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1 de Marzo
2010
Presidente de la República,
José Mujica Cordano
Discurso, tras ser
investido en la Asamblea General
del Parlamento Nacional
"Señora Presidenta de la
Asamblea General, mi querida Lucía, Legisladores y
Legisladoras que representan la diversidad de la
Nación, Presidentes y Presidentas de países amigos
que están con nosotros, altos funcionarios
destacados para apoyar esta ceremonia, cuerpo
Diplomático, Presidente de la Suprema Corte de
Justicia, Comandantes en Jefe de las Fuerzas
Armadas, Señores ex Presidentes, Dirigentes de los
Partidos Políticos del Uruguay y de las principales
organizaciones sociales, de las comunidades
religiosas, en fin, señores y señoras. A todos los
aquí presentes, gracias. Y también gracias a todos
ustedes, compatriotas del alma, que nos acompañan en
sus casas y en las calles.
Mis conocimientos jurídicos,
extraordinariamente escasos, me impiden dilucidar
cuál es el momento exacto en que dejo de ser
presidente electo para transformarme en presidente a
secas.
No se si es ahora, o si es
dentro de un rato, cuando reciba los símbolos del
mando de manos de mi antecesor.
Por mi parte, desearía que el
título de “electo” no desapareciera de mi vida de un
día para otro. Tiene la virtud de recordarme a cada
rato que soy presidente sólo por la voluntad de
los electores.
“Electo” me advierte que no me
distraiga y recuerde que estoy mandatado para la
tarea. No en vano, el otro sobrenombre de los
presidentes es “mandatario”.
Primer mandatario, si se
quiere, pero mandado por otros, no por sí mismo.
Con mejores palabras y más
solemnidad, esto es lo que la constitución
establece.
La Constitución es un marco,
una guía, un contrato, un límite que encuadra a los
gobiernos.
Ese es su propósito principal.
Pero es también un programa,
que nos ordena cómo comportarnos, en cuestiones que
tienen que ver con la esencia de la vida social
Por ejemplo, nos manda
literalmente evitar que las cárceles sean
instrumentos de mortificación.
O nos dice NO reconocer ninguna
diferencia de raza, género o color.
¡Cuánta deuda tenemos aún con
la constitución!!
¡Con qué naturalidad la
desobedecemos!
No está de más recordarlo hoy,
un día en que nos enorgullecemos de estar aplicando
las reglas con todo rigor y detalle.
Pondremos todo nuestro empeño
en cumplir los mandatos constitucionales. En cumplir
los que aluden a las formas de organización
política del país, por supuesto Y también en cumplir
los enunciados constitucionales que describen la
ética social que la nación quiere darse.
Hoy es el día cero o el día uno
de mi gobierno.
Y para mí, gobernar empieza por
crear las condiciones políticas para gobernar.
Por si suena como un
traba-lenguas, lo repito:
para mí, gobernar, empieza por
crear las condiciones políticas para gobernar.
Y gobernar, para generar
transformaciones hacia el largo plazo, es más que
nada crear las condiciones para gobernar 30 años con
políticas de estado.
Me gustaría creer, que esta de
hoy, es la sesión inaugural de un gobierno de 30
años.
No míos, por supuesto, ni
tampoco del Frente Amplio, sino de un sistema de
partidos, tan sabio y tan potente, que es capaz de
generar túneles herméticos que atraviesan las
distintos presidencias de los distintos partidos ,y
que por allí, por esos túneles, corren intocadas las
grandes líneas estratégicas de los grandes asuntos.
Asuntos como la educación, la
infraestructura, la matriz energética o la seguridad
ciudadana
Esto no es una reflexión para
el bronce ni para la posteridad. Es una formal
declaración de intenciones.
Me estoy imaginando el proceso
político que viene, como una serie de encuentros, a
los que unos llevamos los tornillos y otros llevan
las tuercas.
Es decir, encuentros a los que
todos concurrimos, con la actitud de quien está
incompleto sin la otra parte.
En ese tono se va a desarrollar
el próximo gobierno del Frente Amplio.
Asistiendo incansablemente a
las mesas de negociación con vocación de acuerdo.
Puede ser que el gobierno tenga
más tornillos que nadie,
Más tornillos que el Partido
Nacional, más que el Partido Colorado, más que los
empresarios y más que los sindicatos…
¿Pero de qué nos sirven los
tornillos sueltos, si son incapaces de encontrar sus
piezas complementarias en la sociedad?
