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Antón Pirurelo y... que
cada uno atienda su juego!!
por El
Perro Gil
elperrogil@gmail.com
A escasos meses de
las elecciones municipales, Montevideo sigue
sufriendo los dislates de un gremio que pretende
ejercer un co-gobierno para el cual no fueron
elegidos por la ciudadanía. Y para rematarla, éramos
pocos y la abuela tuvo familia, pues idéntica
actitud asumen en Canelones. Todo ello atado al
recontra manipulado tema de la guerra de patentes.
Algo esbozamos en la última nota del año 2009 al
referirnos a la propuesta de Mujica para que la
patente se cobre con los combustibles, lo cual haría
inocua la movida pero claro, sabemos del brete
constitucional que hace de ésta una solución a largo
plazo.
La negativa a
fiscalizar los coches de las Intendencias orejanas
al Congreso de Intendentes, (Flores y Colonia),
coloca nuevamente en el tapete la actitud de los
funcionarios agremiados en ADEOM que en un reiterado
desborde de poder, acorralan a las autoridades
democráticamente electas.
Para colmo de males,
esta vez no solo se niegan a fiscalizar -léase:
cumplir con sus funciones, o sea, hacer su trabajo-
sino que con dicha actitud niegan la posibilidad de
devolver algo de justicia en un tema que nos tiene
prisioneros a muchos montevideanos que seguimos
pagando la patente - manteniendo los servicios
viales de nuestra ciudad- mientras otros circulan
sin pagar nada por el uso de los mismos. Claro que
se argumenta –también con justicia- la inequidad
existente en los valores que se manejan según sea la
comuna, pero también es cierto que si todos los que
circulan en Montevideo o Canelones pagaran patente,
seguramente los valores serían menores. Asimismo –y
volvemos sobre la nota referida- a nuestro juicio
hay un error conceptual en la fijación del insumo,
al tomar como base el valor de los coches cuando
debiera ser lo mismo para todos. El uso que cada
contribuyente dueño de un vehículo hace de los
servicios viales departamentales no tiene relación
con el valor o aforo del coche sino con el costo que
los servicios tienen para su creación y
mantenimiento, (calles, semáforos, señalizaciones,
etc.). Dicho costo dividido por la cantidad de
vehículos circulantes daría la cifra que cada uno
debe aportar para cubrirlos. Parece fácil ¿no? Pero
ya sabemos que para eso, y ante la falta de
unanimidad comunal, solo una reforma constitucional
podría darle solución.
Volviendo al tema de
los funcionarios municipales, su negativa a
controlar se basa en la falta de garantías para
ejercer dichos controles, aduciendo que podrían
tener consecuencias personales por el ejercicio de
su función. La pregunta surge de inmediato: ¿cuando
actúan en su función inspectiva, lo hacen por sí o
porque la IMM les confirió esa tarea invistiéndolos
como tales? Entonces, ¿dónde está el temor? A todas
luces nos parece una chicana de las muchas que
utiliza este gremio para poner palos en la rueda y
así como nos dejó un fin de año sin el servicio de
recolección de residuos, nos deja ahora en
indefensión ante el abuso de la circulación de
vehículos que no pagan tributos en su lugar de
residencia, fraguando una realidad de la que muchos
de nosotros conocemos algún caso.
Es momento de decir
basta a tanto abuso y que los funcionarios se
dediquen a funcionar, y los dirigentes a dirigir. Es
momento que cada quien atienda su juego.
Parece una
obscenidad que trabajadores que perciben
remuneraciones de las más apetecidas por el común de
la ciudadanía uruguaya, no sean capaces de captar el
rechazo creciente que generan con este tipo de
actitudes. Si Montevideo los tuviera al firme
ejerciendo sus funciones y prestando servicios
adecuados a las necesidades que enfrenta la ciudad,
otro sería el cantar y nos tendrían a su lado
reclamando. En cambio, debimos soportar dos años y
medio de conflicto con servicios cortados por el
incumplimiento de un convenio que, está muy bien que
se exija y se cumpla, pero también hay que ver que
quien paga las consecuencias siempre es el que les
paga el sueldo: el contribuyente. Entonces,
cambiemos la forma de protesta y no se tome a la
ciudadanía de rehén.
Generalmente se suele
argumentar que cuando habla el pueblo es un laudo a
respetar, entonces respetemos la voluntad del
soberano que sigue renovando la confianza en
Montevideo a una fuerza política que además es la
responsable de haber reivindicado el ingreso
salarial de los municipales. Pero la ambición por
querer cada vez más parece no tener límites y
llegamos a estos extremos donde nadie sigue su juego
y el antón pirulero queda para el olvido. Los
funcionarios agremiados asumen, en los hechos, el
control de la IMM y las autoridades nada pueden
hacer al respecto porque “somos de izquierda y no
queda bien andar haciendo de patrón”. Ese
conflicto de roles –a 20 años de ser gobierno
municipal- parece hoy un contrasentido. Mas que de
roles tendríamos que hablar de valores. Valores que
se han ido perdiendo dando paso a la viveza de
exigir antes que servir, olvidando que la suya es
una función donde el dar un buen servicio debe ser
una consecuencia natural y no una premisa
inexcusable.
El sindicalista debe
ser ejemplo entre sus compañeros y cumplir primero
que nada y que nadie con las funciones que ejerce y
por las que percibe su salario. Esa es la esencia
misma del fuero sindical, allí se gana el respeto y
se garantiza su representatividad, no es a la
inversa. Por su parte los dirigentes políticos
tienen la responsabilidad de cumplir los objetivos
estratégicos de gestión que le fueron encomendados
por la ciudadanía, y para ello es que se los eligió,
para que los hagan realidad. Entonces, ¿no será hora
de trabajar en ese sentido? ¿No será momento de
tener la suficiente humildad como para reconocer que
hay un colectivo de personas que esperan por
servicios decentes y eficientes por los que paga más
de lo que recibe?.
Es momento de que
cambiemos definitivamente la forma de actuar y de
pensar, asumiendo con responsabilidad que esto es un
barco que nos tiene a todos dentro y que cada quien
debe asumir su rol para poder cubrir con éxito una
gestión de gobierno municipal. Es momento de empezar
a hablar de resultados y que las remuneraciones
vayan atadas con la productividad tan mentada. Solo
así parece viable obtener buenos servicios.
Cada uno atendiendo
su juego, como en el Antón Pirulero.
el hombre leía el
diario,
el perro ladraba al
gato,
y el
gato se lavaba una pata como si nada...
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