuando uno se llama
Joaquín Sabina, ¿cuesta encontrar a alguien que le
lleve la contraria? Bueno, Benjamín Prado (con él ha
escrito la mayor parte de canciones de su nuevo
disco, Vinagre y rosas).
- Yo no soy la
caricatura del tipo del bombín. Ese es el que sale
al escenario. Soy infinitamente más pie a tierra que
eso, como sabe toda la gente que me conoce y que me
llevan la contraria todo el tiempo. No tienen razón,
pero me llevan la contraria (risas).
- ¿Cómo ha sido ese
matrimonio con Benjamín?
- Como todos los
matrimonios, sin sexo (risas). No, escribir a cuatro
manos ha sido fantástico. Es algo que no había hecho
nunca. Nos basamos en sus experiencias, porque
atravesaba un bache sentimental gordo. Y tanto su
bache como mi seca, porque era una época en la que
no me venían canciones, las curamos juntos en Praga
tomándonos unas copas y discutiendo cada coma.
¿Por qué no hay
inspiración en su “felicidad doméstica”?
-Yo casi todas las
películas que veo son de un tipo que sale de la
cárcel después de matar a no sé cuántos, y los
versos que me encantan de César Vallejo suelen ser
más vinagre que rosas, y las canciones de amor más
hermosas son las más tristes. En la melancolía, en
la amargura, en la desesperación florecen mejor el
tipo de musas que a mí me gusta cortejar. La
felicidad doméstica es cojonudo para vivirla, pero
desde luego para contarla es un desastre.
- ¿Para qué sirve una
canción?
- Bueno, las primeras
que haces quieres que sirvan para follar. Y a veces,
para qué te voy a engañar, sirven. Lo peor es cuando
le sirven a otro. Cuando te dicen: ayer estuve
echando un polvo escuchando una canción tuya. Pues
no, las hice para follar yo (risas).
- Hace unos días
apoyó un manifiesto en el que se pedía una salida
progresista a la crisis. ¿Lo está haciendo mal
Zapatero?
-
Esa es una pregunta que no sé si
puedo contestar. En su día hice lo de la ceja por
miedo a la derecha y por un cierto apoyo a una
política de buenismo progresista, pero ahora el
momento es mucho más complicado y no sé si lo
volvería a hacer. Pero desde luego, no me gustaría
que este país lo gobernara la derecha, y menos esta
derecha que tenemos. En todo caso, si me dijeran hoy
que hiciera lo de la ceja diría que he quedado con
una chica (risas).
- No es mala excusa.
- ¡La mejor! (más
risas).
- ¿Qué crisis es
peor, la económica o la creativa?
-
La educacional. Estoy bastante
horrorizado de ver el lenguaje que hablan los
jóvenes, los grandes hermanos, los triunfitos y
todas esa cosas. Esos programas donde parece que
si no hablas con faltas de ortografía y eres
analfabeto no te llaman.
- ¿Por qué ‘Vinagre y
rosas'?
- Pues vinagre es el
desamor y las rosas el amor. Me gustan los
contrarios porque soy contradictorio. Dudo todo el
tiempo.
- Guti hace coros en
el disco. Siendo usted del Atleti, ¿es para que el
Madrid siga perdiendo?
- Yo soy del Alcorcón,
que quede claro (risas). Guti vino con los Pereza,
que es amigo suyo. Y coincidió con Serrat. Era muy
divertido verles hacer coros juntos.
- ¿Qué tal canta Guti?
- Mejor que Serrat
(carcajadas).
- ¿El sarcasmo y la
ironía no le van a abandonar nunca?
-
Son instrumentos cosméticos para
disfrazar que uno es un baboso ternurista.
- Y ahora se embarca
en una gira mastodóntica, y esta vez sin Serrat a su
lado.
-
Sí, eso tiene un lado malo y un lado
bueno. El bueno es que no tengo que darle la mitad
del dinero a un catalán (risas). Y el lado malo es
que estoy solo debajo del foco, cuando con Serrat
nos apoyábamos uno al otro muchísimo.
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