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Argentina – Brasil, polémica:
Moniz Bandeira / Carlos Escudé
Hace algun tiempo el profesor y
cientista brasileño Moniz
Bandeira mantuvo una álgida polémica
con el tambien profesor y estudioso argentino Carlos
Escudé.
Éste último, como se sabe, es autor
del concepto
"realismo periférico" y fue un
estrecho colaborador de Guido Di
Tella,
canciller del ex presidente Carlos
Saúl Menem.
Lo que sigue es la secuencia de
articulos
que integraron esta polémica
El suicidio en Buenos
Aires (Luiz Alberto Moniz Bandeira)
Hegel tuvo razón
cuando dijo que, aunque se les recomiende a los
gobernantes, estadistas y pueblos que aprendan,
preferiblemente, a través de la experiencia de la
historia, la experiencia y la história enseñan que
los gobernantes y los pueblos nunca aprendieron nada
de la historia, ni se comportan de acuerdo con sus
lecciones. Este es el caso de Argentina, donde la
convulsión social y política en la que se hundió era
perfectamente previsible y se figuraba inevitable.
Desde el comienzo de
los años 50 el desarrollo de Argentina, en términos
relativos, se estancó y desde la caída del gobierno
de Juan Domingo Perón, en 1955, estuvo sometida, con
breves intervalos, a políticas económicas liberales
y a un plan de estabilización, recomendados por el
FMI y por los gobiernos de los EE.UU., que no
resolvieron, sino que agravaron, su problema
estructural. El general Pedro Aramburu, jefe del
gobierno provisorio (1955/1958), cesó la
intervención del Estado en la economía y ejecutó una
serie de medidas liberales, a fin de contener la
inflación, restaurar la agricultura y garantizar el
ingreso de capitales extranjeros. Arturo Frondizi,
electo en 1958, pretendió poner en práctica un plan
de desarrollo económico, pero, en vista del
deterioro de la balanza de pagos, terminó por ceder
a las exigencias del FMI y, en diciembre de 1958,
anunció el más drástico plan de estabilización
monetaria de toda la historia de Argentina, de corte
liberal, y mantuvo esta política a pesar de la
profundización de la crisis social.
Las Fuerzas Armadas
derrocaron a Arturo Frondizi, en 1962, y asumieron
directamente el gobierno en 1966. La consecuencia
fue el prolongamiento de las tensiones sociales y
Argentina no superó el círculo vicioso en el que el
estancamiento económica y la inestabilidade
político‑institucional recíprocamente se
realimentaban. La tendencia estructural al
estancamiento no se revirtió. Por el contrario, se
agravó, como resultado de la política económica del
gobierno comandado por el general Juan Carlos
Onganía (1966/1970), que suspendió casi todas las
barreras a las importaciones de manufacturas y no
sólo llevó a centenas de empresas argentinas a la
bancarrota e impulsó la desnacionalización de su
economía, agudizando los conflictos sociales, que
alcanzaron su ápice, dramáticamente, en 1969, con
la eclosión del Cordobazo, el primero de una
serie de insurrecciones obreras, que sacudieron
varias ciudades, al mismo tiempo en que sectores del
peronismo desencadenaban operaciones de guerrilla
urbana, promoviendo asaltos a puestos militares,
secuestros y asesinatos.
En vista de dicha
situación y de la rigidez del impase político, las
Fuerzas Armadas, en 1970, destituyeron al general
Onganía, sustituyéndolo por el general Roberto
Levingston y, en marzo de 1971, por el general
Alejandro Lanusse, comandante-en-jefe del Ejército,
que trató de restaurar las instituciones
democráticas y normalizar su funcionamiento,
permitiendo la elección del peronista Héctor Cámpora
(marzo de 1973). Cámpora en seguida renunció, para
posibilitar la elección del propio Perón, con el 62%
de los sufragios, doce días después del Putsch
comandado por el general Augusto Pinochet.
Perón, entre tanto, falleció el 1° de julio de 1974,
y su viuda, Isabel Perón (su nombre verdadero era
María Estela Martínez), en su condición de vice-presidente,
lo sucedió en el gobierno de Argentina, cuyas
condiciones internas, tanto económicas como
políticas, volvieron a deteriorarse, en medio del
terror y la violencia, como nítidas manifestaciones
de una guerra civil, promovidos por organizaciones
de derecha y de izquierda, que realizaban
secuestros, atacaban cuarteles y ejecutaban osadas
operaciones de guerrillas en Tucumán.
