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Rompiendo códigos: el
gesto del No de Agazzi
por Raúl
Legnani
Defendí
la propuesta de José Mujica para que fuera Ernesto
Agazzi ministro de Educación y Cultura, porque ha
demostrado ser un buen gobernante, excelente persona
y destacado dirigente político. También porque
entendí que podía jugar un buen papel en ese desafío
de llevar la enseñanza terciaria al interior del
país, como está ocurriendo en Maldonado.
Pero
ante ese mensaje fuerte de Agazzi diciendo que se no
se sentía apto para ocupar ese cargo o
responsabilidad, revisé mi postura y traté de buscar
el significado de ese inmenso gesto, sobre el que me
molesta que se diga que lo hizo “porque el Flaco es
muy humilde”.
En estos
días hemos vivido una experiencia nueva al escuchar
la negativa de Agazzi, que no se puede explicar con
los viejos códigos del cuerpo político, incluso y
fundamentalmente del Frente Amplio.
La
tradición de la izquierda, sin importar su origen y
su impronta ideológica, era que todo revolucionario
debe aceptar el destino que le adjudique la
organización o el jefe político. Esta vez Agazzi se
salió con valentía del libreto.
No violó
ningún principio, ni se rebeló ni se desacató,
agregó un nuevo elemento a la cultura de la
izquierda que es que en el momento de asumir
responsabilidades, importa la opinión de quien está
involucrado.
Si
Agazzi acataba la propuesta, hubiera reafirmado que
para tener cargos de gobierno solo alcanza con ser
un cuadro político, sin importar si está capacitado
o no. No dudo que Mujica y sus compañeros del MPP
sabían bien que era un cuadro político, pero que
además estaba capacitado por ser profesor Grado 5 de
la Facultad de Agronomía y conocer la estructura
productiva del interior del país.
Pero lo
que definió en última instancia fue que el propio
Agazzi no se sintió capacitado, “apto” fue la
palabra clave, a la vez que tuvo la suficiente
capacidad intelectual de reconocer de que hay otros
uruguayos que están mucho más preparados e
identificados con las líneas de trabajo que hoy
contiene el actual Ministerio de Educación y
Cultura.
Al
defender la actitud del ex Ministro de Ganadería,
Agricultura y Pesca, no estoy promoviendo que al
frente de los ministerios haya solo personas con
capacidad profesional, sin importar su experiencia
política al frente de organismos de gestión. Si
defendiera esto que no defiendo, los ministerios
habría que llenarlos por vía de concurso solo para
titulados, lo que sería un verdadero disparate y un
grave error.
Lo
nuevo, lo destacable, es que el gesto de Agazzi
puede ser el comienzo de una nueva cultura, que
abandone la idea de que la integración de un
gabinete ministerial es solo para los buenos,
sacrificados y hasta heroicos militantes. (Otra cosa
son los aspirantes a Presidente o a Intendentes,
donde lo político es fundamental).
Confieso
a la vez que no soy muy optimista al respecto,
porque no creo que el ejemplo cunda en el corto
plazo, aunque guardo la esperanza que la vida vaya
recogiendo actitudes ejemplares como la de Agazzi.
Señalo
que la cultura de que solo vale la política para
gestionar el gobierno, no es una enfermedad de la
izquierda uruguaya, sino que tiene larga data en la
izquierda mundial y también entre los propios
partidos de la burguesía, incluidos nuestros
partidos tradicionales, pero en este caso me importa
la izquierda.
Fue en
México
Hace
unos años, estando en México, visité a un viejo
amigo de mi abuelo materno, José Santos Valdés,
quien había sido militante comunista en el gremio
del magisterio. Recuerdo que Don Santos me contó que
cuando Lázaro Cárdenas ganó el gobierno, invitó a
los comunistas a que le dieran una mano. Fue así que
el secretario del PCM visitó a Cárdenas y le
ofreció, entre otros, a un dirigente comunista para
integrar la Sinfónica de Bellas Artes u otro
organismo similar del Estado. Cárdenas lo escuchó y
le preguntó que méritos tenía el propuesto, quien
resultó ser un sacrificado militante revolucionario,
con capacidad de dirigir a las masas, buen padre de
familia, con importante formación cultural.
- ¿Sabe
tocar algún instrumento? fue la segunda pregunta.
- No.
-
¿Dirigió alguna vez, por lo menos, una orquesta?
- No.
-
Entonces proponga otro nombre, dijo el Tato Cárdenas
y allí terminó la reunión, que apenas duró diez
minutos.
Fue en
Europa
Si nos
vamos a Europa, en la occidental y en la oriental,
¿no pasó que en cargos de gobierno de la izquierda
iban solo los más sacrificados, experientes y
entregados dirigentes, quienes conformaban muchas
veces verdaderas corporaciones? Pasó y así le fue a
la izquierda, particularmente a los partidos
comunistas.
Hace
años, otro Ernesto, dijo que la verdad es siempre
revolucionaria. Y la verdad de Agazzi fue el
reconocimiento de sus propias carencias, para una
responsabilidad que le era ajena. Por todo esto su
actitud trasciende lo personal, que es muy
importante, sino que también puede apuntar a una
nueva forma de sentir la política y de concretarla.
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