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Quien gana las mentes,
gana la batalla del poder
por
Isabel Bernal
Por qué, cómo y quién construye las
relaciones de poder mediante la gestión de los
procesos de comunicación, y cómo se pueden modificar
estas relaciones para un cambio social es el tema de
la última obra de Manuel Castells
El sociólogo español, Manuel
Castells, ha presentado su libro Comunicación y
poder. Para el sociólogo, el poder ha dejado de ser
monopolio del Estado y ahora reside en nuestras
mentes: “por tanto, quien gana la batalla de las
mentes, gana la batalla del poder. La forma esencial
de poder está en la capacidad para modelar la
mente”.
Según explica, los medios de
comunicación se han convertido en el ámbito en el
que se despliegan las estrategias de poder, pero, en
el actual contexto tecnológico, en la era de
Internet y los teléfonos móviles, la comunicación de
masas ha traspasado la frontera de los medios
tradicionales y ha originado un nuevo entorno
comunicativo que ha modificado profundamente las
relaciones de poder.
“El poder se basa en el control
de la comunicación, ya sea el macropoder del Estado
y de los grupos de comunicación o el micropoder de
todo tipo de organizaciones. Poder es algo más que
comunicación y comunicación es algo más que poder.
Pero el poder depende del control de la
comunicación, al igual que el contrapoder depende de
romper dicho control”, afirma.
Para Castells, la incorporación
a nuestra rutina diaria de estas nuevas formas de
comunicación, como SMS, blogs, vlogs, podcast, wikis,
RSS, YouTube, MySpace.com, Wikipedia o Facebook, ha
generado un nuevo concepto que denomina
“autocomunicación de masas”.
En este contexto, “lo único que
les queda a los medios de comunicación tradicionales
frente a las nuevas formas de comunicación es la
credibilidad”.
Castells señaló que la
comunicación está cada vez más concentrada en grupos
empresariales multimedia pero, a su vez, está más
segmentada, más focalizada a audiencias específicas.
Por otro lado, el sociólogo
cuestionó que el aumento de canales de televisión
mejore la calidad de sus contenidos pues “son las
audiencias las que determinan la dinámica de los
medios. Las televisiones son un negocio y, aun en
crisis, siguen ganando dinero”. Asimismo, afirmó la
necesidad de modificar el actual modelo de industria
de la comunicación, que se enfrenta a la crisis
económica y a la transformación tecnológica.
Además de analizar los cambios
que se han producido en la industria global de los
medios de comunicación, desde enfoques sociales y
psicológicos, Castells ha estudiado distintos
procesos políticos y movimientos sociales que
ilustran la relación entre la comunicación y el
poder en el siglo XXI, como los movimientos que
siguieron al 11 de Marzo en Madrid, “que evidencian
la estrecha relación entre medios de comunicación y
poder político”, o el importante papel que ha
desarrollado Internet en la campaña electoral de
Barack Obama. Para Castells, este es un ejemplo del
potencial político de Internet, “que es un
instrumento perfecto de cambio y participación”.
También analiza la
desinformación del público estadounidense sobre la
guerra de Irak, el movimiento global contra el
cambio climático, o el control de la información en
Rusia y China.
El sociólogo se refirió también
a la “política mediática” que predomina actualmente.
“La lucha política se hace hoy desde la política del
escándalo, con el fin de desacreditar al contrario.
Los últimos cambios de Gobierno o de liderazgo han
derivado de este tipo de política. Esto llega a
provocar ‘la fatiga del escándalo’, es decir, que el
ciudadano finalmente no le crea a ningún político,
no vea opciones políticas. Hay una relación directa
entre la intensidad de la corrupción y el descrédito
de la política”.
Manuel Castells también habló
sobre el nivel educativo de los jóvenes españoles,
sobre todo estudiantes de secundaria. Según
Castells, “somos un país muy maleducado. La tasa
de abandono escolar en secundaria es del 30%.
Que exista un tercio de estudiantes que no acabe la
secundaria es un problema. Aunque creo que la crisis
va a ayudar, pues al no haber trabajo los jóvenes
estudiarán más”. El sociólogo explica que el foco
del problema se encuentra en que “los jóvenes de
14 a 16 años se aburren”, viven en la cultura
digital pero Internet apenas está integrado en los
estudios. “Tenemos una juventud global y el actual
sistema de currículo está en otra galaxia”.
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