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Brasil entre israelíes,
palestinos e iraníes
por el
profesor José Flávio Saraiva
Es
inocente la interpretación de que la visita a Brasil
de tres líderes del Oriente Medio en un intervalo de
días sea coincidencia. Un cálculo diplomático
nacional y la oportunidad abierta hacia los
intereses nacionales en el juego de ajedrez
mantenido a la distancia por el poder de Washington,
explican los hechos y los personajes que desfilan en
la capital de la República en estas semanas animadas
de noviembre.
Brasil
se viene esmerando para convertirse en un actor
global. Desea estar más cercano a los grandes temas,
más allá de la maraña del primer círculo concéntrico
de su influencia en América del Sur y de los guiones
afro-asiáticos que engendró en dirección a los
emergentes del orden internacional multipolar y
sincrético que se instaló en el mundo. Los Estados
Unidos se encaminan lentamente hacia la realización
de lo prometido en materia de política externa en el
onírico discurso de la victoria electoral de Obama
hace un año. A Brasil y a los Estados Unidos les
conviene un escenario de cooperación más estrecho.
Llegó el buen pretexto, que comenzó con Shimon
Peres, presidente israelí, y se continuó hasta el
desembarco del jefe de Estado iraní, Mahmud
Ahmadinejad.
El nuevo
gobierno yanqui, después de un año de una modesta
actuación en el Oriente Medio, necesita dividir y
tercerizar, en parte, la política de convencimiento
de las intenciones de diálogo con la potencia persa
y con los palestinos menos radicales, como en el
caso del debilitado presidente de la Autoridad
Palestina, Hahmud Abbas, uno de los visitantes
ilustres a Brasilia. Obama no necesita de
mediaciones, sino de piezas intermediarias en el
juego sin fin de las tensiones históricamente
acumuladas en la relación de los Estados Unidos con
Irán, en especial en lo que concierne a su
controversial tema nuclear y al financiamiento de
grupos radicales palestinos.
Las
decepciones brasileñas derivadas de la agenda
bilateral con los Estados Unidos alejaron un poco a
Brasilia de Washington en los últimos meses. El
retorno del proteccionismo industrialista en el
Norte, el silencio de Obama en los temas del etanol
antes estimulado por Bush, el uso de bases
colombianas por parte de militares norteamericanos,
las diferencias de metodología diplomática en el
caso de la crisis de Honduras, un embajador
norteamericano que nunca llega a Brasil, entre otros
aspectos, ponen en evidencia esta tendencia.
Las
visitas israelíes, palestinas e iraníes son, por lo
tanto, un buen pretexto para estimular un nuevo
marco de cooperación entre los Estados Unidos y
Brasil. El gobierno Lula colabora con un esfuerzo
global, colateral, de búsqueda de canales
complementarios, de superación de conflictos de
interés de Washington, aleja un poco la relación
Caracas-Teherán, ayuda a la diplomacia brasileña en
la construcción del diálogo directo entre las
partes, de las cuales Brasil, felizmente, no forma
parte, y no lo debe hacer. No podemos importar
contiendas internacionales que no nos pertenecen, o
con las cuales no tenemos medios para actuar de
forma soberana. Podemos, sin
embargo, promover un espacio de diálogo. Es
lo máximo que Brasil puede hacer en los complejos
temas del Oriente Medio.
¿Qué
gana Brasilia ante el desplazamiento geográfico de
los focos de los diálogos promovidos
tradicionalmente por los europeos en los temas del
Oriente Medio hacia un país emergente, ubicado al
Sur de las nuevas relaciones internacionales del
nuevo siglo, con ambiciones de recomponer la cúpula
de responsabilidades? Promueve la proyección
internacional del país y reduce la crítica al
carácter egoísta de la política externa brasileña
que no asume riesgos, a la espera del vencedor de la
guerra para recoger los frutos. La exposición
externa, con responsabilidad y cálculo, es un valor
positivo en la inserción internacional de los
Estados cautos, como lo es Brasil.
En
segundo lugar, Brasil demuestra, en el campo de los
valores, que los conceptos brasileños de relaciones
internacionales, como la convivencia tolerante de
los contrarios, es todavía posible en el mundo en
que vivimos. Es aleccionador para los visitantes
notar que un país continental puede abrigar a
opuestos sin dejarse llevar por una lucha
fratricida, como aquellas que aún se libran en el
Oriente Medio. Aquí los primos judíos y palestinos
viven en paz.
Y por
último, como la política internacional no se hace
sólo a partir de la diplomacia y de los valores,
reconozcamos que el mismo capitalismo brasileño que
se anima con los proyectos de infraestructura e
inversiones en América del Sur y con la
diversificación de la expansión comercial hacia
África y Asia, ya tiene a la región del Oriente
Medio como un área importante de reconquista de
negocios. Quien fue a Irán sabe que Brasil ya está
allá y hace negocios importantes. Se cierra el ciclo
de las oportunidades y de los cálculos, propios a un
país que comienza a avanzar hacia su madurez
internacional. Una buena noticia para un joven
Estado que se acerca a su bicentenario.
José
Flávio Sombra Saraiva es profesor titular de
Relaciones Internacionales de la Universidad de
Brasilia, investigador del Consejo Nacional de
Desarrollo Científico y Tecnológico CNPq y
director-general del Instituto Brasileño de
Relaciones Internacionales
Fuente:Meridiano 47
Traducido para La ONDA digital por
Cristina Iriarte
José Flávio Sombra
Saraiva:
profesor titular de Relaciones Internacionales de la
Universidad de Brasilia, CNPq y director-general
del Instituto Brasilero de Relaciones
Internacionales IBRI.
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