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Entrevista a Fernando Botero
“Tengo detractores en todas partes”
El artista colombiano Fernando Botero
expuso en Bogotá, durante noviembre, 67 obras de su
serie “La Violencia en Colombia”. La periodista
Milena Fernández lo entrevistó en Venecia para la
Revista Arcadia donde el artista afirmó tener
“detractores en todas partes”

- Entre 1999 y 2004
da un giro temático importante. ¿Por qué decidió
abandonar los temas más amables para retratar la
violencia?
- Algunos artistas
han tratado al mismo tiempo temas amables y
dramáticos, como Goya y Picasso. Eso significa tener
cierta conciencia política. Hay ciertos
acontecimientos que me hierven la sangre. El interés
por Abu Ghraib se dio tras leer las noticias de las
torturas cometidas por soldados estadounidenses a
prisioneros iraquíes. Uno reacciona porque tiene la
capacidad de expresar su ira en el propio trabajo.
La situación en Colombia también me inspiró, pues es
terrible lo que allí pasa.
- Pero
ha recibido muchas críticas por la serie de las
torturas en Abu Ghraib...
- Mucha gente me ha
dicho que son más impactantes que las fotos. Nunca
me inspiré en las fotografías, nunca copié una
imagen. Las pinturas nacieron de leer y leer, luego
creció una ira dentro de mí, que estalló un día y me
puse a trabajar 14 meses en ello. El libro de firmas
de la exposición, en Estados Unidos, recoge
expresiones de odio, algunos han escrito que no debo
sugerir a los americanos lo que deben hacer. Allí la
mayor parte de la gente está en contra de la
tortura, pero también hay muchos grupos
reaccionarios muy peligrosos. Por otro lado, uno
nunca puede hacer nada sin que salga alguien a decir
que es oportunista. Si uno hace una donación,
entonces es oportunista. Si uno hace unos cuadros
sobre la violencia, es oportunista.
Doné la serie de Abu
Ghraib la a la Universidad de Berkeley, que tuvo la
osadía de invitarme a exponer las obras. Antes había
donado toda la colección de la violencia en Colombia
al Museo Nacional. Los regalos que he hecho a mi
país son enormes y siempre ha habido alguien que me
tacha de oportunista. Pero hay otras formas más
simples y económicas de hacerse notar.
- Usted ha dicho que
los artistas contemporáneos sólo buscan provocar
escándalo. Sin embargo, quienes lo critican a usted
dicen que los cuadros de Irak buscan exactamente
eso, crear escándalo...
- El arte
contemporáneo parece ser un concurso para ver quién
hace la cosa más extravagante. Algunas ideas son
brillantes, como las de los creativos publicitarios,
pero nada tienen que ver con lo que es el arte.
El arte verdadero produce choque, pero un choque que
proviene del dolor, de la conmoción interior. Los
artistas contemporáneos andan en busca de
ocurrencias, de extravagancias, y esa búsqueda no
puede ser el motor del auténtico artista. Yo no
busco ideas de fácil impacto mediático, sino
profundidad a través del trabajo constante, un
trabajo incesante de todos los días.
- Su obra genera
mucha polémica. ¿Intuye por qué?
-
¡Yo sé, yo sé! En España y en
Colombia, en todos lados hay terribles detractores
de mi obra. Pero bueno, uno no puede ser monedita de
oro. Yo sigo adelante y no me afecta lo que digan.
En este oficio de artista, para empezar, hay que
tener piel de cocodrilo.
- Muchos críticos lo
acusan de ser comercial...
- La gente no
diferencia entre tener éxito y ser comercial. Hago
lo que me gusta a mí. Y qué voy a hacer, es así.
(Ríe). No puedo dejar de vender para darles gusto a
otros. Vamos a ver, si yo estoy tan arraigado a la
plata, por qué he hecho los regalos gigantescos a
Colombia y otros sitios, que son millones de
millones de dinero. La envidia es increíble.
- La obra más
reciente de Colombia refleja la violencia
guerrillera, la del narcotráfico. ¿Cómo hizo para
retratar el fenómeno si no vive si país desde hace
décadas? ¿Cuál fue el proceso intelectual?
- Uno lo vive
intelectualmente por el amor que tiene por su país.
La gente que se expresa a través del arte no
presencia una masacre de primera mano. Y claro, uno
oye esos horrores, pero no hay que estar en Colombia
para sentirla profundamente. Leo muchos periódicos,
viajo una vez por año y hablo con gente muy
enterada; vivo al tanto de lo que está pasando en mi
país. El problema colombiano, como en buena parte de
América Latina, está basado en la injusticia social.
Toda injusticia en algún momento produce violencia.
- En el 2000 regaló a
su país una asombrosa colección...
-
Uno hace regalos porque quiere a su
país y porque en Colombia no había museos de arte.
