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Estados de ánimo contradictorios
en el Frente Amplio
por Raúl
Legnani
Domingo
complejo este último, si los hubo. Casi
insoportable. 31º grados a la sombra, mientras las
llamadas telefónicas no aflojan. Los sentimientos
son encontrados. Muchos, la mayoría de los que me
llaman (no tiene valor de encuesta), indignados.
Otros, bastante menos, desbordantes de alegría.
El
asunto central de lo conversado ayer fue la
designación de Ana Olivera como candidata a la
Intendencia de Montevideo por el Frente Amplio.
Nadie me habló del empate de Nacional de Tacuarembó
y mucho menos me preguntaban si tengo alguna pista
de quien será el próximo presidente de UTE o de
Antel.
Ana, una
y otra vez, el tema fue Ana y por qué no Daniel
Martínez. ¿Por qué no el Pelado? se reiteró como
segundo punto de las llamadas. Ana y el Pelado, el
Pelado y Ana...
Todo fue
estatutario
Cuando
hace unos días José Mujica se metió públicamente en
la interna del FA diciendo que el próximo candidato
a la Intendencia de Montevideo no debería ser un
socialista, un vertientista o alguien vinculado al
Espacio 609, para así mantener los equilibrios
internos de la coalición de izquierda, todos
pensamos que solo le había abierto la puerta a
Carlos Varela, en tanto de Asamblea Uruguay nunca
había salido un intendente.
Nos
dimos cuenta, es cierto, que también podía estar
promoviendo la candidatura de un comunista, pero
desde ese sector no aparecía una figura cantada,
debido a que Ana Olivera había sido designada al
frente del Mides.
Por eso
todas las miradas se centraron en Varela, quien
tenía la puerta abierta. Pero lo que nos supimos ver
fue que también le había abierto la ventana a
Olivera, que es por donde finalmente ingresó a la
competencia por la candidatura a la intendencia del
departamento más poblado del país, que contiene a la
capital de Uruguay.
El
Plenario Departamental del FA de Montevideo, con el
apoyo unánime de todos los sectores y de las bases,
puso en su primera sesión el escenario donde se iba
a decidir la suerte de los aspirantes: candidatura
única, fue lo que se votó, cerrando las puertas a la
múltiple candidatura. En esa votación a Martínez se
le empezó a complicar el futuro.
Fue así
que la polarización entre Daniel Martínez y Carlos
Varela solo se podía resolver, al no tener ninguno
de ellos el porcentaje requerido por el estatuto
para ser electo, si sectores y delegados de
coordinadoras cambiaban el voto ( una traición,
dicho en pocas palabras) o si aparecía un tercer
candidato, lo que finalmente ocurrió cuando una
coordinadora, casi como tonteando, presentó el
nombre de Olivera. Ante la propuesta nadie, ni el
propio PCU, se negó a la iniciativa, señalando, por
ejemplo, que ya había sido designada para un
ministerio.
De esta
manera la candidatura de Olivera llegó para
quedarse. Conversaciones fueron, vinieron, no hubo
marcha atrás de nadie. Martínez en una semana no
ganó un solo voto nuevo, a pesar de que tenía una
amplia mayoría. Varela, a la vez, quedó congelado y
en un segundo lugar y lejos.
El PCU
no necesitó más que esperar. Incluso fue fiel y
nunca dejó de señalar que sus votos estaban para
Martínez, pero agregando un matiz: que si no llegaba
al porcentaje requerido iba a priorizar la
candidatura única y estaba dispuesto a aportar sus
votos a otro aspirante.
El MPP,
el Frente Líber Seregni y el PCU alinearon a sus
fuerzas y acordaron concentrar sus votos en Olivera,
luego de que quedara claro de que Martínez no iba a
ser electo. Ocurrida esa constatación, Varela se
bajó de la candidatura y Olivera fue electa como la
candidata. Así de sencillo. Y quizás de dramático,
porque el pre candidato con más votos en la primera
votación del plenario y con mejores cómputos en las
encuestas, quedaba afuera.
¿Y el
Pelado?
Hubo una
encuesta de Equipos Mori, en medio de las
conversaciones, que dijo que Martínez recibía el
apoyo del 66% del electorado, Varela el 12% y
Olivera el 7%. La diferencia era abismal. Este
sentimiento era mayoritario en la calle, por lo
menos en el ambiente que me muevo. De la misma
manera que en las elecciones nacionales la gente
decía “Pepe” cuando se le preguntaba a quien iba a
votar, ahora la respuesta era “el Pelado”.
Aunque
no faltaron los que se sintieron molestos con
Martínez por haber pintado de verde Montevideo o por
sus permanentes dichos: “En la calle la gente me
pide que sea candidato”. Molestos también por haber
hecho pública dos encuestas, contratadas por el PS,
que lo favorecían.
Esto
pasaba particularmente en las nuevas generaciones de
frentamplistas, participantes del banderazo o no,
que identificaban a Martínez con la renovación
generacional y con las formas de hacer política.
Esos eran los que ayer me llamaban angustiados por
la resolución. Con una paradoja interesante: no
estaban en contra de Olivera, sino de los
procedimientos para elección del candidato. Ayer
sentí el rechazo a la dirigencia del FA, como nunca
lo había visto. Alguien me dijo: “Yo no sabía a
quien iba a votar, pero esta forma de entender la
política me aleja de la política y del Frente”. ¿Así
habrá empezado la Concertación chilena?
¿Y
Ana?
Ana no
es responsable de esas conductas de la dirigencia
que no son nuevas. Conductas, además, que son
legales y estatutarias. En la elección de Olivera no
hubo un solo gesto que se alejara o lastimara las
reglas de juego del Frente Amplio. Por eso nadie
tiene derecho al pataleo. Solo vale patalear ante el
agotamiento de ciertos procedimientos políticos que
nos han contaminado a todos y no solo a la
izquierda.
Ana
Olivera va a ser una gran candidata, mejor
gobernante y seguirá siendo una excelente persona,
tal como lo es hoy. Pero su gran desafío, junto a
construir un Montevideo de primera, es ayudar a la
renovación de la izquierda. Está invitada.
LA
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