Vamos a buscar así el dialogo,
no de buenos, ni de mansos, sino porque creemos que
esta idea de la complementariedad de las piezas
sociales, es la que mejor se ajusta a la realidad.
Nos parece que el diagnóstico
de concertación y convergencia es más correcto que
el de conflicto, y que sólo con el diagnóstico
correcto, se puede encontrar el tratamiento
correcto.
Miramos la radiografía, y lo
que vemos adentro de la sociedad, son formas
convexas y cóncavas, negociando el ajuste, porque se
necesitan entre si. Entonces pensamos que sería
contra natura, que los representantes políticos de
esos retazos sociales, nos dedicáramos a separar y
no a concertar.
En Uruguay, todos los partidos
políticos son socialmente heterogéneos. Pero los
partidos tienen fracciones, y las fracciones tienen
acentos sociales.
Pero aún en el caso de las
fracciones más específicamente representativas de
sectores, el mandato de sus votantes no es el de
atropellar ciegamente para conquistar territorio.
Hace rato que todos aprendimos
que las batallas por el todo o nada, son el mejor
camino para que nada cambie y para que todo se
estanque.
Queremos una vida política
orientada a la concertación y a la suma, porque de
verdad queremos transformar la realidad.
De verdad queremos terminar con
la indigencia
De verdad queremos que la gente
tenga trabajo.
De verdad queremos seguridad
para la vida cotidiana.
De verdad queremos salud y
previsión social bien humanas.
Nada de esto se consigue a los
gritos. Basta mirar a los países que están adelante
en estas materias y se verá que la mayor parte de
ellos tienen una vida política serena.
Con poca épica, pocos héroes y
pocos villanos.
Más bien, tienen políticos que
son honrados artesanos de la construcción.
Nosotros queremos
transformaciones y avances de verdad.
Queremos cambios de esos, que
se tocan con la mano, que no sólo afectan las
estadísticas sino la vida real de la gente.
Para lograrlo estamos
convencidos de que se necesita una civilizada
convivencia política
Y no vamos a ahorrar ningún
esfuerzo para lograrla.
Por supuesto, nada de esto
comienza con nosotros. El país tiene hermosas
tradiciones de respeto recíproco que vienen de muy
atrás.
Pero es probable que nunca
hayamos estado tan cerca de conseguir un cambio
cualitativo en la intensidad de esos vínculos entre
partidos políticos. Quizás ahora podemos pasar de la
tolerancia a la colaboración, de la confrontación
controlada a ciertos modos societarios de largo
plazo.
Con el Frente Amplio en el
gobierno, el país ha completado un ciclo. Ahora
todos sabemos que los ciudadanos no le extienden
cheques en blanco a ningún partido y que los votos
hay que ganárselos una y otra vez en buena ley. Los
ciudadanos nos han advertido a todos que ya no son
incondicionales de ningún partido, que evalúan y
auditan las gestiones, que los que hoy son
protagonistas principales, mañana pueden convertirse
en actores secundarios.
Después de 100 años, al fin, ya
no hay partidos predestinados a ganar y partidos
predestinados a perder.
Esa fue la dura lección que
los lemas tradicionales recibieron en los últimos
años. El país les advirtió que no eran tan
diferentes entre sí como pretendían, que sus
prácticas y estilos se parecían demasiado y que se
necesitaban nuevos jugadores, para que el sistema
recuperara una saludable tensión competitiva.
Por su parte el Frente Amplio,
eterno desafiante y ahora transitorio campeón, tuvo
que aceptar duras lecciones, no ya de los votantes
sino de la realidad. Descubrimos que gobernar era
bastante más difícil de lo que pensábamos, que los
recursos fiscales son finitos y las demandas
sociales infinitas, que la burocracia tiene vida
propia, que la macroeconomía tiene reglas ingratas
pero obligatorias.
Y hasta tuvimos que aprender,
con mucho dolor, y con vergüenza, que no toda
nuestra gente era inmune a la corrupción.
Estos últimos años han sido
entonces de intenso aprendizaje para todos los
actores políticos.
Es probable que todos estemos
ahora más maduros y por tanto listos para pasar a
una etapa cualitativamente nueva en el
relacionamiento entre fuerzas políticas.
