|
Blanquear el voto,
un camino errado
por El
Perro Gil
elperrogil@gmail.com
Luego
de la proclamación de Ana Olivera –y aún antes- se
escucharon rumores de votaciones en blanco (para las
elecciones de mayo) como forma de protesta por el
veto (¿?) impuesto al Cro. Martínez. Semejante
disparate solo pudo lanzarse como rumor pues la
andanada de críticas y comentarios que hubiera
recibido el autor del mismo, lo habrían defenestrado
políticamente.
En primer lugar
hablar de veto es una equivocación absoluta pues una
estructura que legítimamente se vale de sus
estatutos para dirimir un tema no menor como la
candidatura a Intendente de Montevideo, no puede ser
menospreciada al punto de hablar de un veto o
contubernio en tal sentido. Decirlo es considerar al
estatuto solo para aquellos casos en que el mismo
corre a favor de los intereses sectoriales y no para
cuando no se tiene la misma dirección o apoyo. Algo
así como decir que si gano lo hago con el estatuto y
si pierdo es por culpa del estatuto.
La sencillez del tema
–que no deja lugar a duda alguna- pasa por haberse
aferrado a la idea de un candidato y un programa,
como lo marca la historia frenteamplista, ratificada
por el plenario departamental al decidir esa
consigna como irrenunciable. Lo que siguió después
fue lógica consecuencia al contar con apoyos que no
representaban las mayorías estatutariamente
establecidas para ser designados candidatos. No vale
hablar de “amplios porcentajes” cuando el estatuto
es clarito al exigir los 4/5. Tampoco vale apelar a
encuestas porque a los candidatos los eligen los
órganos representativos de la fuerza política, no el
trabajo de una consultora.
Trancados como
estaban los candidatos propuestos, solo la grandeza
de los mismos -cediendo posiciones- podía destrabar
el tema, o la idea de un candidato alterno, podría
dar el ansiado consenso y la unicidad votada para la
candidatura.
Y eso fue -ni más ni
menos- lo que ocurrió. Se mantuvo inalterada
prácticamente la votación y allí comenzó a tejerse
la trama de acuerdos que permitieron destrabar la
situación. Si esa búsqueda de acuerdos y el libre
juego democrático de negociar entre sectores y bases
se puede considerar parte de un veto, entonces algo
anda rematadamente mal.
¿Por qué no se dice
que la primera mayoría del Cro. Martínez no fue
sostenida por las mismas bases que terminaron
proponiendo a la Cra. Olivera para dar una salida
consensuada al tema? Porque eso fue lo que ocurrió
finalmente, y nadie puede dudar de la legitimidad
del recurso por cuanto las propias bases cerraron
filas en bloque con el candidato de unidad. Una
unidad que no había conseguido concretar el Cro.
Martínez.
Escuchar rumores de
voto en blanco en boca de quienes no obtuvieron el
reconocimiento del plenario, parece una invitación
velada a su emisión. No alcanza con salir a intentar
aventar esa posibilidad con discursos. Si en verdad
quieren demostrar que el Plenario se equivocó y la
estructura debe ser modificada, solo la legitimidad
del voto en mayo les dará el derecho absoluto de
tales afirmaciones. Si Daniel Martínez era el
candidato que querían los frenteamplistas, las urnas
de Montevideo deberán atiborrarse de listas verdes
en mayo, dando color y alternativa real al mentado
voto en blanco.
Con esa legitimidad
en el haber, hablar de reestructura interna será una
obligación para todos los frenteamplistas. Pues el
respaldo que dan las urnas tiene un valor
inmensurable, y eso lo sabemos muy bien todos.
Votar en blanco no
solo sería un error absoluto, que abriría una fisura
irreparable a un gobierno municipal que está
consolidado –aún con sus defectos-, sino que se
perdería la ocasión de demostrar la veracidad de
tanta afirmación mediática vertida por estos días.
La verdadera encuesta
es en mayo, y lejos… muy lejos de votar en blanco,
hay que votar Frente Amplio.
el hombre pintaba
el juego de jardín,
el perro le meó
la lata de pintura blanca
LA
ONDA®
DIGITAL |