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Miguel Soler:
lecciones de un maestro
No
abundan en la sociedad uruguaya los reconocimientos
a los maestros, sin embargo pocos se animan -a la
hora de hacer un balance de las historias
personales- a no señalar al maestro/maesta como
parte fundamental de su formación cultural y social.
La reciente publicación por parte de la ANEP –
CODICEN de las “Lecciones de un maestro” que recoge
una serie de trabajos de Miguel Soler tiene un
profundo significado cultural y es a la vez un
justiciero homenaje a este gran maestro de maestros.
“Una trayectoria ejemplar”,
señala el presidente del CODICEN, Dr. Luis Yarzábal
desde el prólogo de
libro.
Yarzábal dice que conoció al maestro en 1949 y que
ya en ese “primer contacto” tuvo la posibilidad de
“disfrutar de la visión abarcadora de este maestro,
por entonces director de una escuela campesina”.
Las claves de la historia de
esta gran personalidad de nuestra cultura se pueden
encontrar en el propio libro, por ejemplo cuando
Soler señala; “esta trayectoria tiene una robusta
columna vertebral: la educación pública uruguaya.
Desde los cinco años de edad me está formando; desde
los veintiún años la estoy sirviendo. Le soy deudor
de lo que fui, de lo que soy, de 10 que pude hacer,
de lo que me permite hacer ahora. Fueron muchos los
que influyeron en mí desde ese cimiento ciudadano.
Un nombre más, que lo simboliza: Luis Gil Salgueiro,
mi Profesor de Filosofía durante varios años”.
Desde las primeras páginas del
libro da testimonio de esta formación filosófica y
abarcadora cuando nos propone una mirada "De la
realidad cargada de problemas al ideal poblado de
esperanzas”.
Algunas definiciones del
maestro Miguel Soler contenidas en este libro a
retener, de particular vigencia por estos días:
“La acción educativa tiene
lugar en la sociedad, en la polis. Se nutre
obstinadamente de elementos políticos, en sus
definiciones filosóficas rectoras, en su legislación
normativa, en su gestión, en la asignación de
responsabilidades y, sobre todo, en sus contenidos.
Paulo Freire hablaba de la politicidad de la
educación. Los grandes debates relativos a la
educación son siempre debates políticos, en el
sentido preclaro de este término.(…)
Todos y todas nos interesamos
en la educación. Todos hablamos de ella. Todos la
invocamos cuando prevemos nuestro futuro o el de
nuestros hijos o cuando nos manifestamos
desconformes con la marcha de la sociedad. Como
hemos visto, es una de las funciones sociales más
controvertidas. Es también, seguramente, la más
compartida. Las permanentes tensiones que le son
propias muy pronto toman estado público. Esto
significa que conviene que todo cambio, toda
reforma, resulten de un debate y, si es posible, de
un ejercicio de búsqueda de lo que hoy llamamos
consenso. La Recomendación de la UNESCO y la OIT
sobre la situación del personal docente de 1966 dice
que los educadores y sus sindicatos y organizaciones
han de intervenir en la concepción de toda reforma
educativa. El Informe a la UNESCO de la Comisión
sobre la Educación para el Siglo XXI titulado “La
educación encierra un tesoro” dice: "Ninguna reforma
de la educación ha tenido nunca éxito contra el
profesorado o sin su concurso" y va más lejos aún al
pregonizar "la aplicación de medidas que permitan
asociar a los distintos agentes sociales a la
adopción de decisiones en materia educativa". Estas
recomendaciones rara vez son respetadas, ni en los
países en desarrollo ni en los países desarrollados.
Actualmente también se
interesan en la educación los bancos, los
empresarios, los medios de comunicación, los
comerciantes, los sindicatos, los especialistas en
empleo y en desempleo y los políticos. Es bueno que
así sea, aunque algunas veces estos sectores tienden
más a considerar la educación como una inversión
financiera que como un derecho de los educandos y
una obligación de la sociedad. Es este uno de los
efectos del actual modelo de globalización.
Convertir la educación en una mercadería, en un
artículo de primera necesidad, como dice un
documento oficial español, lleva a transformar las
escuelas en empresas. No deben serlo. Debemos
impedir que lleguen a serlo(…).
La historicidad del hecho
educativo
Todo trabajo educativo es un
trabajo situado. Debe atender las necesidades del
desarrollo de seres concretos, miembros de un grupo
humano determinado, en un lugar geográfico y
ecológico sin igual, en un momento histórico
preciso, en un ámbito político, social, cultural,
lingüístico con características que le son propias.
Lo resumo diciendo que la educación está
caracterizada por su historicidad. Así ha sido
siempre; así seguirá siendo.
Suele suceder que los
educadores desconozcamos este principio. Puede
ocurrirnos que no nos adecuemos suficientemente a
las características locales, a los cambios sociales
que tienen lugar fuera de la escuela, a la evolución
de los rasgos culturales del medio, a la composición
de nuestro alumnado, cada vez más enriquecida por
fenómenos migratorios. Hemos aprendido a enseñar de
conformidad con ciertas pautas, que pronto se
revelan efímeras. Reinventarlas en función de
procesos históricos puede resultarnos difícil. La
rutina es uno de los mayores y más frecuentes
obstáculos a una educación de calidad.