Cada una con su identidad y sus
énfasis ideológicos.
Sin aflojarle ni a la pulseada
ni al control recíproco.
Pero sí ampliando dos
capacidades que estamos lejos de haber llevado al
máximo: la sinceridad y la valentía.
Más sinceros en nuestro
discurso político, llevando lo que decimos un poco
más cerca de lo que de verdad pensamos y un poco
menos atado a los que nos conviene.
Y más valientes para
explicarle, cada uno a su propia gente, los límites
de nuestras respectivas utopías.
Esa sinceridad y esa valentía
van a ser necesarias para llevar adelante las
políticas de estado que proyectamos.
Para ponernos de acuerdo vamos
a tener que rebajar nuestras respectivas posturas y
promediarlas con las otras.
Y esa rebaja implica líos
obligatorios con nuestras bases políticas.
Ese va a ser un test de
valentía.
Los temas de estado deben ser
pocos y selectos.
Deben ser aquellos asuntos en
los que pensamos que se juega el destino, la
identidad, el rostro futuro de esta sociedad.
Sin pretensiones de verdad
absoluta, hemos dicho que deberíamos empezar por 4
asuntos: educación, energía, medio ambiente y
seguridad.
Permítanme un pequeño
subrayado: educación, educación, educación.
Y otra vez, educación.
Los gobernantes deberíamos ser
obligados todas las mañanas a llenar planas, como en
la escuela, escribiendo 100 veces, “debo ocuparme de
la educación”.
Por que allí se anticipa el
rostro de la sociedad que vendrá. De la educación
dependen buena parte de las potencialidades
productivas de un país. Pero también depende la
futura aptitud de nuestra gente para la convivencia
cotidiana.
Y seguramente, cualquiera de
los aquí presentes podría seguir agregando
argumentos sobre el carácter prioritario de la
educación.
Pero, lo que probablemente
nadie pueda contestar con facilidad es ¿a qué cosas
vamos a renunciar, para darle recursos a la
educación?
¿Qué proyectos vamos a
postergar, qué retribuciones vamos a negar, qué
obras dejarán de hacerse?
Con cuántos “NO” habrá que
pagar el gran “SÍ” a la educación!
Ningún partido querrá quedar en
soledad para hacerse responsable de todo ese
desgaste. Tendremos que hacerlo juntos, decidirlo
juntos y por supuesto, poner el pecho juntos.
Este es el significado de las
políticas de estado.
Sus consecuencias no deben
beneficiar ni perjudicar a ningún partido en
particular.
¿Estamos dispuestos a hacerlo?
Si no lo estamos, todas
nuestras grandes declaraciones de amor por la
educación, no serán más que palabrerío de discurso
político.
También hemos sugerido que los
temas de infraestructura de energía, sean separados
de la agenda gubernamental corriente, y tratados en
común por todos los partidos.
La energía es un asunto lleno
de complicaciones técnicas.
Implica complejos pronósticos
sobre el stock de recursos no renovables, como los
hidrocarburos. Pero también implica casi
adivinanzas, sobre lo que nos traerá el desarrollo
tecnológico de la energía solar o de la energía
eólica. E implica cálculos, de resultado todavía
incierto, sobre la conveniencia de hacer agricultura
de alimentos o agricultura para producir bio-combustibles.
Pero después que todos los
ingenieros y todos los adivinadores del futuro den
su veredicto, la política tendrá que ocuparse de las
definiciones estratégicas, en temas en los que la
opinión social va a estar dividida.
El más notorio de esos temas,
es el uso de energía nuclear para generar
electricidad.
Otro, es cuanto estamos
dispuesto a pagar para apoyar las energías
renovables que no son económicamente rentables,
incluidos los biocombustibles.
En estos temas, tan
imprevisibles, el aumento de la base de sustento
político no garantiza que se tomen decisiones
óptimas. Pero SÍ asegura que los rumbos elegidos no
serán modificados sobre la marcha.
En materia energética no se
puede avanzar en zig-zag. Porque pueden pasar
décadas entre el momento en que un proyecto
comienza a andar, y el momento en que empieza a
producir.
También, hemos reservado las
estrategias de medio ambiente, para ser tratadas en
régimen de políticas de estado.