Ante tal situación,
con el país cada vez más convulsionado, el gobierno
de Isabelita Perón, confuso y sin cohesión, fue
derrocado por las Fuerzas Armadas. El general Jorge
Rafael Videla asumió el gobierno y, en medio de una
sangrienta represión política, con el pretexto de
mantener el orden y derrotar las guerrillas, el
ministro José Alfredo Martínez de Hoz aplicó, de una
manera más radical que todos sus antecesores, el
invariable programa de estabilización, teniendo como
uno de los objetivos liquidar la base social de la
CGT y del peronismo, mediante la
desindustrialización de Argentina, que, según la
teoria de las ventajas comparativas, debería
dedicarse apenas a la agricultura, exportar carne y
cereales, lo que podía producir con eficiencia, e
importar de otros países las manufacturas que
necesitaba. Los resultados no se demoraron. El
endeudamiento, sustentando las reservas monetarias
que posibilitaban la apertura de la economía, sirvió
tan solo para estimular formas de consumo suntuario,
importaciones de artículos superfluos y de artículos
que la propia Argentina producía, así como para
financiar viajes turísticos al exterior. Y la crisis
de la deuda externa, deflagrada por México en 1982,
disipó la expectativa alimentada por Martinez de Hoz
de restaurar la Argentina bucólica e idílica, sin
crisis de energía, sin falta de alimentos, sin
exceso de población, sin agitación social,
exportando carne y cereales e importando todo
aquello que necesitaba, como a fines del siglo XIX.
Con la Argentina
hundida en una grave crisis económica y social, el
general Leopoldo Galtieri intentó salvar el régimen
militar, emprendiendo la invasión de las Malvinas,
pero fracasó. Al desastre económico, social y
político, se sumó el desastre militar y las Fuerzas
Armadas tuvieron que convocar a elecciones, vencidas
por el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl
Alfonsín. Alfonsín, sin poder controlar la
hiperinflación que acometió a la Argentina, tuvo que
pasar el gobierno, antes del término, a Carlos Menem,
electo presidente en 1989 por el Partido
Justicialista. Menem promovió una profunda
reestructuración de la economía argentina y la abrió
al comercio internacional de bienes y servicios.
Este programa de estabilización tuvo al principio
cierto éxito en controlar la inflación.
Con todo, al fin de
diez años de gobierno, dejó a la Argentina con una
distribución de renta igual o peor que en 1989,
cuando la hiperinflación pulverizaba los salarios de
los trabajadores, en especial de los más pobres. Los
índices de pobreza (de Buenos Aires), que subieron,
rápidamente, de un mínimo del 8% en 1980 a cerca del
41% durante la hiperinflación de 1989, no
decrecieron a sus mínimos anteriores, a pesar de la
estabilización monetaria, entre 1990 y 1993. En
números absolutos, de 32 millones de personas que
habitaban las zonas urbanas en Argentina, alrededor
de 1998, cerca de nueve millones vivían en la
pobreza y cerca de dos millones en la pobreza
extrema.
(Este artículo fue
publicado en el Jornal do Brasil del
23/12/2001)
Estimado Escudé,
la decisión de Bush de no socorrer la Argentina
muestra como es correcto el planteamiento del
"realismo periférico". Allí está la consecuencia del
"amor carnal" con los Estados Unidos: Argentina,
jodida. Cordialmente, Moniz.
De Carlos Escudé
2002/01/06/
Estimado Moniz
Bandeira:
Su artículo es muy
interesante y coincido con la mayor parte de su
contenido.
Creo que nada de lo
ocurrido le quita sustento al "realismo periférico",
que no es lo mismo que "neoliberalismo", como queda
claramente dicho en mi libro "El Realismo de los
Estados Débiles" (GEL 1995, publicado en Estados
Unidos como "Foreign Policy Theory in Menem's
Argentina", University Press of Florida 1997). Por
el contrario, en mi libro digo que, como estrategia
de política exterior, el realismo periférico puede
acompañar a la social democracia, como de hecho
ocurrió en Alemania (junto con Inglaterra, el mejor
aliado de los EUA durante la Guerra Fría). Más aún,
mi concepción "ciudadano-céntrica" de la política
exterior se lleva mejor con una concepción
igualmente ciudadano-céntrica de la política
económica, que con la concepción neoliberal, que
tiende a ser "élite-céntrica". El realismo
periférico normativamente está en contra de la
búsqueda de poder de parte del Estado, y consagra
normativamente el objetivo de facilitar, desde la
política exterior, un desarrollo económico que
genere bienestar para los ciudadanos.
