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Osama Bin Laden y la guerra
más extraña de la Historia
por Mauro
Santayana
Aunque olvidemos las tragedias,
naturales o no, que siempre perturban las fiestas de
fin de año – como las que nos ocurrieron en Angra y
otras partes del país – el año comienza mal en el
mundo. Los Estados Unidos se preparan para
ampliar su presencia en el Oriente Medio, como
respuesta al atentado frustrado de Detroit. Esta vez
en Yemen, que tiene, aún sin explotar, grandes
yacimientos de petróleo y gas.
Es la
guerra más extraña de la historia: por un lado, la
nación más poderosa del mundo, con la solidaridad
efectiva o simbólica de muchas naciones, y, por
otro, la Base, la organización islamita creada y
comandada por Osama Bin Laden, hombre rico, joven
(cumplirá 53 años en marzo), de notorias y antiguas
conexiones con los Estados Unidos.
El líder
de la Al Qaeda no defiende una ideología. No es un
hombre de izquierda, nunca fue marxista.
Fue aliado de los Estados
Unidos, en el apoyo a los talibanes, para el combate
a los soviéticos en Afganistán. Su bandera parece
haber sido (si ya dejó de ser) la de la ortodoxia
islámica contra la opulencia de la dinastía saudita.
Occidente se tornó su blanco, por proteger a los
descendientes de Ibn Saud, en el poder desde 1933.
Además de eso, están, todavía no explicadas
claramente, sus relaciones mercantiles con los Bush.
El hecho es que, no obstante
los grandes intereses económicos y estratégicos de
los Estados Unidos y sus aliados, la guerra, como
los Estados Unidos la muestran, parece ser, en esta
fase, la de un hombre, en algún lugar del mundo,
contra un gran imperio. No se sabe donde este hombre
se encuentra, ni siquiera si está vivo, y no sería
extraño que estuviese comandando todo desde un
apartamento de Manhattan. Su nombre pasó a
ser un símbolo. Odiarlo es fácil, encontrarlo está
siendo difícil; vencerlo parece improbable. Hitler
fue vencido en menos de seis años: hace nueve años,
Bin Laden pasó a ser el enemigo número 1 de los
Estados Unidos y, en seguida, de sus aliados
europeos.
Excluido
todo el juicio moral, religioso e ideológico del
conflicto, queda la lección de que todos los
poderes temporales tienen límites, y estos limites
no se someten a las razones de naturaleza ética o
teológica. Osama Bin Laden continúa siendo, es casi
seguro, si estuviera vivo, uno de los hombres más
ricos del mundo. No consta, tampoco, que pretenda
construir una sociedad igualitaria teológica en la
Tierra. Su visión de sociedad es oscurantista,
reaccionaria; eso lo distanciaba de Saddam Hussein,
que había abierto las universidades a las mujeres,
les permitía andar con el rostro descubierto,
respetaba otras confesiones religiosas – entre
ellas, la cristiana – en su país. Hussein no era
demócrata – pero ¿que país, en el Oriente, puede
declararse republicano y democrático? No es
democrático Egipto, con Mubarak en el poder hace
casi 39 años, ni Arabia Saudita con su monarquía
despótica, perdularia y, en las relaciones internas
de poder, brutalmente medieval.
Osama
Bin Laden no es un libertador, ni un héroe
islámico, como lo fue Saladino. Es apenas un
hombre que decidió usar su dinero contra enemigos
personales y en defensa de una visión puritana de la
vida. Sus ideas no nos merecen
respeto.
Cualquiera sea la visión que
tengamos de la realidad, ésta no exime a Estados
Unidos y sus aliados de incompetencia política y de
mala fe histórica. No supieron concertar un modus
vivendi diplomático y duradero con Saddam, que
respetase la autonomía de Irak, ni fueron capaces de
hacer valer la resolución de la ONU de crear dos
estados – árabe y judío – en Palestina, cuando eso
era aún posible. Los soldados norteamericanos se
encuentran en Afganistán y en Irak a fin de imponer
el respeto a los “derechos humanos” en aquellos
países. Ellos se encuentran allí, y se preparan para
entrar en Yemen, en defensa de sus propios intereses
en el mundo.
Yemen es uno de los países más
bellos del planeta, con sus montañas de altos
siempre verdes, su bellísima arquitectura, sus
esencias aromáticas, como la mirra y el incienso, y
el excelente café exportado por el puerto de Moka –
del que fue el único productor comercial durante
siglos. Aunque de subsuelo rico, es también uno de
los países más pobres de nuestro tiempo, con altos
índices de mortalidad infantil, de baja expectativa
de vida, en fin, una región de gran miseria.
Pero, bajo sus arenas – como bajo las arenas de toda
la región – hay petróleo y hay gas.
Es bien
probable que, en esta guerra inusitada, Bin Laden
esté preparando, en la entrada del Mar Rojo, y al
lado del Golfo Pérsico, una nueva trampa para
Washington.
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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