Hoy la comunidad internacional
nos pide que nos pensemos a notros mismos como
miembros de una especie, cuyo hábitat está cada vez
más amenazado. Hace años que el país ha incorporado
una fuerte consciencia sobre el tema, ha legislado
con sabiduría y ha operado con decisión y
transparencia.
Pero la tensión, entre el
cuidado del medio ambiente y la expansión
productiva, va a ir en aumento. Vamos a estar cada
vez más tironeados, entre las promesas de la
explosión agrícola, y las amenazas asociadas al uso
intensivo de agroquímicos.
Para no hablar de asuntos aún
más complejos, como las incógnitas vinculadas a la
modificación genética, de las especies vegetales.
¡Hasta nuestras pobres vacas!
con sus emisiones de gases, son un enorme tema de
discusión medio ambiental en el mundo.
Sobre todos estos asuntos, ya
empiezan a escucharse algunos tambores de guerra.
Afortunadamente, de guerra conceptual, entre los
partidarios de la producción a rajatabla, y los
preservacionistas a toda costa.
El estado deberá arbitrar y
tomar las mejores decisiones.
Sean las que sean, deben tener
un ancho respaldo político, para que tengan toda la
legitimidad posible y puedan sostenerse en el
tiempo, contra viento y marea.
Aquí de nuevo el sistema
político tendrá que ser sincero y valiente, porque
para cuidar el medio ambiente habrá que renunciar a
algunas promesas productivas. O al revés, para
sostener la producción, habrá que rebajar la
ambición de una naturaleza intocada.
Nos jugamos mucho en todo esto.
Tenemos que decidirlo entre todos.
Y después, enfrentar las
consecuencias entre todos.
La seguridad ciudadana, es el
último tema que estamos proponiendo abordar, de
inmediato, en régimen de políticas de estado.
No lo incluiríamos, si sólo se
tratara de mejorar la lucha contra una aumentada
delincuencia tradicional. Creemos, que no sólo
estamos frente a un escenario de números crecientes,
sino ante transformaciones cualitativas.
Ahora tenemos drogas, como la
pasta base, de muy bajo costo, que no sólo destruyen
al adicto sino que lo inducen a la violencia.
Y tenemos mafias enriquecidas,
con amplia capacidad de generar corrupción en la
policía. Y tenemos operadores del narcotráfico
internacional, que usan el país para el tránsito, la
distribución y el lavado de dinero.
Aún, somos una sociedad
tranquila y relativamente segura. Pero lo peor que
podríamos hacer, es subestimar la amenaza. La
sociedad ha levantado el asunto a los primeros
lugares de la agenda pública y desde el sistema
político tenemos que responder sin demora y a fondo.
Educación, energía, medio
ambiente y seguridad son los temas para los que
debiéramos definir estrategias orientadas al largo
plazo y luego, arroparlas, protegerlas del vaivén
político para que puedan proyectarse en el tiempo y
consumar sus efectos.
Para todo lo demás,
necesitamos que la política discurra en sus formas
naturales: es decir, el gobierno en el gobierno y la
oposición en la oposición.
Con respeto recíproco, pero
cada uno en su lugar.
Como gobierno, nos corresponde
la iniciativa para trazar el mapa de ruta.
Aquí vamos.
Lo que hoy comienza, se define
a sí mismo, entusiastamente, como un segundo
gobierno. Ya lo dijimos en la campaña: nuestro
programa se resume en 2 palabras “Más de lo mismo”
En primer lugar, vamos a darle
al país 5 años más de manejo profesional de la
economía, para que la gente pueda trabajar
tranquila, e invertir tranquila.
Una macroeconomía prolija es un
prerrequisito para todo lo demás. Seremos serios en
la administración del gasto,
serios en el manejo de los
déficit, serios en la política monetaria y más que
serios, perros, en la vigilancia del sistema
financiero.
Permítanme decirlo de una
manera provocativa: vamos a ser ortodoxos en la
macroeconomía.
Lo que vamos a compensar
largamente, siendo heterodoxos, innovadores y
atrevidos, en otros aspectos.
En particular, vamos a tener un
estado activo, en el estímulo a lo que hemos
llamado, el país agro inteligente.
El agro uruguayo está viviendo
una revolución tecnológica y empresarial, creciendo
muy por encima del resto del país.
