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En las eleciones de mayo,
Contra los “mundos aparte”
por Raúl
Legnani
“Voto
en blanco” porque estoy en contra de la forma con
que se eligió a Ana Olivera como candidata en
Montevideo. “Voto en blanco porque estoy contra la
estructura del FA”, es un concepto que circula
públicamente, en reuniones más o menos íntimas o por
las redes de Internet.
La
designación de Ana Olivera para encabezar la batalla
por
Montevideo, fue absolutamente limpia y ajustada al
estatuto, a pesar de que el texto completo por lo
general es desconocido por la mayoría de los
frenteamplistas; lo que es grave.
Es como
si el dueño de una inmobiliaria no conociera la ley
de alquileres o un jugador de fútbol no supiera de
la existencia de la ley del “orsay” o que no se
puede tocar la pelota con la mano.
El
martes pasado publiqué parte del estatuto
“desconocido” (unos seis artículos) en el que se
establecen, bajo determinadas condiciones,
mecanismos de democracia directa en la interna del
FA. Artículos que la dirigencia de los sectores y de
los Comité de Base parecen no haber leído nunca.
Pero
seamos sinceros y francos: Olivera fue designada sin
que se violara el estatuto, a pesar de haber sido
leído parcialmente. Se puede recordar que Tabaré
Vázquez, Mariano Arana y Ricardo Ehrlich, así como
todos los candidatos del interior del país, fueron
electos con el mismo espíritu estatutario que se
aplicó recientemente. Y nadie pateó porque todo se
hizo en apego a la “ley” interna.
¿Por qué
el mal humor aparece ahora y no apareció hace 10
años o 20? ¿Recuerdan cuando en 1984 se vetó la
candidatura de Hugo Batalla a la intendencia de
Montevideo, quien meses después demostró que era la
mayoría electoral dentro del Frente? ¿No ocurrirá lo
mismo con Daniel Martínez?
Si lo
que pasa hoy, no pasó ayer, es porque la realidad
cambió sustancialmente, particularmente en lo que
tiene que ver con el ejercicio de la democracia, con
las ideas de participación y con el hecho de que el
Frente Amplio pasó del 18% del electorado a más del
50% en las últimas dos elecciones.
No es lo
mismo crear espacios democráticos para 18 en 100,
que para 50. No es lo mismo y por suerte, porque no
solo con los actuales porcentajes se ganan las
elecciones (no es un dato menor), sino porque además
la construcción de una nueva sociedad es mucho más
colectiva y mucho más masiva.
A la
vez, en medio de este cambio sustancial, podríamos
extendernos sobre las nuevas formas de comunicación,
de participación y de incidencia que tienen las
mujeres y hombres en la sociedad moderna, donde hay
mucha más gente que entra y sale de la política como
quien se cambia de camiseta, pero siempre queriendo
incidir porque entiende que su palabra vale por
encima de las horas anuales que le entrega a la
militancia.
Hay que
reconocerlo: hoy la gente que nos definimos de
izquierda somos mucho más democráticos que en la
década del 60. Por lo menos en Uruguay cada día hay
menos gente que se emociona con las sociedades del
“hombre nuevo”, que terminaron en los
“sociologismos” de los aparatos partidarios que
fracasaron, incluso donde aún no perdieron el poder.
Mayo es
el debate
Hoy
están dados todos los elementos para provocar una
nueva reflexión sobre la sociedad que quiere la
izquierda uruguaya y a partir de ella establecer qué
fuerza política se necesita.
En mayo,
en las elecciones municipales, no solo se juegan dos
plazas más, un mejor servicio de transporte, los
costos del aparato estatal con cara de municipio, la
patente de rodados, el saneamiento y la iluminación
que son cosas muy importantes porque hacen a la vida
diaria de la gente, sino que es el primer plebiscito
que deberá afrontar el gobierno de José Mujica y de
todo el Frente Amplio.
Votar en
blanco es negarse a seguir incidiendo en la interna
y en el país, pero es la vez una postura que lleva
al debilitamiento del proyecto progresista. También
es la pérdida de una gran oportunidad para encarar
las elecciones municipales como un gran debate
nacional con los partidos adversarios, a partir de
lo municipal y lo local.
En el
día de su renuncia al frente de la Intendencia de
Maldonado,
Oscar de
los Santos tiró una línea sobre cómo encarar mayo,
sin hacer referencia a las elecciones, porque
respetó el recinto laico del municipio.
“Maldonado debe ser un departamento que abra sus
brazos para recibir nacionales y extranjeros, que
sea capaz de crear una cultura de convivencia, de
sentir que el inversor extranjero tiene las mismas
posibilidades como tiene por ley el nacional, pero
que el trabajador uruguayo o extranjero –en la
medida que se cumpla con la norma laboral- tiene que
tener el mismo derecho porque tenemos más de medio
millón de uruguayos en el exterior”, señaló.
A la vez
agregó que “este departamento a veces tiende a
transformarse en un ‘mundo aparte’; estas cuestiones
tienen que ver con la cultura del cambio, porque de
lo contrario, en definitiva, podremos estar creando
riquezas pero estaremos creando una nueva forma de
segregación social, y eso lo vamos a combatir en el
campo de las ideas”, dijo el ex intendente.
Para que
no haya “mundos aparte” opuestos al cambio, es que
no hay lugar para los votos en blanco en Montevideo,
que ha sido la locomotora que por dos veces llevó al
FA hasta la estación Suárez.
En mayo
hay que ganar intendencias, las más que se puedan
porque es parte de la confrontación programática
nacional, pero a la vez librando en el campo de las
ideas un gran debate sobre cuáles son los horizontes
del cambio y cuáles los peligros de la restauración
neoliberal. La propuesta también es construir hacia
delante, trabajando por un nuevo estatuto que se va
a enriquecer por la propia batalla hacia mayo.
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