Montevideo:
¿el último bastión?
por El Perro Gil
elperrogil@gmail.com

Son días de definiciones en la capital del país. La fuerza de gobierno se apresta a definir el tema -no menor- de la (o las) candidaturas al gobierno departamental. Desde filas sectoriales se impulsan candidaturas en operaciones mediáticas que se adelantan y contaminan el ambiente. Aunque no sea esa la intención (¿?), según manifiestan los protagonistas, la maquinaria se echó a andar con ese propósito. Mientras tanto, los órganos de dirección cumplen sacrosantamente su itinerario y definen los puntos programados, intentando que los muros y los diarios no afecten su trabajo. Menuda tarea, pues de carne somos y es casi imposible que ello no interfiera en la ardua labor de redactar los insumos que servirán de base común a quien nos represente en el gobierno departamental en mayo. Si algo hay seguro es que no se discute la renovación del mismo, dando señales claras una oposición que no define -ni siquiera por supuestos- a sus candidatos, a sabiendas que es una carrera perdida y por varios cuerpos.

 

Montevideo es el último símbolo de una forma de hacer política que nació para oponerse a una maquinaria de acumulación por sub lemas que sumaban todos para el candidato que más votos obtenía. Esa industria electorera terminaba dando el gobierno a la minoría mayor que, sumada con el resto, resultaba a la postre vencedora. Una kermesse que juntaba –bajo el mismo partido- a posiciones muchas veces en extremos apartados y con programas distintos, pero que aún así, votaban juntos. Entonces nació la fuerza distinta llamada Frente Amplio, que bajo un programa común, reúne a diferentes sectores que comprometen su participación al estricto cumplimiento de ese programa. Y lo hizo bajo la candidatura común también, en una sintonía perfecta con aquella particularidad.

 

Han pasado más de treinta años de aquel inicio, y con un crecimiento permanente, esa forma de hacer política fue haciendo carne en la población en razón directamente proporcional al descreimiento que acumularon los partidos tradicionales en sus gestiones de gobierno. En esas tres décadas y fracción hemos visto cambios en las “reglas de juego”, en un último intento por evitar la llegada de la izquierda al gobierno. Retrasado este hecho por un período, no pudo evitarse en el año 2004, y este 2009 el pueblo renueva la confianza en un partido que vino a hacer las cosas diferentes.

 

Pero lo diferente no puede ser enemigo de lo inevitable, e inevitable es que el mundo siga girando ó que la gente quiera cambiar.

 

La experiencia de gobierno trajo consigo muchas cosas buenas y otras que no lo son tanto, pero de todo (y aún más de los errores), debemos sacar lo mejor siempre. Hemos escuchado muchas voces que mantienen sus banderas –y está muy bien que así lo manifiesten- respecto a que Montevideo debe abonar la candidatura única y no exponerse a la multiplicidad de éstas. A nuestro humilde modo de ver, es tan válido ello como el permitir la libre elección entre varios candidatos. La democracia se abona y crece con más democracia. Hoy tenemos un Presidente electo que pujó su candidatura en una elección interna y lejos de haber sufrido fracturas, contamos con un equipo que ha dado muestras acabadas de tener claro el objetivo principal de sus esfuerzos: la gente, el pueblo uruguayo.

 

Asimismo resulta inconsistente que una solución admitida para el gobierno nacional y para gobiernos departamentales del interior, se presente como inapropiada para Montevideo. ¿Qué nos hace distintos del resto del país? ¿Acaso podemos sostener que fue una solución para elegir un candidato (que resultó electo Presidente de la República) pero no es una posibilidad para elegir Intendente de Montevideo?

 

Por detener la mirada en el árbol no perdamos de vista el monte. Las circunstancias de conformar el gobierno nacional también tienen su incidencia en el tema. Al tiempo de escribir esta nota es un secreto a voces que un firme candidato a ocupar el Ministerio de Educación y Cultura es el compañero Intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich. También se oyó decir a éste su intención de renovar la conducción de la IMM. Por otra parte el Cro. Daniel Martínez fue proclamado por los socialistas y, por parte de Asamblea Uruguay, se confirmó la figura del Cro. Carlos Varela para ese mismo fin.

 

Contamos no solo con este valioso caudal de compañeros para desempeñar ese cargo, también tenemos una forma diferente de promocionarlos y es con la unidad como cimiento. Unidad que se demuestra con el programa común que amalgama a todas las candidaturas cual si fueran una sola. Entonces, si no se logra el acuerdo, no perdamos mucho tiempo en discutir. El consenso también lo dan las urnas, y Pepe es un claro ejemplo.

 

Si hay un candidato único, mejor. Querrá decir que somos capaces de construir consensos desde las propias estructuras; pero si eso no se logra, no temamos la puja electoral interna con varios candidatos pues ello lejos de debilitarnos nos va a fortalecer. Es hora de demostrar que existe no uno sino varios y muy valiosos compañeros para desempeñarse en las más altas responsabilidades de gobierno. En definitiva el Frente Amplio somos todos y nadie más sabio que el pueblo, para definir su destino a la hora de elegir quien lo represente.

 

Lo más importante no es la puja electoral entre compañeros, sino la certeza que cualquiera sea éste, cumplirá el programa que decidamos los frenteamplistas de Montevideo. Y si la estructura no es capaz de dirimir quien es el candidato, que lo hagan las urnas, esas que le han extendido una carta de crédito a una fuerza política que, de seguir por el trillo iniciado, tiene cuerda para rato...

 

el hombre tenía que elegir,

el perro esperaba confiado.

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