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Nueva novela de
González Olascuaga
Rafael
Courtoisie
La
Mirada de Federico una nueva novela de Joselo
González Olascuga, en esta oportunidad editado por
el Consejo de Educación Técnico Profesional-
Universidad de Trabajo del Uruguay para su serie
Ediciones Homenaje
edición coordinada por Alfredo Queirolo.
Lo
que sigue a continuación es un fragmento del prólogo
de Rafael Courtoisie que acompaña esta excelente
edición de la novcela de González Olascuaga,
presentada en
el Teatro Solís de
Montevideo
“Joselo
era un outsider, alguien por fuera del sitio que
supuestamente los aparatos culturales asignan. Esa
posición por fuera tenía que ver, por ejemplo, con
meter en la gran novela el tema del fútbol (Las
luces del estadio, 1992), de manera central en
una obra de ficción de largo aliento. También se
metió antes que otros autores con ese mito, ese
tótem, ese tabú que es Gardel (Aunque el olvido,
1995). Antes que apareciera la pléyade de
títulos acerca de Gardel y sus supuestas biografías,
González Olascuaga escribe un Gardel antes de
Gardel, que lo es en el sentido de su reconstrucción
y también en el de anticipo en la literatura
gardeliana que se empezó a edificar a mediados de la
década del noventa. Desde entonces es un autor que
nos acostumbró a sorpresas.
Ahora, cuando
sobreviene esa sorpresa, plantea una novela que es
a la vez una audacia y una concreción. La audacia
sin concreción, sin logro, tiene el valor del
intento y punto. Pero la audacia con concreción
tiene un valor superior cuando ejerce en un mundo
mesocrático como ha sido y quizá siga siendo el de
la cultura uruguaya. González
Olascuaga plantea una
novela de la vuelta de la es-quina, regional,
biográfica, autobiográfica, que tiene que ver con
los movimientos políticos de media-dos de siglo, con
las corrientes anarquistas que llegaron al Uruguay
desde España, con personajes entrañables que uno
pue4e ver retratados... Pero si yo lo contara así,
ustedes pensarían que La mirada de Federico
es una suerte de crónica histórica, como pequeña
reconstrucción, como relato de color, de época,
sobre los emigrantes españoles de la segunda
república y la verdad es que La mirada de
Federico no es solamente eso. En La mirada
de Federico hay un hombre de cuarenta años que
construye. una novela autobiográfica. A partir de
eso uno podría pensar que se trata de un texto
intimista, testimonial, que hablará de las
peripecias de alguien que para el criterio uruguayo
sigue siendo joven. Pero tampoco es solamente eso.
Porque en La mirada de Federico está también
el sustrato onettiano que tanto nos ha pesado a los
escritores que andamos entre los cincuenta y los
veinticinco años. El paradigma de Onetti ha sido el
de un maestro como lo fue en la plástica Torres
García, pero al mismo tiempo ha tenido el peso
específico de una manera de escribir, de ser en el
mundo y de encarar la literatura, que aparece en
este libro como un homenaje, pero yo les puedo decir
que este libro es onettiano en la medida en que
homenajea a Onetti, pero no lo es por trabajar en un
Montevideo irreal o en una Santa María o algún otro
espacio urbano de la imaginación, sino que trabaja
de otro modo. Siendo una novela regional y uruguaya
tiene una conciencia enorme del mundo, con una
composición del espacio urbano que no es la de
Onetti, sino que es la de un memorialista pero a su
vez un ficcionador que trabajó muchísimo lo
histórico, una novela plena de información, de datos
fidedignos. Está el rescate de lo íntimo y de lo
regional, pero abierto al mundo y a la historia.
Quizá porque en ese regionalismo que trabaja Joselo,
esté reflejado ese país de los años cincuenta,
abierto a esas corrientes republicanas, ese país que
supo entender y cobijar a tantos intelectuales
españoles, como José Bergamín, por ejemplo. Pero
como novela histórica difiere de Bernabé,
Bernabé, de Tomás De Mattos o de la más reciente
No robarás las botas de los muertos de
Delgado Aparain, porque se trata de una novela
histórica planteada en una sensibilidad que
llamaríamos, por comodidad crítica, posmoderna. Hay
aquí una reconstrucción histórica a partir de la
vida privada de ese personaje autor que está
fraguando su autobiografía. Toda la novela es un
ejercicio entre lo público y lo privado, entre los
encuentros de esos anarquistas y galleguistas con la
mirada de un muchacho que va reconstruyéndolos desde
su intimidad, con humor y muchísima nostalgia”.(...)
LA
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