Los problemas son hoy otros: la
sustentabilidad del suelo, la incorporación masiva
del riego como factor de producción y sobre todo de
mitigación ante las frecuentes sequías. Los
proyectos de fuentes de agua que involucran predios
de diferente propiedad, marcan una época y es un
deber darles el máximo apoyo. Las políticas de
reserva y de seguros son exigencias de la adaptación
al cambio climático. La investigación, la recreación
genética, la alta especialización en las ramas
biológicas que nutren el trabajo agrícola de toda
esta región, definible como último reservorio
alimentario de la humanidad, son para nosotros el
capítulo central de una especialización que hemos en
llamar ¨el país agro-inteligente¨
Queremos que la tierra nos de
uno. Y a ese uno, agregarle 10 de trabajo
inteligente. Para al final tener un valor de 11,
verdadero, competitivo, exportable.
No vamos a inventar nada, vamos
con humildad detrás del ejemplo de otros países
pequeños, como Nueva Zelanda o Dinamarca.
Si el país fuera una ecuación,
diría que la fórmula a intentar es
agro + inteligencia + turismo +
logística regional. Y punto.
Esta, es nuestra gran ilusión.
A mi juicio, la única gran
ilusión disponible para el país.
Por eso, no vamos a esperar de
brazos cruzados que nos la traiga el destino o el
mercado. Vamos a salir a buscarla con decisión.
Pero también con seriedad.
Apoyando sólo aquellas
actividades, que una vez maduras, tengan verdadera
chance de subsistir por sí mismas.
No queremos repetir errores del
pasado.
En particular no queremos que
nos vuelva a pasar lo que ocurrió entre los años 50
y 70, cuando la sociedad desperdició enormes
recursos, en la quimera de industrias imposibles.
Ya una vez quisimos ser
antárticos, y producirlo todo fronteras adentro. Nos
fue mal, muy mal.
Seria criminal no aprender de
aquellos dolores y volver a una economía enjaulada y
cerrada al mundo.
Y si vamos a ser proactivos en
ciertas dimensiones de la economía productiva, vamos
a ser el doble de proactivos en la búsqueda de una
mayor equidad social.
¡Eso sí, que no vamos a
esperarlo sentados!
¡Ahí sí, que no tenemos
paciencia para esperar que la prosperidad resuelva
sola las cosas.
Tal como hizo el gobierno que
termina, vamos a llevar el gasto social a los
máximos posibles. Y vamos a sostener y profundizar
los múltiples programas solidarios emprendidos en
los últimos 5 años.
Ya bajamos la indigencia a la
mitad, pero aún queda un 2 % de la población en esa
situación. El objetivo es terminar con esta
vergüenza nacional, y que hasta el último de los
habitantes del país, tenga sus necesidades básicas
satisfechas, en los términos definidos por las
Naciones Unidas.
Pero con saciar las necesidades
básicas no hacemos nada!
Hoy, y después de años de
prosperidad y de esfuerzo solidario, 1 de cada 5
uruguayos, sigue en condiciones de pobreza.
Aún, si al país como conjunto,
le sigue yendo bien, estamos amenazados en
convertirnos en una sociedad que avanza a 2
velocidades: unos recogen los frutos de un
crecimiento acelerado, otros - por retraso cultural
y marginación - apenas los contemplan.
No es justo, pero además es
peligroso, porque no queremos un país que se luzca
en las estadísticas, sino un país que sea bueno
para vivir.
Y no será bueno, si la
prosperidad y el bienestar de una familia, se tiene
que disfrutar con muros o alambres de púa.
De nuevo, para enfrentar la
pobreza, la educación es la gran fuente de
esperanzas.
La escuela y sus maestros, son
el ariete principal que hemos de usar para integrar
a aquellos a los que las penurias dejaron al
costado.
El combate a la pobreza dura
tiene mucho de acción formativa en la niñez y la
adolescencia.
A la cabeza de todas las
prioridades va a estar la masificación de las
escuelas de tiempo completo, seguido por el
fortalecimiento de la Universidad del Trabajo y el
sostén de esa maravilla que es el Plan Ceibal.
Ya tenemos una computadora por
niño y por maestro. Ahora vamos por una computadora
por adolescente y por profesor.
Y por conexión a Internet en
todos los hogares.
Si la educación es la vacuna,
contra la pobreza del futuro, la vivienda es el
remedio urgente para la pobreza de hoy.
