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¿Alternativa, revolución
o responsabilidad?
por
Federico Mayor Zaragoza
Una post-crisis implica una rápida evolución.
Alternativa nunca aconsejable es la revolución. La
diferencia entre una y otra palabra es tan sólo una
“r”: la “r” de responsabilidad.
No
hay dinero para luchar contra la pobreza. Ni para
proteger el medio ambiente. Pero para el “rescate”
de algunas de las instituciones financieras que
condujeron a la presente crisis, aparecieron
centenares de miles de millones de dólares. Ha
llegado el momento de rescatar a la Madre Tierra y a
la gente que la habita. No podemos seguir callados.
En la cumbre de la FAO en Roma,
¿dónde estaban los países del G-8 o del G-20? ¿Dónde
está la ayuda de los más prósperos? ¿Dónde la
movilización de las iglesias, de todas las
creencias, ante los miles de personas y de niños que
mueren cada día de inanición? ¿Dónde el principio de
inflexión de gastos en armamento hacia la calidad de
vida de la gente? ¿Dónde la transición de una
economía de guerra y especulación a una economía de
desarrollo global sostenible?
China, país
comunista/capitalista, se ha convertido en la gran
fábrica del mundo en condiciones laborables que no
han tenido en cuenta quienes obtenían de este modo
tantos beneficios. El país asiático y los Estados
Unidos de Norteamérica comunicaron ¡que reducirían
las emisiones de CO2!
Ya han rectificado
parcialmente. Y más harían, mucho más, si se dieran
cuenta de que las generaciones futuras de ambos
gigantes no les perdonarán un error de tan hondo
calado. Deberían unirse a las medidas que el resto
de la comunidad internacional, reunida en unas
Naciones Unidas reforzadas, apruebe. ¡Lo que ahora
nos faltaría es que el G-20 quedara reducido a un
G-2!
Mientras ocurre tanta
destrucción y despilfarro, el IBEX se reunía con las
jerarquías eclesiásticas españolas para contribuir a
la organización del viaje de su Santidad el Papa a
España. Sin comentarios sobre esta fotografía, pero
sí del deseo de ver la misma imagen con la pancarta
“Campaña Pobreza Cero”. Insisto en que me es difícil
conciliar el sueño cuando pienso que seguimos
invirtiendo 3,000 millones de dólares al día en
armas al tiempo que mueren más de 60,000 personas de
hambre, miseria y desamparo. Es una vergüenza
colectiva.
Y nosotros mirando hacia otro
lado, espectadores impasibles, afanados cada uno en
sus problemas cotidianos. ¡Ha llegado el momento de
la expresión ciudadana, liderada por las comunidades
artística, intelectual, académica, científica! Es
necesaria una gran movilización informática y
popular, cuando todavía estamos a tiempo de realizar
el gran cambio que la crisis debería producir.
Porque estoy convencido de que,
si no rectificamos, en 5 o 10 años, la situación y
perspectivas sociales, laborales, medioambientales…
serán de tal índole y pueden alcanzar tal gravedad
que produzcan, en términos orteguianos, la “rebelión
de las masas”. Una post-crisis implica, aunque
algunos sigan resistiéndose a ello, una rápida
evolución. Alternativa nunca aconsejable es la
revolución. Y, una vez más, debo recordar que la
diferencia entre una y otra palabra es tan sólo una
“r”: la “r” de responsabilidad.
* Presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex
Director General de la UNESCO
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