El realismo
periférico es tan sólo una teoría normativa para la
política exterior, que se justifica particularmente
cuando un país trae consigo un perfil como el de la
Argentina en 1989, que entonces no sólo era
periférica, endeudada y vulnerable, sino que para
colmo:
1. Casi le había
hecho la guerra a Chile en 1978;
2. En 1982 le había
hecho la guerra a Gran Bretaña;
3. No accedía a
firmar el Tratado de Tlatelolco ni el de No
Proliferación Nuclear;
4. Enriquecía
uranio e intentaba extraer plutonio de combustible
gastado de reactores nucleares;
5. Desarrollaba un
misil balístico de alcance intermedio, el Cóndor II,
en sociedad con Irak.
Este perfil
garantizaba que los norteamericanos desarrollarían
la percepción de que el progreso argentino era
contrario a los intereses de los Estados Unidos y
quizá de la Humanidad misma. Garabtizaba que la
Argentina sería boicoteada, como en la década de
1940.
Pero cambiar estas
cosas, como lo hicimos con Guido Di Tella en los
'90, no es más que "damage control". No garantiza la
prosperidad. Asegura que uno no será boicoteado,
pero no significa que será premiado ni salvado.
Tener aquel viejo perfil era garantía de ruina.
Cambiarlo era deber de patriotismo, pero no
significaba garantizar el futuro.
Para ilustrarlo con
términos más concretos:
1. Mandar dos naves
simbólicas a la Guerra del Golfo fue un favor
político muy apreciado porque simultáneamente la
casa se estaba poniendo en orden económicamente,
estabilizando la moneda y reduciendo el déficit
fiscal (la apertura económica fue desmedida y las
privatizaciones fueron corruptas, pero esto no era
problema de EUA, y no tiene nada que ver con el
realismo periférico).
2. Pero ir al Golfo
no hubiera servido de nada si se hubiera seguido con
la hiperinflación de Alfonsín.
3. Por otra parte,
aún haciendo bien las cosas económicamente, con el
viejo perfil que describo arriba hubiéramos sido
boicoteados si o sí, porque ese perfil equivalía
prácticamente a ser enemigos de Estados Unidos.
El realismo
periférico no supone que Bush salvará a la Argentina
del daño que se hizo a si misma desde 1995 (o 1997)
hasta ahora (con ayuda de las equivocaciones
norteamericana y del FMI, sí, pero en gran medida
por su propia corrupción y desgobierno). ¿Cómo va a
apoyar Bush a un país al que no necesita (diferencia
con Turquía), cuando ese país promete un déficit
fiscal cero, y se burla de la promesa emitiendo
bonos cuasi monetarios en todas las provincias, más
un bono federal para darle respaldo nacional a los
bonos provinciales? Por más que el Fondo se haya
equivocado (es cierto) y que esto sea un fracaso
para la política exterior norteamericana (es
cierto), la forma de proceder de los gobiernos
argentinos desde 1997 en adelante no fue seria. Yo,
en su lugar, tampoco ayudaría a la Argentina.
Los episodios
presentes no sólo no contradicen mi realismo
periférico, sino que consolidan una de sus hipótesis
centrales: la de la "irrelevancia de la
racionalidad" de la política de EEUU hacia un país
sin importancia estratégica como la Argentina. Lo
que ocurrió con la Argentina no podría haber
sucedido con Turquía (por su centralidad geográfica
frente a los principales ejes de conflicto actuales,
y por su carácter de único país musulmán de la
OTAN). A esto lo dejo cabalmente sentado no sólo en
mis libros recientes (donde enmarco el concepto en
el contexto analítico del realismo periférico), sino
también en "Gran Bretaña, Estados Unidos y la
Declinación Argentina 1942/1949", que es donde acuño
este primer concepto que luego incorporé a mi marco
teórico mayor.
Quizá todo esto esté
claro para Usted, o quizá no, porque su mensaje es
un poco críptico. Pero como los brasileños suelen
ser amables y optan por la ironía en lugar de
contradecir, tengo la impresión de que quizá Usted
no tenga una visión clara del realismo periférico,
que sólo puede obtenerse de la lectura de "El
Realismo de los Estados Débiles" o de su versión en
inglés ya citada. Por otra parte, mucha gente ha
caricaturizado el concepto, en parte porque sólo
tuvo acceso a resúmenes superficiales y no lo
entendió. Además, la metáfora de "relaciones
carnales", que es de Di Tella, también dio pie a la
caricatura.