En primera instancia
desplegaremos un abanico de iniciativas solidarias
con la vivienda carenciada, dentro y fuera de
los recursos presupuestales.
Apelaremos al esfuerzo social.
Vamos a demostrar que la sociedad tiene otras
reservas de solidaridad que no están en el Estado.
Me niego al escepticismo, sé
que todos podemos hacer algo por los demás y que lo
vamos a demostrar.
¡Van a ver!, van a aparecer
materiales, dinero, cabezas profesionales y brazos
generosos.
! Les apuesto a que si !
No quiero olvidarme de nuestros
pobres de uniforme.
Las FF AA, llenas de pobres,
van a ser parte del Plan de Emergencia Habitacional
y vamos a movernos rápido para aliviar en algo la
penuria salarial que las aflige.
El pasado no es excusa para que
hoy no nos demos cuenta que una patria de todos
incluye a estos soldados.
Nuestro reconocimiento para
aquellos compatriotas militares que sirven en Haití
y han demostrado una admirable entereza y eficiencia
solidaria.
En estos años, el Uruguay ha
cambiado mucho, y nadie discute que ha cambiado para
bien.
Allí están los números
económicos y sociales, de todos los colores.
Pero hay un cambio menos
visible, imposible de cuantificar, pero a mi juicio
de gran importancia: el cambio en la autoestima, el
cambio en la manera que nos percibimos a nosotros
mismos y a los horizontes posibles.
Nuestros modestos éxitos nos
han hecho más ambiciosos y más inconformistas.
¡Bienvenido inconformismo!
¡Bienvenido el cuestionamiento
de viejas certezas!
Y en esta línea:
Bienvenido el profundo
cuestionamiento del Estado Uruguayo.
Del estado hacia adentro, como
estructura, como organización, como prestador de
servicios.
El Uruguay se mantuvo al margen
de los vientos privatizadores de los años 90. Es
más, la sociedad recibió propuestas, las consideró y
las rechazó explícitamente.
Estuvimos entre los abanderados
de ese rechazo y no nos arrepentimos.
Pero el respaldo de los
ciudadanos, fue a un modo de propiedad social, no a
un modo de gestión de la cosa pública y menos, a sus
resultados.
Es probable que aquellos
eventos y estas confusiones, hayan postergado
demasiado la discusión franca sobre el Estado,
sobre los recursos que consume y sobre la calidad
de los servicios que presta.
Hoy una revisación profunda es
impostergable.
Necesitamos evaluaciones
serias, imparciales y profundas.
Necesitamos números y
comparaciones.
Y con todo eso a la vista,
tenemos que rediseñar el Estado.
Todos sabemos que puede ser más
eficiente y más barato.
Esta reforma, no va ser en
contra de los funcionarios sino con los
funcionarios.
Pero tampoco vale hacerse el
distraído: el 90 % de la eficacia del estado se
juega en el desempeño de los funcionarios públicos.
La sociedad uruguaya ha sido
benévola con algunos de sus servidores públicos y
casi cruel con otros. Ha permitido que, funciones
sencillas, que no requieren esfuerzo ni preparación,
se paguen en algunas oficinas 10 veces más de lo
que recibe quien realiza un trabajo imprescindible y
duro, como un policía o un maestro rural.
Cuando estas asimetrías duran
un tiempo, pueden considerarse errores o
desaciertos. Cuando duran décadas, más bien parecen
ser manifestaciones de una sociedad que se va
volviendo cínica.
Del mismo modo la sociedad
uruguaya ha protegido a sus servidores públicos
mucho más que a sus trabajadores privados.
Recordemos que en la crisis del año 2002 y 2003,
casi 200 mil personas perdieron su trabajo y ninguna
fue un funcionario público. Se estima que otras 200
mil sufrieron rebajas en sus salarios, y todos
fueron trabajadores privados.
Como bien ha dicho el
presidente Tabaré Vázquez, esta es la madre de todas
las reformas. No deberíamos permitir que esa madre
nos siga esperando.
¿En que mundo vivimos? No está
fácil de saber.
Me gustaría preguntárselo, a
cada uno de los ilustres visitantes que están aquí.
Aunque sin duda tienen “mucho
mundo”, me atrevería a decir que no van a poder
darme una respuesta simple.
¿Verdad que no?
