|
Desde la psicología una explicación
del impacto de la crisis
por
Alberto Martín
La psicología positiva nació en
Estados Unidos a finales de los 90. El psicólogo
Martin Seligman fue quien señaló que la psicología,
igual que la medicina y otras áreas, debería
orientarse no sólo a disminuir el sufrimiento
humano, sino también a promover el bienestar. En
España, quizás el más importante en esa ciencia es
el catedrático de psicopatología y director del
instituto de psicología positiva, Carmelo Vázquez.
Lo que se puede leer a continuación es una
entrevista del periodista del semanario Tribuna
Complutense Alberto Martín
El profesor ocupa un pequeño
despacho en la Facultad de Psicología. Llama la
atención un pequeño sofá y una mesa situados sobre
una alfombra de alegres colores. “Estas pequeñas
cosas también te acercan a la felicidad”, dice con
una sonrisa.
.- ¿En tiempos de crisis
tenemos que suponer que la gente es menos feliz?
- En momentos de crisis la
gente trata de salvar los muebles fundamentalmente.
En los medios de comunicación aparecen expertos,
psiquiatras, médicos, que hablan de que ahora hay
mucha más avalancha de personas con problemas de
ansiedad, de insomnio… La verdad es que no hay datos
claros de esto.
Quizá, paradójicamente, lo más
contundente sea el caso de Islandia, donde se ha
sufrido la crisis financiera más brutal del entorno
europeo. Islandia era uno de los países más felices
o de mayor bienestar de la Tierra, y la crisis no ha
afectado esto de un modo significativo. El sentido
común nos dice otra cosa, pero la capacidad de
resistencia de la gente es enorme. Cuando uno ve
series históricas de felicidad o bienestar desde los
años 40, se ve que los acontecimientos que sufre un
país no afectan de manera inmediata sobre el
bienestar de la gente. Se produce un ajuste más
lento o gradual.
- ¿Y esto no se puede explicar
como un rechazo de la gente a reconocer esa pérdida
de bienestar o felicidad?
- Probablemente sea un
mecanismo de resistencia. Las crisis también vienen
a reducir las necesidades de la gente, llevan a cabo
un ajuste más realista de las necesidades que cada
uno tiene.
- ¿Entonces, qué es la
felicidad? ¿Se puede definir?
- Básicamente es el estar bien
con los demás y con uno mismo, pero también son
muchas más cosas. Es lo que venía a decir
Aristóteles cuando hablaba de la eudaimonía, de
llevar una buena vida.
Una buena vida es una vida en
la cual uno es capaz de realizar una parte de sus
potencialidades. Somos expertos en clasificar
enfermedades, trastornos, síntomas… Pero muy poco
capaces de desarrollar sistemas de medida de las
fortalezas humanas. Si tú eres bueno en escuchar a
la gente, siendo sensible con lo que te rodea. Si
eres sensible a la belleza, una buena vida es la que
te ofrece oportunidades para disfrutar de la belleza
o incluso generarla. Tenemos fortalezas muy diversas
y una buena vida es la que permite desarrollarlas.
La OMS, en 1948, de modo un tanto visionario, pero
que se ha utilizado muy poco, decía que la salud era
una situación en la cual uno puede desarrollar el
máximo de sus capacidades y potencialidades sin
dañar a otras personas. La felicidad es una
sensación de bienestar, que tiene que ver con lo
cotidiano, con los placeres pequeños, los elementos
hedónicos o placenteros. Pero no sólo es eso. En la
receta magistral, a mi juicio, tienen que intervenir
tres cosas: los elementos hedónicos o de placer, los
que buscamos desde que nos levantamos; una segunda
sería el desarrollo personal y profesional, y por
último, el sentir lo que haces, darle sentido a tus
actos. Se puede ser feliz juntando las tres o sólo
con una de ellas. Se puede ser feliz cuidando a la
pareja con Alzheimer, ¿por qué no, si eso es lo que
da sentido a tu vida?
- Hace poco afirmaba que el
50 por ciento de la felicidad la marcan elementos
genéticos. ¿Quiere esto decir que nada más nacer ya
estamos marcados para ser felices o infelices?
- En estudios sobre la
personalidad se ha visto que un 40 o un 50 por
ciento parecen estar determinada por elementos
difícilmente cambiables, una buena parte de ellos
genéticos. La buena noticia es que el 50 por ciento
es cambiable, es decir que no estamos atrapados por
nuestros genes. Una de las vías hacia el sentirse
bien es el elemento hedónico que está muy
determinado por factores genéticos o biológicos.
Un 5 ó 10 por ciento son los
factores externos: nivel económico, estatus social,
educación, estado civil… Son factores que la gente
cree que pesan más, pero que realmente pesan poco en
la felicidad humana. El resto tiene que ver con la
conducta intencional, con lo que tú hagas, con lo
que te permita hacer tu contexto.
- ¿Esa determinación genética
ha evolucionado?
- El doctor Tiger, que escribió
Biología del optimismo, hace un repaso de todos los
argumentos para poder hablar de una biología del
optimismo. Yo creo que tenemos factores
preinstalados en nuestro hardware que nos facilitan
tener un mayor bienestar. Por ejemplo, nuestra
tendencia a la memoria selectiva, a borrar lo malo,
lo que nos hizo daño, lo que afectó a nuestra
autoestima…
- ¿Se puede hablar que la
búsqueda de la felicidad es un rasgo, un objetivo,
de la evolución?
- Los mecanismos psicológicos o
neurobiológicos están al servicio de la
supervivencia de los propios genes. ¿Quién resiste
más la adversidad, un pesimista o un optimista?
Creo que ser optimista o pesimista no se debe a algo
cultural sino que está ligado a elementos de la
propia vida. Me cuesta pensar que esto no tenga una
utilidad, no sé si un sentido, en la evolución.
Periodista y Subdirector del
semanario Tribuna Complutense
LA
ONDA®
DIGITAL |