Todo lo que digo
arriba está claramente escrito en los libros
citados, publicados en 1995 en la Argentina y en
1997 en Estados Unidos. Nada de ello es una
justificación posterior.
Le envío mis saludos
más cordiales. (Carlos Escudé)
De Moniz Bandeira,
Junio del 2002
Estimado Escudé
Gracias por su amable
mensaje. Conozco tus obras, tanto La declinación de
Argentina (infelizmente la edición que compré en
Buenos Aires contiene fallas tipográficas, páginas
en blanco) como Foreign Policy Theory in Menem's
Argentina. Las dos he leído con mucha atención,
porque sigo la situación y la política en la
Argentina como si fuera mi propio país. Como Ud.
debe saber, soy en la Universidad de Brasilia
profesor titular (catedrático, ahora jubilado) de
política exterior de Brasil, cuyas vertientes
principales siempre fueron la Cuenca del Plata,
Estados Unidos y Alemania. Sobre todos eses países
investigo hace más de 30 años y tengo diversas obras
publicadas.
Ud., si, parece que
no conoce los libros que he publicado en Brasil,
principalmente sobre sus relaciones con los Estados
Unidos: Presença dos Estados Unidos no Brasil (Dois
séculos de historia) y Brasil-Estados Unidos: a
rivalidade emergente. Estos dos libros tuvieron
ediciones recientes, bajo un título general - As
relações Brasil-Estados Unidos no contexto da
globalización. El Vol. I contiene la tercera edición
de Presença dos Estados Unidos no Brasil (Dois
séculos de história). El Vol. II contiene la segunda
edición ampliada y actualizada hasta 1998 de
Brasil-Estados Unidos: a rivalidade emergente.
Ud., por lo que he
leído y sé, es un intelectual serio, de valor. Pero,
lo que he percibido en los fundamentos de la teoría
del realismo periférico, tanto en sus escritos, como
en otros, incluso de Felipe de la Balze, es un
desconocimiento de la historia política, de la
historia de la política exterior y de las relaciones
exteriores de Brasil, sobre todo, de sus relaciones
con los Estados Unidos.
Este es un problema
que sentí ya en los años 70, cuando viví en Buenos
Aires y hacia investigación para mi tesis de
doctoramiento en ciencia política, que resultó en mi
libro O expansionismo brasileiro e a formação dos
estados na Bacia do Prata , cuya tercera edición
salió en Brasil hace cuatro años. Toda la literatura
que trataba de Brasil lo hacia bajo un ángulo de la
historia de Argentina, como si los dos países
tuvieran las mismas relaciones con Inglaterra.
A diferencia de
Argentina, Brasil entró en serias desavenencias con
Inglaterra desde los años 40 del siglo XIX y con los
Estados Unidos siempre fueron muy ambivalentes, de
acercamiento y conflicto, incluso durante la Segunda
Guerra Mundial. Los brasileños - y eso se percibe en
toda la documentación diplomática desde el siglo XIX
- nunca tuvieron, de modo general, ilusiones con los
Estados Unidos. Mismo durante el gobierno militar
del Mariscal Humberto Castelo Branco (1964/67), que
fue el más pro-Estados Unidos, Brasil no cedió a las
presiones para enviar tropas al Vietnam. Los
gobiernos militares siguientes, de 1967 hasta 1985,
tuvieron relaciones cada vez más conflictivas con
los Estados Unidos, lo que no ha impedido a Brasil
recibir grandes flujos de inversiones y obtener
muchas ventajas y concesiones que la Argentina no
tuvo.
La premisa de su
teoría - constatando que la Argentina es un país
periférico - es correcta. Pero la conclusión que Ud.
saca me pareció equivocada. Cuando tenia 23 años, en
1959/60, yo personalmente escuché a John Foster
Dulles decir en una entrevista a la prensa en
Brasil: "Los Estados Unidos no tienen amigos. Tienen
intereses". Si la Argentina es un país periférico,
la salida no es antagonizar con Brasil, servir como
un puppet un catspaw de los Estados Unidos, como lo
hizo durante el Gobierno Menem y Cavallo siguió
haciendo con de la Rua. En ese sentido, para jugar
contra Brasil, la Argentina puede servir a los
Estados Unidos, como la mujer que uno busca para
producir celos en la que quiere.
