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Ahora el estallido de
la burbuja en el fútbol
por
Carlos Miguélez Monroy
“Ha
explotado la burbuja de Internet, la burbuja
financiera, la burbuja inmobiliaria… Es preciso
diseñar un sistema de reglas para evitar el crack”.
No lo dice un Nobel de economía, sino Jean-Michel
Aulas, presidente del gigante informático Cegid y
del Olympique de Lyon, el equipo francés de fútbol
con mejores resultados en la última década.
Existen mecanismos para evitar
el estallido de la burbuja del fútbol y ayudar a que
el flujo de dinero en el fútbol se invierta en el
propio fútbol. Es decir, que las inyecciones de
capital se destinen a la construcción de estadios y
centros de formación para jugadores, en lugar de que
los intermediarios acaparen la riqueza. Limitar las
comisiones de los agentes y el número de traspasos
desembocaría en una necesaria deflación de sueldos
inmerecidos y de traspasos hiperinflados. Como dice
Aulas, “no es sano que haya agentes vendiendo al
mismo jugador todos los años y cobrando sin
límites”.
El fichaje de menores de 22
años dinamiza las canteras de los equipos, proceso
crucial para cualquier proyecto futbolístico con
futuro. Pero plantillas de 40 personas en el equipo
mayor dispara los gastos, además de inflar los
presupuestos de los equipos. Esto provoca la
sobrevaloración de jugadores que luego se venden en
el mercado para alcanzar los objetivos
presupuestarios.
Aquí entra la necesidad de
crear reglas para que los clubes alcancen un
equilibrio a partir de recursos propios y no de
líneas de crédito sin límites y deudas de más de 500
millones de euros, como los de algunos de los
equipos europeos con más prestigio. Las fortunas
personales de los presidentes de grandes equipos,
equiparables al capital mismo del equipo, abren la
puerta a inyecciones millonarias para fichajes. Como
la burbuja inmobiliaria que ya ha estallado, un
corte repentino a esas inyecciones en el deporte
pondría a los equipos en quiebra y arrastrarían todo
el sistema. ¿Acaso los clubes estarían avalados por
las fortunas de sus presidentes? El equilibrio el
fútbol que busca Aulas sigue la línea del Fair play
financiero que ya ha propuesto Michel Platini, al
frente de la Federación Europea de Fútbol (UEFA).
Ese equilibrio no sólo
desinflaría la burbuja que permite diferencias
salariales y de cantidades por traspaso entre
jugadores como Cristiano Ronaldo y jugadores de
pequeños equipos europeos o de otros países.
Evitaría el expolio de talentos de países
empobrecidos que también ha denunciado Platini. Los
grandes equipos pagan cantidades nimias por
jugadores que ya están formados y a los que sólo les
falta fogueo y experiencia. Sin embargo, explotan el
talento en su momento de máxima ebullición, cuando
el precio del deportista toca techo. Entonces lo
venden para obtener grandes beneficios o explotan su
imagen para fines publicitarios.
En lo deportivo, este modelo ha
demostrado su fracaso. Las giras del Real Madrid por
Asia para vender camisetas y “abrir mercados”
marcaron el inicio del fin del equipo blanco, con un
palmarés mediocre desde entonces, a pesar de estar
entre los tres en el mundo que más han gastado en
fichajes.
Modelos mercantiles más
equilibrados en el fútbol supondrían una salvaguarda
al elemento más importante del deporte: la formación
intelectual, emocional y de valores en los
jugadores. Por cada jugador que alcanza niveles
profesionales, miles quedan en el camino por
lesiones, frustraciones y otros obstáculos. Si esas
personas han aprendido algo más que dar patadas a un
balón todos esos años, podrán reorientar su carrera
profesional hacia otras áreas o en el mismo deporte
como preparadores físicos o entrenadores. Pero para
eso hay que saber comportarse en el vestuario, en un
entrenamiento, en una comida de grupo, en una rueda
de prensa o en una entrevista. El éxito de
entrenadores como Guardiola, Cruyff, Valdano,
Ferguson, Pellegrini, Bielsa, Dunga, Wenger y otros
no llegó en pico de cigüeña, sino que se ha
cosechado después de años de cultivo, de potenciar
habilidades físicas y técnicas, pero también
intelectuales, mentales, culturales y, sobre todo,
las éticas. No sólo se preocupan por “lo que hacen”,
sino también por “cómo lo hacen”. En eso radica la
diferencia entre modelos de pelotazo mediático y los
basados en la formación y en la cultura del
esfuerzo.
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