Nueva presidencia de la UE
Le cobran a Blair
por sus errores

El primer ministro de Bélgica, el conservador Herman Van Rompuy, fue elegido  nuevo presidente de la Unión Europea, un nuevo cargo que se ha creado de acuerdo las disposiciones del Tratado de Lisboa, la británica Catherine Ashton, asumirá el cargo de jefa de Política Exterior y Seguridad y el de vicepresidenta de la UE.

 

La designación significó equilibrio entre las familias políticas europeas (uno es conservador y la otra, laborista), geográfico y también al equilibrio de género.

 

El bajo perfil de las personalidades elegidas para presidir y representar en el exterior a la UE - respectivamente- se corresponde de forma muy expresiva con la etapa histórica que comienza, al arrancar el día 1º del próximo diciembre el Tratado de Lisboa.

 

Nos espera una larga noche, decían. Todos los corresponsales españoles acreditados en Bruselas habían coincidido en advertirnos que la de ayer sería una larguísima noche. De que las espadas estaban en alto y los ánimos enconados. Para ocupar los altos cargos de presidente(a) permanente del Consejo Europeo y de alto(a) representante y vicepresidente(a) de la Comisión Europea, se barajaban a última hora muchos nombres de hombre -Herman Van Rompuy, Jan Peter Balkenende, David Miliband, Massimo D'Alema y Miguel Moratinos- y sólo uno de mujer, Vaira Vike Freiberga, y sólo como candidata a la presidencia. No obstante, se esperaba que, como casi siempre, al final habría acuerdo, pero tras muchas negociaciones a varias bandas y siempre que contasen con la bendición de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy y el nihil obstat de Gordon Brown.

 

Resultó que en apenas dos horas hubo acuerdo y sorpresa al cincuenta por ciento.

 

La elección de Herman van Rompuy como presidente permanente estaba en las quinielas y contaba con muchas posibilidades desde que se tuvo conocimiento de que Francia y Alemania promocionaban su candidatura. Lo inesperado fue la designación de la británica Catherine Asthon para el cargo de alta representante. Pero en esa cocina la voz cantante la llevaba Gordon Brown, que exigía una reparación inmediata tras el fracaso que había cosechado la opción Tony Blair para suceder a Javier Solana.

 

El caso de Blair merece punto y aparte. El ex premier británico todavía está pagando su error político de haber apoyado la guerra preventiva de Irak, consecuencia de la aplicación de los tres postulados de Bush, urdidos por los cerebros ultraconservadores de Rumsfeld y Cheney: la potencia militar heredada de la Guerra Fría podría ser reciclada para hacerle frente a las nuevas formas de violencia internacional; una superpotencia privada de enemigos podía ser hegemónica de modo natural; la intervención militar en el seno de las sociedades extranjeras disponía de las mismas capacidades disuasorias y persuasivas de las que había hecho fortuna el potencial militar estadounidense en la época de la bipolaridad.

 

La realidad es que hoy la violencia internacional es más social que política, está diseminada en todo el mundo en vez de estar acotada en los territorios de los estados nacionales y está más bajo la responsabilidad de empresas privadas que a cargo de los Estados. La potencia sin enemigos es más frágil de lo que parecía: pierde su función protectora, pierde su referencia como comunidad de valores y pierde su función mediadora. Y, por el último, los problemas sociales difícilmente se resuelven por la fuerza y menos todavía con el uso exclusivo de la fuerza. Ejemplo, Somalia, donde la piratería es el negocio más floreciente de su maltrecha y quizá inexistente economía.

 

Blair no ayudó a construir un mundo mejor. El unilateralismo fracasó estrepitosamente y los países intentan retomar el camino del multilateralismo. En su lugar, le corresponde a la baronesa Asthon conseguir que en Washington y Pekín le cojan el teléfono a la primera de cambio. Pero eso no es lo que ayer preocupaba a algunas significadas conservadoras españolas, les preocupaba que ella fuera elegida alta representante de la UE con arreglo al sistema de cuotas (sic). El Correo G./es

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