El interés de los
Estados Unidos en Brasil es por sus dimensiones, su
ubicación estratégica, tanto por tener fronteras con
todos (excepto Ecuador y Chile) los Estados de la
América del Sur como por su proyección sobre África,
y por su riqueza mineral, entre otros factores. Y
Brasil, exactamente por mantener una política más
autónoma e independiente, supo negociar, como lo
hizo, antes y durante la Segunda Guerra Mundial. En
1944/45, cuando los Estados Unidos presionaron para
que Brasil hiciera el bombardeo de Buenos Aires,
Vargas contestó: si bien nuestra alianza con los
Estados Unidos no es circunstancial, determinada
solamente por la guerra, con la Argentina estamos
destinados a vivir juntos por toda la eternidad,
porque tenemos fronteras comunes. Y rechazó las
presiones.
Esta conciencia, de
modo general, casi todos los brasileños siempre
tuvieron y percibieron que la jugada de los Estados
Unidos fue sistemáticamente la misma: separar a los
dos países para impedir la unidad de América del
Sur.
La Argentina, sola,
aislada, es irrelevante para los Estados Unidos. La
unión de Argentina con Brasil le brinda, por
consiguiente, la posibilidad de aumentar su
importancia estratégica y su peso político.
Mucho tendría que
decir al respecto, pero le hago la sugerencia de
conocer lo que escribí y, sobre todo, la experiencia
de Brasil en sus relaciones con los Estados Unidos.
Vamos a mantener ese
contacto e intercambiar opiniones.
Con los saludos
cordiales. (Moniz Bandeira)
De Carlos Escudé
Estimado Moniz,
Se equivoca Ud. si
piensa que no he leído sus obras, aunque releeré
alguna de ellas para refrescarlas. En Brasil nos
hemos cruzado en algún seminario e incluso
intercambiado libros. Coincido con que hay grandes
diferencias en la historia de la Argentina y Brasil
con las grandes potencias anglosajonas, y esas
diferencias (arraigadas en realidades económicas
estructurales, ya que la economía argentina era
complementaria de la británica), condicionaron
cursos divergentes en otras dimensiones de nuestra
historia.
Ud. me dice: "Si la
Argentina es un país periférico, la salida no es
antagonizar con Brasil, servir como un puppet un
catspaw de los Estados Unidos, como lo hizo durante
el Gobierno Menem y Cavallo siguió haciendo con de
la Rua." Yo no creo que la Argentina haya querido
antagonizar con Brasil; lo que ocurre es que Brasil
tiende a interpretar como antagonismo toda alianza
con Estados Unidos, especialmente si no le pedimos
permiso a Brasil. Con Brasil, lejos de antagonizar,
armamos el MERCOSUR.
Metáforas como "la
mujer que uno busca para producir celos en la que
quiere" oscurecen la problemática. A diferencia de
Brasil, la Argentina necesitaba sobreactuar en su
relación con Estados Unidos, porque aunque Brasil
haya tenido relaciones conflictivas con los
norteamericanos, Brasil jamás le hizo la
guerra a gran Bretaña, ni eligió a Saddam Hussein
como socio para un misil balístico que hubiera
podido lanzar una ojiva nuclear desde Baghdad hasta
Tel Aviv. Creo que en Brasil estas
diferencias no se aprecian. Creo que los brasileños
no están conscientes de cuánto mas confrontativa
frente a los Estados Unidos fue la política
argentina que la brasileña, históricamente.
Nuestra alianza
molestó a Brasil por varios motivos, pero nuestro
objetivo nunca fue molestar a Brasil. Nuestro
objetivo fue corregir un curso de política exterior
altamente confrontativa que dañaba los intereses
argentinos. Pero claro, cuando accedimos a ratificar
Tlatelolco y firmar el Tratado de No Proliferación
Nuclear, privamos a Brasil de su excusa para no
hacerlo, y Brasil tuvo que acceder a las presiones
norteamericanas. La vida es así. Los intereses no
siempre confluyen. Pero para la Argentina era muy
importante hacer esto porque la argentina tenía
pésimos antecedentes. Y el plan nuclear
argentino estaba, en ese momento, más cerca de poder
fabricar una bomba que el brasileño.
Yo debo confesarle
que los argentinos preferirían no ser satélites de
nadie. Si deben serlo de alguien, en general
prefieren serlo de Dios, y Dios tiene oficinas en
Washington DC, no en Brasilia. Pero hoy por hoy, esa
posibilidad es ya remota, y coincido con Ud. en que
la Argentina aislada no tiene futuro. Por ello,
después de las actuales catástrofes, personalmente
estaría más que satisfecho si la Argentina pudiera
ser un nuevo Rio Grande do Sul. Tengamos moneda
común, sí, y que sea el real (no hay otra
alternativa).