El mundo está cambiando a cada
rato
Y lo que es peor, a cada rato
está cambiando la teoría, de cómo se construye, uno
mejor.
Todavía no acabamos de padecer
las consecuencias de la crisis planetaria, con que
nos obsequió el sistema financiero, en la cumbre del
mundo.
Descubrimos que habían creado
un universo de burbuja y de casino. Pero que desde
allí, no solo se jugaba a la ruleta, sino que se
podía golpear al mundo productivo real.
Durante la crisis, para
rescatar lo que quedaba en pie, se rompieron dogmas
que parecían sagrados, se decretó la muerte de los
paradigmas vigentes y se volvió a la política, como
a un refugio de esperanza.
Hoy ante los desafíos no
previsibles de la realidad, casi todos pensamos que
ningún camino puede descartarse a priori, ninguna
experiencia desconocerse, ninguna fórmula archivarse
para siempre.
Sólo el dogmatismo, quedó
sepultado.
No está fácil navegar. Las
brújulas ya no están seguras de donde quedan los
puntos cardinales
Así que mirando las estrellas
nos quedan algunas pocas certezas para orientarnos.
Primero, que el mundo ya no hay
un centro sino varios y que la globalización es un
hecho irreversible.
Por todos lados, los humanos
anudamos nuestro destino y nos hacemos mutuamente
dependientes. La idea de cerrase al mundo quedó
obsoleta.
Pero a su vez, el
proteccionismo sigue vivito y coleando, y a menudo
es protagonizado por unidades de tamaño continental.
Los latinoamericanos, un poco a
los tumbos, estamos intentando construir mercados
más grandes
¡Pero como nos cuesta!!
Somos una familia
balcanizada, que quiere juntarse, pero no puede.
Hicimos, tal vez, muchos hermosos países, pero
seguimos fracasando en hacer la Patria Grande.
Por lo menos hasta ahora.
No perdemos la esperanza,
porque aún están vivos los sentimientos: desde el
Río Bravo a las Malvinas vive una sola nación, la
nación latino-americana.
Dentro de nuestro hogar
latinoamericano, tenemos un dormitorio que
compartimos y que se llama MERCOSUR.
! Ayy Mercosur!
¡Cuanto amor y cuando enojo nos
suscita!
Hoy estamos en público y no es
el momento de hablar de los temas de alcoba.
Solo déjenme afirmar que para
nosotros, el MERCOSUR es “hasta que la muerte nos
separe” y que esperamos una actitud reciproca de
nuestros socios mayores.
Finalmente, deseamos que el
Bicentenario nos encuentre con un Río de la Plata
más angosto, despejados todos los caminos que nos
unen.
He reservado para el final, la
más grata de todas las tareas: saludar la presencia
de quienes han venido a acompañarnos desde el
exterior, especialmente de aquéllos que han venido
desde muy lejos, casi inesperadamente.
Años atrás hubiéramos
considerado estas visitas como un valioso gesto
diplomático, una cortesía de país a país.
Creo que en los últimos
tiempos, estas presencias tienen un significado
mucho más intenso y mucho más político. Siento que
al estar aquí, ustedes expresan el respaldo a los
procesos democráticos de renovación del poder. Se
hacen testigos de la celebración.
¡Ya sabíamos del afecto ¡ Pero
nos gusta más sentirlo en la presencia física de
todos ustedes. Sentirlo cara a cara. Y también
corresponderlo cara a cara!
Esto es así, para el afecto
entre la gente y para el afecto entre los países.
Quererse de cerca, debería estar recomendado en las
academias de diplomacia.
Así que, amigos del mundo aquí
presentes, reciban el agradecimiento del Uruguay
entero. Sepan que no sólo estamos honrados por su
presencia. También estamos contentos de tenerlos
aquí y hasta diría que un poco conmovidos.
Para terminar, déjenme llegar
al borde de la exageración, y decir que, este
gobierno que empieza, no lo ganamos, sino que lo
heredamos.
Porque la principal razón de mi
llegada a la presidencia, es el éxito logrado por el
primer gobierno del FA, encabezado por el Doctor
Tabaré Vázquez.
El y sus equipos han hecho un
gran trabajo: les digo muchas gracias en nombre de 3
millones de uruguayos.
Nosotros, vamos a seguir por el
mismo camino, construyendo una
Patria para todos y con todos
Muchas gracias
LA
ONDA®
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