Conducta entre comunistas y
socialistas cambia estrategia del FA
por Ramón Ramos Trías

Parecería que sólo en parte el Frente Amplio con la designación de Ana Olivera como su candidata a las elecciones municipales de mayo, ha cerrado un ciclo de discusiones que lleva más de un año y medio. ¿Porqué las discusiones a la interna del FA, solo tendrían una parcial tregua? Aún siendo la fuerza ganadora de las elecciones nacionales y seguramente repitiendo un triunfo en Montevideo, las aguas de la izquierda uruguaya todo indica que seguirán agitadas.

 

Esta fuerza política de muy peculiar integración, en lo social y en lo ideológico, nació en 1971, sobre la base de una serie de equilibrios internos, un programa que le daba coherencia y una conducción magistral del general Liber Seregni. Todos componentes que le dieron una impronta estratégica durante más de 40 años, como no lo tuvo ninguna otra fuerza o partido político en Uruguay. Esta estrategia le permitió enfrentar la dictadura durante 10 años, ganar la Intendencia de Montevideo y luego el gobierno Nacional entre otros éxitos.

 

Con la muerte y antes retiro de la presidencia del FA del general Seregni, la crisis y desmembramiento del Partido Comunista y otras fuerzas políticas fundadoras, la integración a pleno del MPP (en su mayoría ex tupamaros), se inician cambios profundos en aquellos equilibrios fundacionales de esta fuerza política.

 

Casi simultáneamente llega el triunfo del Frente Amplio encabezada por el Dr. Tabaré Vázquez al gobierno Nacional en el 2005 y que antes había alcanzado  la Intendencia de Montevideo.

 

Principalmente las discusiones previas a la designación de José Mujica y Danilo Astori como candidatos frenteamplistas a la presidencia y a la vice presidencia en las recientes elecciones nacionales de octubre de 2009, y ahora especialmente las candidaturas por Montevideo a las elecciones municipales de mayo, han mostrado cambios profundos en aquellos equilibrios fundacionales. Esencialmente por los procedimientos y objetivos partidarios en la designación de la comunista Ana Olivera en sustitución del socialista Daniel Martínez, se rompe definitivamente un precepto histórico del Partido Comunista donde se privilegiaba una visión estratégica de alianzas de izquierda sustentada por un programa y una metodología de acción entre comunistas y socialistas, que viene expresándose contradictoriamente desde principios del siglo XX en Uruguay.

 

Esta nueva estrategia del Partido Comunista ya había irrumpido con fuerza en la interna frenteamplista cuando desde principios del 2009 decide apoyar a José Mujica como candidato frenteamplista a la presidencia de la República y se encuentra en la vereda de enfrente con sus viejos aliados frenteamplistas.

 

Este nuevo mapa estratégico de la izquierda uruguaya, tiene varias expresiones concretas a la interna del hoy partido de gobierno, la que más resalta es la identidad de criterios, metodología y capacidad de decisiones entre el presidente y el vise electo José Mujica y Danilo Astori. Si bien esto podría argumentarse como un método para dar coherencia al futuro gobierno nacional, de seguir expresándose como en el último período esto borra para siempre el Frente Amplio que hoy se conoce.

 

Desde ya hace un tiempo largo, las distintas acciones y metodologías de los partidos o grupos políticos integrantes del FA, así como la de muchos de sus dirigentes, varían y se expresan contradictoriamente en periodos de tiempo muy breves. Esto dificulta observar tendencias o variables políticas claras. Algunos dirigentes de la izquierda explican estas conductas, por las nuevas tendencias sociales, comunicacionales, por la “globalización”, del mundo contemporáneo etc. Pero lo que es más que evidente es la distancia cada vez mayor entre lo que deciden los dirigentes de la coalición y la posibilidad de incidir, proponer o modificar iniciativas que tiene la mayoría de lo integrantes de las base, esta contradicción es aún más grave si se tiene en cuenta a quienes votan a esta fuerza en las elecciones nacionales y municipales.

 

En el reciente Foro Social Mundial de Porto Alegre varios de sus expositores  se mostraron preocupados en que la izquierda o las izquierdas tengan en el mundo y en particular en Sudamérica tanta “dificultad en adoptar mecanismos y procedimientos universales, claramente democráticos de consulta y decisión de sus bases partidarias”. Si nos atenemos a estas observaciones Uruguay no escaparía a este fenómeno, que por cierto no es nuevo y que en más de un momento de la historia reciente ha generado enormes frustraciones y pérdida de credibilidad en la politica.

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