Somos prisioneros de
la historia, que no se hace con voluntarismo
solamente. Perdimos. La solución ya no corre por la
alianza con Brasil. La situación es tan desesperada
que debemos ser parte del Brasil. Esta es la
conclusión del realismo periférico (que es una
estructura lógica formal), para una nueva fase de la
historia.
Cordialmente,
(Escudé)
De Moniz Bandeira
Estimado Escudé:
Si, nos encontramos
en un seminario, creo que en Sao Paulo, pero no
recuerdo que llegáramos a intercambiar libros,
porque, de los suyos, uno he comprado en Buenos
Aires (La declinación de Argentina) y el otro, sobre
el realismo periférico, lo encomendé a la Amazon.com.
Los leí todo y, no me refiero a Ud.,
particularmente, pero de modo general en la
Argentina se desconoce más la historia y la política
exterior de Brasil que en Brasil, la historia y la
política exterior de Argentina. Sin hablar de otros
autores, solamente yo, entre los años 80 y 90, he
publicado en Brasil tres libros sobre la Argentina:
O expansionismo brasileiro e a formação dos Estados
na Bacia do Prata: da colonização à Guerra da
Tríplice Aliança (tres ediciones); O Eixo
Argentina-Brasil e o processo de integração da
América Latina; e Estado Nacional e Política
Internacional na América Latina: o continente
através das relações Argentina-Brasil (dos
ediciones). Cuales son los libros que sobre la
historia política Brasil aparecieron en la
Argentina. No conozco.
Yo le voy hablar
francamente. Lo que percibo en el transfondo de la
doctrina del realismo periférico - y en lo que dice
– es el mismo espíritu de rivalidad con Brasil.
Ud. se refiere a los
"pésimos antecedentes" internacionales que la
Argentina tiene. Eso es, a mi juicio, una simple
excusa.
1 - Frondizi aceptó
el programa de estabilización propuesto por el FMI,
en 1958; Brasil, no, y Kubitschek rompió los
entendimientos con el FMI;
2 - La Argentina
rompió relaciones con Cuba, en 1962; Brasil, no,
hasta que hubo el golpe militar;
3 - Cuando hubo el
bloqueo (de) a Cuba, en 1962, la Argentina envió dos
buques de guerra para cooperar con los Estados
Unidos; Brasil, no;
4 - Cuando ocurrió el
golpe de estado en Brasil, en 1964, la Argentina se
disponía a intervenir militarmente en Brasil, si
hubiera guerra civil, y lo haría con el apoyo de los
Estados Unidos, que organizaron la Operación Brother
Sam;
5 - El gobierno de
Castelo Branco mandó tropas para Santo Domingo,
porque dijo que era defensa del continente contra el
castro-comunismo, pero no aceptó las presiones de
Estados Unidos para enviar a Vietnam, como Vargas
también las rechazó en 1951/52, cuando se produjo la
guerra en Corea: por otro lado, el gobierno de Juan
Carlos Onganía aceptó la doctrina de las fronteras
ideológicas, en 1966, exactamente cuando Brasil la
abandonaba, debido a la reacción dentro de sus
propias Fuerzas Armadas;
6 - Esa política de
entendimiento de Argentina con los Estados Unidos
siguió hasta casi al fin de los años 60, mientras
las posiciones de Brasil en su política exterior, a
partir de 1967, volvieron a coincidir con la de los
países no-alineados, aunque bajo la dictadura
militar;
7 - Brasil en los
años 70 desarrolló su programa atómico, firmando el
Acuerdo Nuclear con la Alemania, lo que ha provocado
grave crisis en las relaciones de Estados Unidos con
los dos países; rompió el Acuerdo Militar con los
Estados Unidos y adoptó varias políticas, incluso en
la área de informática, patentes etc., que enojaron
Washington;
8 - También en los
años 70, Brasil reconoció al gobierno revolucionario
de Angola, en contra de Estados Unidos; votó en
favor de la moción considerando el sionismo como
racismo y estrechó la cooperación en el campo de la
energía nuclear con el Irak y Pakistán; en el Irak
había inversiones brasileñas y numerosos técnicos,
incluso militares, hasta la Guerra del Golfo; y Ud.