Además, los cuadros de artistas internacionales
estaban en un depósito en Suiza, guardados en unas
cajas. Y ahí nadie podía verlos. Uno quiere que la
gente joven y que no tiene recursos pueda ver la
obra de artistas importantes, porque antes en
Colombia sólo existían un bellísimo museo de arte
colonial y un museo del oro. No había un
impresionista, un Picasso, nada de eso. El museo de
Medellín es precioso y la gente que viene a verlo
queda sorprendida. Yo colgué la colección y nadie
puede cambiarla. Ningún cuadro se puede prestar,
regalar o alquilar. Porque eso pasó antes: los
políticos llamaban al Museo Nacional y pedían
cuadros para una embajada, que se iban y nunca
volvían. También mandaban los obras más importantes
al Palacio Presidencial. Eso tampoco puede ser.
- ¿Qué ha pensado
últimamente con respecto al Premio Botero?
- No estoy muy
contento porque las obras premiadas me han parecido
muy pobres. Me produce un desaliento enorme ver que
cosas tan mediocres fueron premiadas. Eso de los
premios es muy difícil, muy difícil. Cuando se
hacían Salones con jurados nacionales se decía que
todo estaba arreglado. Después se trajo un jurado
internacional que, no sé por qué, premiaba obras que
eran lamentables. La verdad, la edición de abril del
año entrante será la última vez que otorgue dinero
para el premio. Los premios no me han gustado y no
voy a seguir en eso.
- Pero ¿es un
problema del jurado o de la calidad de las obras?
- Había obras mejores
en los Salones. Se dieron los premios muy mal dados.
No voy a seguir apoyándolos. Más bien si veo un
artista talentoso, prefiero darle una beca para que
continúe sus estudios en el extranjero.
- ¿Cómo hace para
descubrir los nuevos talentos?
- Eso es fácil. Uno
ve catálogos, revistas, y así se escoge a quien
tiene talento, para después ayudarlo. También
escucho recomendaciones.
- En Colombia hay un
auge de jóvenes talentos que reciben apoyo del
Estado y de la empresa privada, y alcanzan
rápidamente el éxito mediático. ¿Qué piensa al
respecto?
- No estoy muy
enterado, pero si sé que ser artista hoy día es más
fácil que cuando yo empecé. Porque en aquel momento
vender una obra y vivir de la pintura era casi
imposible. Todos los artistas tenían que hacer algo
distinto para vivir. Hoy día, los artistas tienen la
suerte de que en Colombia hay mucha gente que compra
arte joven. Debo decir que con la batalla que
libramos, nosotros les facilitamos la vida a los
artistas jóvenes de hoy, lo cual está muy bien. Sin
embargo, gran parte de la culpa de que el arte haya
llegado a ser tan banal es responsabilidad de la
prensa. La calidad en el arte no es noticia porque
no se puede describir sino viendo la obra, pero hoy
quien sale en el periódico es el que hace la cosa
más extravagante. Eso crea toda una distorsión: se
vuelve famoso uno que hace una tontera y pasa
inadvertido otro con una obra muy seria. Es
peligrosísimo.
- Hace dos meses la
Policía fiscal italiana lo acusó de ser un evasor
por no haber declarado siete millones de euros. ¿Es
cierto que no paga sus impuestos en Italia?
- La prensa aumentó
la cosa de una manera impresionante. Estaba
presentando una exposición en Vigo, España, y no
tuve tiempo de detractarme. La verdad es que en
Italia hay una ley que pasó hace diez años según la
que los extranjeros deben pagar un impuesto menor.
De pronto, me dijeron que debía impuestos. Primero
que nada, yo no soy italiano y paso dos meses cada
verano en mi casa en Pietrasanta, en la Toscana,
donde se funden mis esculturas. Eso se ajustó a una
suma muy baja que se va a pagar. Hay una cita con el
juez en noviembre, y voy a ir porque soy inocente.
Yo, al igual que muchos artistas extranjeros,
desconocía esa famosa ley. Ignorar algo no es ser
culpable. Estoy seguro de que voy a salir libre de
cargos, para dejar callados a muchos que me tienen
envidia.
- ¿Y cómo hace para
producir tanto?
- No me levanto
temprano, pero soy muy trabajador. Llego a mi
estudio a las 11 de la mañana y me quedo hasta las 9
de la noche. Trabajo, todos, todos los días, sábados
y domingos también. La gran fortuna de la vida es
cuando la fuente de placer es el trabajo. Para mí,
esa es la recompensa de ser artista. Muchos artistas
contemporáneos tienen una idea y otros la ejecutan,
pero en mi caso lo hago yo todo con mis dos manitas.
Ese es el placer de estar todo el día con la
pintura. La pintura lo es todo para mí.
- Usted tiene varias
casas. ¿Es cierto que trabaja distintos formatos,
según el lugar donde esté?.
- Tengo un estudio en
Nueva York que es pequeño, pero puedo hacer también
formatos grandes. Tengo un estudio muy grande en
París; uno muy grande en Montecarlo; otro inmenso en
Grecia. Y un barco pequeño. Seguro que a muchos no
les gusta eso de que pinte en un barco. Pero yo
no soy el artista deprimido, miserable y amargado...
Para nada. Ya ve, ¡me critican hasta por tener
LA
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