Si esto ocurre en las aulas,
ocurre también en los sistemas educativos, sobre
todo ahora que predominan las corrientes
globalizadoras: ministros que siguen las consignas
de los tecnócratas del Banco Mundial, leyes
nacionales copiadas de un país a otro, monopolios
lingüísticos empobrecedores, libros de texto para la
enseñanza básica importados, currículos que se
perpetúan veinte o treinta años, o redactados por
llamados expertos, encerrados en su despacho, al
margen de la realidad.
Seguir la línea del menor
esfuerzo puede ser, por períodos, una
tendencia en las cúpulas que
permea negativamente todo el sistema educativo.
Insensiblemente, la educación puede perder su
historicidad si de la participación generalizada
pasamos a la concentración tecnocrática, de esta a
la burocracia y de esta a la ignorancia de qué está
ocurriendo en las aulas, que es donde se interpreta
la historia pasada, se vive la presente y se fragua
la futura.
La historicidad del hecho
educativo supone que la educación general ha de
permitir a todos el conocimiento y la interpretación
correcta, por elemental que sea, del mundo local
(tan frecuentemente omitido en los currículos)., del
mundo nacional y del mundo internacional (este
último también sacrificado o tratado
arbitrariamente). Un conocimiento no limitado al
presente, sino que indague las raíces que más
influyen en este presente. Todo lo cual supone la
capacidad de organizar los contenidos conforme a su
relevancia justificada, lo que no siempre resulta
fácil, pues puede comportar la confrontación entre
lo que hoy se viene llamando sociedad del
conocimiento y lo que yo preferiría poder llamar
sociedad del saber.
Historicidad del hecho
educativo no quiere decir visión etnocéntrica del
Mundo. Importa proteger la multiculturalidad, cada
día más presente en los centros educativos, y
resolver con tolerancia y amplitud las tensiones que
con frecuencia genera, descubriendo en las
diferencias culturales motivos de enriquecimiento y
no de enquistamiento. El otro es parte de nuestra
historia común.
Historicidad tampoco ha de
significar visión a corto plazo. Los sistemas
educativos han de poder anticiparse tanto como sea
posible a las características y necesidades de un
futuro que no conocemos. Los conocimientos de hoy
pueden resultar inadecuados mañana. De ahí que se
venga destacando con toda razón la conveniencia de
aprender a aprender, es decir, de lograr que el
educando disponga de las herramientas que puedan
servirle a lo largo de su vida para responder a las
solicitaciones de una existencia cambiante. Pero
estas herramientas no se adquieren en abstracta.
La gran maestra es la realidad.
Recorrer los caminos que nos llevan a la correcta
interpretación de nuestra realidad y a contribuir a
introducir en esta los cambios requeridos es el
aprendizaje más importante, que no puede hacerse
fuera de la historia concreta. Por esto insisto en
la historicidad de la educación, una educación en la
realidad, sin ruptura con el medio ni con la
experiencia vital del educando, lo que no quiere
decir desinteresarlo por el ancho mundo ni
desatender su derecho al desarrollo de la
imaginación, la afectividad, el placer estético, el
goce de la expresión personal y de la música, propia
o ajena, el disfrute de transitar por irrealidades
complementarias de la realidad.
La tendencia que actualmente se
viene imponiendo es preocupante. La educación
general tiende a alejarse más y más de la realidad,
a seguir patrones preestablecidos para situaciones
promediales, habituando al educador a la comodidad
de ceñirse al reflejo de un mundo que solo existe en
los propósitos del poder, cada vez más influenciado,
este, por corrientes supranacionales amalgamantes,
interesadas en satisfacer su voracidad financiera y
cultural globalizadora. Me parece que quienes hablan
y escriben de estándares educativos han cedido a
esta nefasta tendencia.
Los grandes avances
tecnológicos, el uso cada vez más amplio de la
informática, la comunicación en tiempo real, la
mecanización y robotización progresiva de muchas
tareas favorecen la homogeneización del Mundo, con
consecuencias prácticas positivas pero que pueden
incidir negativamente en los rasgos culturales de
los pueblos. Los maestros lo perciben cotidianamente
en el carácter compulsivo que adquiere para sus
alumnos y alumnas la posesión de cuanto artilugio se
inventa a su intención. Si la educación tiene lugar
en un contexto histórico real, es preciso que su
historicidad sea crítica, que educadores y educandos
puedan tender más a interpretar y crear su verdadera
historia que a someterse a una historia calcada,
uniforme y ajena, que cuenta cada día con más medios
de imposición.
"Lecciones de un maestro",
es un libro editado por la Administración Nacional
de Educación Pública para su colección clásicos de
la Educación Uruguaya, es una recopilación de
artículos y discursos desarrollados por el Maestro
Miguel Soler en distintas etapas de su vida. La obra
por el momento solo se encuentra en los centros de
enseñanza de la ANEP, la Biblioteca Nacional y el
IPA.
Web
vinculante;
www.anep.edu.uy
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