si equivoca al decir que Brasil no eligió a Saddam
Hussein como socio para construir un misil balístico
que pudiera lanzar un cohete desde Bagdad hasta Tel
Aviv; Brasil cooperaba, si, y tal vez más que la
Argentina, con Saddam Hussein, tanto en la
construcción del misil balístico como en la
tecnología nuclear; Irak fue entonces el principal
socio comercial de Brasil, porque le vendía petróleo
e importaba manufacturas y grandes cantidades de
pollo; Brasil no envió buques para la Guerra del
Golfo, como lo hizo la Argentina, aisladamente,
contrariando una política de consulta que siempre
hubo, desde los tiempos de Rio Branco, a pesar de
la así llamada rivalidad; la cuestión no es que la
Argentina tenga que pedir permiso a Brasil o Brasil
pedir permiso a la Argentina; creo que Ud. no sabe
que ya Rio Branco no reconoció el Panamá antes de
consultar la Argentina y Chile, porque quería tomar
una actitud conjunta, y que en la Conferencia de Rio
de Janeiro (1942) todo el esfuerzo de Brasil,
incluso como posición de sus Fuerzas Armadas, fue en
el sentido de no apoyar ninguna resolución o tomar
cualquier decisión que no fuera consensuada con la
Argentina: si Ud. lee los Diarios de Vargas,
encontrará todos los comentarios que el hizo entre
bastidores de la Conferencia, en 1942; el envío de
buques de guerra para el Golfo, yo me acuerdo,
pareció ridículo aquí en la Alemania, en el
Auswärtiges Amt, porque ninguna importancia tenía
esa colaboración; eso fue motivo de bromas, como
ahora, cuando en medio a una gravísima crisis
económica, social y política, el gobierno de de la
Rua-Cavallo anunció que iba a mandar tropas para el
Afganistán, cuando también no había necesidad
alguna.
9 - Si, Brasil no
hizo guerra a la Gran Bretaña, como la Argentina,
invadiendo las Malvinas, lo que fue un estupidez;
mismo durante la Segunda Guerra Mundial, Vargas
rechazó la sugerencia de Roosevelt para ocupar las
Azores y el arquipélago de Madera; tampoco, aunque
algún loco hubiera querido hacerlo, nunca invadió
las Guyanas; pero Brasil no cooperó con los Estados
Unidos en la guerra sucia en América Central, como
lo hizo la Argentina, y también se opuso a que los
Estados Unidos invadiesen el Surinam; mientras el
gobierno de Galtieri volvió a la misma política de
alianza con los Estados Unidos, que alentaron,
directa o indirectamente, la invasión de las
Malvinas, en 1982; los milicos imaginaron - tuvieron
o no razones - que los Estados Unidos apoyarían a la
Argentina, a cambio de su participación; fue una
retomada de la política de Onganía y una
anticipación del realismo periférico; pero, mientras
Brasil favoreció a la Argentina, aunque neutral, los
Estados Unidos apoyaron a la Gran Bretaña.
10 - Se puede decir
que Brasil, mucho más que la Argentina, tiene lo que
Ud. llama "pésimos antecedentes", si es que se puede
juzgar como "pésimos antecedentes" las políticas que
un Estado desarrolla, según las circunstancias y las
percepciones que tiene de sus intereses nacionales.
Además, si hay cuestiones que dañan los intereses
del país, que trate de solucionarlas, como Brasil lo
hizo, sin comprometer su soberanía, sin alienar su
capacidad de hacer política exterior, unos de los
atributos de la soberanía, sin subordinar su país a
una potencia extranjera, como si fuera un simple
apéndice.
Esta cuestión de los
"pésimos antecedentes" de la Argentina es una
falacia. Las actitudes tomadas durante el gobierno
de Menem, inspiradas por ese realismo periférico, al
punto de pedir el ingreso de la Argentina en la
OTAN, pareció cómico en Europa y hasta en los
Estados Unidos; es lógico que le gustara a los
norte-americanos, pero se rieron, y eso lo sé porque
tengo también muchos contactos allá, exactamente
porque una de las áreas sobre las cuales investigo
son la política y las relaciones exteriores de
Estados Unidos con América Latina y no me limito a
Brasil o a la Cuenca del Plata; en 1998, con una
vasta documentación, no solamente del Itamaraty,
sino también de los Estados Unidos y de la extinta
Alemania comunista, he publicado De Martí a Fidel: a
Revolução Cubana e a América Latina. Son 700 páginas
en las que estudio toda esa problemática
latino-americana.
