Balotaje 2009:
falta una eternidad
por Raúl Legnani

El próximo domingo se sabrá quién será el próximo presidente de la República. Falta una sola semana, pero todos tenemos la sensación de que falta una vida, que la fecha no llega nunca y que aún queda mucho por delante.

 

Lo dicho es válido tanto para la fórmula Mujica-Astori, como para la fórmula de los blancos, Lacalle-Larrañaga. Pero los adherentes a esta última propuesta se encuentran desanimados y estancados en las encuestas, mientras que los frenteamplistas recobraron el humor y la juventud en las últimas semanas.

 

La alegría está del lado del Frente Amplio, mientras que el malhumor, las respuestas desencajadas, los encontronazos con los periodistas han sido apropiados por el doctor Luis Alberto Lacalle, que confunde muecas con sonrisas.

 

Pero no está todo dicho. Es tradicional que la derecha gane posiciones en el día de las elecciones. En los comicios de 2004, cuando Tabaré Vázquez ganó en primera vuelta, pasó algo de eso. Es que los indecisos son ciudadanos por lo general complejos, cuando hablamos de cómo captan la realidad y las propuestas de los candidatos.

 

Ideológicamente tienen una conformación predominantemente conservadora, en la medida que el solo planteo de la duda los muestra alejados de todo riesgo, factor que siempre está contenido en cualquier propuesta progresista y de cambio, porque culturalmente los uruguayos fuimos educados durante décadas en que lo tradicional es lo seguro.

 

Cualquier análisis más o menos racional, tendría que ubicar al riesgo dentro de la fórmula Lacalle-Larrañaga, porque el mayor peligro que tiene el país es el retorno a las políticas neoliberales y no la continuidad de los éxitos del gobierno de Tabaré Vázquez, que también fue de Mujica, de Astori, de Gonzalo Fernández, de Víctor Rossi, de María Julia Muñoz, de Marina Arismendi, así como de otros ministros y directores de empresas públicas, de la bancada de legisladores y de los 8 intendentes y los correspondientes ediles.

 

Si esto es así, no cabe la menor duda de que el Partido Nacional va a pelear hasta el último segundo. Ya lo está haciendo, mostrándose agresivo con una publicidad que por un lado quiere identificar al caos con Mujica, a la vez que ofrece el oro y el moro al grado que exhibe el sueño de un país con gasto social y sin pagar impuestos. Una propuesta que tiene más de Walt Disney, que de estadistas.

 

Este planteo electoral de Lacalle (la derecha) no es nuevo. Lo viene haciendo desde 1971 cuando el general Líber Seregni fue el candidato presidencial y lo repitieron en todas las elecciones: primero el miedo, después el ofrecimiento facilongo de mejoras de calidad de vida. Pero una vez que llegaron al gobierno, iniciaron su gestión con ajustes fiscales, con rebaja salariales, con disminución del gasto social. Y cuando al final de su gestión tenían que volver a ganar, sin importarles la seriedad fiscal, se subieron en todos los años al carnaval electoral.

 

Se nos podrá decir que no propusieron nada nuevo, pero es deber nuestro reconocerles que tienen rostro de piedra y que con su propuesta son capaces de disputar la mitad del electorado nacional al Frente Amplio, aunque el presidente Tabaré Vázquez, gobernante progresista, se vaya a su casa el próximo 1º de marzo con más del 70% de popularidad.

 

La pregunta que uno más escucha entre los frenteamplistas tiene una sola letra: "¿Y?". Es una interrogante cómplice, que busca crear afecto y que reclama del otro que le diga "ganamos". Si esto es así, es claro que es una actitud que paraliza, que no convoca a ganar nuevos votos.

 

En estos siete días que faltan para concurrir a las urnas tiene un doble desafío. Por un lado no perder la alegría que supieron crear las Redes Frenteamplistas y por otro lado pelear voto a voto en las barriadas.

 

Un buen ejemplo de esto ha sido Maldonado, uno de los departamentos más complejos por historias complejas, valga la redundancia, de la interna frenteamplista, donde su dirigencia a sabido combinar la presencia de la bandera, con el trabajo mano a mano de sus principales dirigentes. Ayer, mientras que en Montevideo se realizaba la marcha ­ por cierto un poco desordenada­ el intendente Oscar de los Santos, los diputados Darío Pérez y Pablo Pérez González recorrían Aiguá, rincón a rincón, esquina a esquina. En cada casa no preguntaban "¿Y?", sino que pedían el voto a los ciudadanos. Y el próximo 25 de noviembre tienen en Maldonado la presencia de la fórmula presidencial. Este parece ser el camino del triunfo, que no está lejos pero que no hay que festejarlo por anticipado. Hay votos batllistas que se identifican más con Mujica que con Larrañaga y hay votos de la izquierda de Asamblea Popular que sienten que la comunidad de sangre está con el Frente Amplio y no con el conservadurismo del Herrerismo. Allí hay que tirar el anzuelo; pero para eso hay que ir a pescar.

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