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Sobredosis de
sentido común
por El
Perro Gil
elperrogil@gmail.com
Advertencia: cualquier parecido
con
el Sr. Sentido Común de la
campaña
pasada, es pura coincidencia.
El
gobierno electo no descansa. Hace realidad aquella
afirmación lanzada ni bien se conociera el resultado
del balotaje: no vino a hacer sebo. En tiempo
inédito para el país se definieron los ministros
–aún resta algún subsecretario- se efectuaron
contactos con los referentes principales del país
(industriales, trabajadores), y por estos días lanza
una sobredosis de sentido común en un tema que lleva
larga data entre los orientales como es la manida
patente de rodados.
Entre un tirón de orejas y una
línea de salvataje para dar solución al tema, se
habla del cobro de una parte de la patente de
rodados a partir de un impuesto en los combustibles.
Es cierto que el tema es de resorte municipal porque
así está consagrado en la Constitución de la
República, pero también es cierto que si todas las
Intendencias se ponen de acuerdo es posible
encontrarle solución al tema sin evadir el rango
constitucional del tema. Y nada mejor que hacerlo
por una vía que devuelve racionalidad a un tributo
que hoy tiene su base de cálculo en el valor de los
automotores cuando la lógica indica que debiera
estarlo en el uso que los mismos hacen de la
infraestructura municipal. Dicho de otra manera: que
quien más circule, más patente pague y viceversa. De
eso se trata en definitiva, que quien hace mayor uso
de la infraestructura vial departamental, sea quien
la solvente en mayor medida que aquellos que poco o
nada la usan. El valor de mercado de los coches
debiera ser base de otros impuestos previos pero no
de este, que -en definitiva- tiene una clara
impronta de igualdad, todos usamos las calles y
semáforos del mismo modo así lo hagamos en un Fitito
o en un Mercedes Benz, o un Audi último modelo.
Si solo ese argumento basta al
suscrito para afiliarse a esa modalidad de cobro, le
adelanto que tengo otros más para apoyarlo. Uno de
ellos es que dicha forma de cobro de la patente hace
imposible la evasión, por cuanto serán las
surtidoras de combustible las que retendrán el
importe y, salvo que circulen coches a agua u otros
combustibles alternativos, todos pagarán patente. Ya
no tendremos zafras de inspectores ávidos de
encontrar morosos infractores y podrán destinar sus
jornadas a mejorar el servicio de vigilancia y
educación vial, el cual es altamente deficitario en
ese aspecto.
Asimismo no es lo mismo
fragmentar el pago en mínimos aportes al caudal del
uso que cada uno haga del vehículo, que soportar la
gravosa carga de su pago zafral tal como rige hoy
día y en forma ficta (sin importar por ejemplo que
el coche aún guardado en la cochera, paga). Los
gobiernos departamentales tienen en este tributo una
de sus principales fuentes de ingreso, por eso es
que el tema no será de fácil resolución si el
gobierno no asiste en parte a solventar –por lo
menos al principio- una parte del insumo que
dejarían de percibir. Pero también es cierto que
muchas intendencias reciben un tributo por nada,
pues quien paga no es residente en el departamento y
por ende no utiliza ninguno de los servicios que
solventa dicho tributo. Para estos gobiernos
departamentales contar con un contribuyente que no
reclama servicios por lo que paga (pues no reside y
por tanto no los utiliza, precisa ni controla su
existencia y mantenimiento) es un negocio redondo.
Por supuesto que tendremos
ardorosas discusiones al respecto, pero por fin
llegó quien puso el tema sobre la mesa para su
franca discusión. Un sistema que es realidad en
países del mundo desarrollado, argumento que por
supuesto no basta para un rincón del mundo donde
residen tres millones de directores técnicos, pero
por algún lugar hay que empezar.
Es hora de terminar con los
vivos que circulan en un lugar y pagan en otro; es
hora de aplicar el sentido común.
el hombre lavaba el auto,
el perro intuía que salía
paseo...
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