Con respecto al
Tratado de No-Proliferación de las Armas Nucleares,
puedo decirle que Brasil lo firmó, no porque la
Argentina lo hizo, sino por sus propios intereses,
porque consideró que esa orientación era la
apropiada:
1 - Lo que interesaba
a Brasil era obtener principalmente la tecnología
del ciclo completo del uranio por medio de la
ultra-centrifugación, lo que consiguió entre
1986/87, no para construir la bomba, sino por otros
intereses militares(construcción del submarino
nuclear, lo que continuó haciendo), económicos y
comerciales; en 1986, una televisión de Alemania -
WDR - me invitó a asesorar un programa que iba a ser
transmitido sobre la cooperación de Alemania con
Brasil en la construcción de cohetes; cuando alguien
habló de la bomba atómica; yo le dije que Brasil no
tenía interés en fabricarla, porque no tenía
enemigos para atacar; el periodista, aún con la
percepción de la rivalidad, contestó: "¿Y la
Argentina?". Expliqué que en Brasil, el pensamiento
dominante, ya no se orientaba por esa percepción de
la rivalidad y, como broma, concluí: “Además, si
Brasil quisiera hoy atacar la Argentina, no
necesitaría lanzar una bomba atómica: bastaría
levantar las compuertas de Itaipu, para que Buenos
Aires se inundase". Todos se rieron.
2 - Dado que Brasil
ya había conseguido la tecnología de enriquecimiento
del uranio, la no adhesión al Tratado de
No-Proliferación estaba por afectar otros intereses
de Brasil, sobre todo en el campo de la tecnología
de cohetes, en virtud de las políticas restrictivas
que Estados Unidos adaptaron (que Ud. llama de
sabotaje) y a las cuales la Alemania había adherido
alrededor de 1990; este asunto también lo conozco
porque también publiqué en 1994 un libro O "Milagre
Alemão" e o desenvolvimento do Brasil (1949/1994),
que fue aquí traducido y publicado en 1995.
Bueno, estimado Escudé, ya escribí demasiado. Y
mucho más tendría que decirle porque sus
explicaciones no convencen: ellas también revelan
que Ud. conoce muy poco la política y las relaciones
exteriores de Brasil, sino no diría con tanta
énfasis que "Brasil jamás
le hizo la guerra a gran Bretaña, ni eligió a Saddam
Hussein como socio para un misil balístico que
hubiera podido lanzar una ojiva nuclear desde
Baghdad hasta Tel Aviv".
Repito, con respecto
a la guerra contra la Gran Bretaña, si Brasil nunca
la hizo: nunca tuvo motivos y estoy seguro que jamás
se dejaría arrastrar a esa aventura; no fue una
guerra, fue una aventura, por motivos internos y una
percepción equivocada (como tantas veces) de la
política exterior y de los intereses de Estados
Unidos, pues Galtieri imaginaba contar con el
beneplácito norte-americano por su participación en
la guerra sucia de América Central; pero, la
cooperación con Saddam Hussein fue mucha más grande
que la de Argentina e incluso Brasilia se enojó con
la actitud de Menem de enviar buques de guerra, sin
consultar, siendo la Argentina socia de Brasil,
exactamente porque estaba haciendo esfuerzos (el
embajador Paulo Tarso Flecha de Lima estaba en
Bagdad) para sacar a los técnicos y militares
brasileños del Irak.
Para resumir, el
realismo periférico y el consecuente "amor carnal"
(así está en el texto de Guido de Tella) con los
Estados Unidos solamente hicieron comprometer la
credibilidad de la Argentina, avalada aún más con el
colapso de toda la política económica de la trinca
Menem-de la Rua-Cavallo, que siempre pareció "Made
in Washington".
Mucho me gustaría
encontrarlo personalmente para discutir esos
asuntos. Probablemente en Marzo o Abril va a salir
en Brasil mi libro Da Tríplice Aliança ao Mercosul:
conflitos e integração na América do Sul, que es una
obra también muy larga, que continua O
expansionismo brasileiro e a formação dos Estados na
Bacia do Prata. Llega hasta los días actuales, por
ello debo escribir un período más sobre el
desarrollo de la crisis, lo que haré cuando la
producción esté a punto de terminar. Pediré a la
editorial que le envíe un ejemplar.
No hice la corrección
del texto. Escribo los e-mails como se estuviera
hablando y no hago la revisión porque no tengo
tiempo.
Con los más cordiales
saludos. ( Moniz Bandeira)
Fin
Traducido para LA
ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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