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Colombia: el Estado de Derecho
se impuso al de opinión
por César
Paredes
El último 26
de Febrero el Tribunal de Corte Constitucional de
Colombia impidió por inconstitucional que el actual
presidente Álvaro Uribe se presentara el las
próximas elecciones del próximo mes de mayo por una
segunda reelección presidencial. El texto que fuera
aprobado en septiembre del 2009 y que proponía
modificar la Constitución para que Uribe tuviera un
mandato presidencial hasta 2014, fue rechazado por
los magistrados del alto tribunal por siete votos en
contra
declarando
inexequible el referendo relacionista,
por vicios de trámite.
En un alegato 400 páginas, el magistrado Humberto
Sierra, indico la y los límites para impulsar
consultas como la promovidas por los miembros del
oficialista
Partido Social de Unidad Nacional,
promotores del referéndum.
El Estado de opinión en guardia
El columnista de la
publicación colombiana Semana.com César Paredes
indica en un reciente trabajo que; “… En varias
ocasiones, Uribe dijo que la fase superior del
Estado de Derecho era el “Estado de Opinión”.
Diferentes analistas y columnistas intentaron
definir el audaz concepto acuñado por el Primer
Mandatario, o se refirieron a él.
Para los críticos, con ese
concepto Uribe pretendió justificar las actuaciones
de su gobierno en aras de mantenerse en el poder.
Por ejemplo, amparado en el argumento de que el
referendo reeleccionista era una iniciativa popular,
y por lo tanto prioritaria, ordenó que el Congreso
sesionara en diciembre de 2008 de manera
extraordinaria. La sesión se celebró sin que el
decreto que convocaba a la sesión se hubiera
publicado en la Gaceta del Congreso, hecho que
también fue considerado por Sierra Porto como un
vicio de procedimiento.
Para defensores del Gobierno,
como para el ex asesor presidencial José Obdulio
Gaviria, el concepto de Estado de Opinión se traduce
en “un gobierno cercano a la ciudadanía”. Para los
reeleccionistas, se trata de la voluntad de las
mayorías, expresada en los indicadores de las
encuestas que avalaron la gestión de Uribe –ahora
menos que en años anteriores- convirtiéndolo en el
mandatario más popular de la historia de Colombia.
La primera vez que el
mandatario utilizó la expresión Estado de Opinión
fue en febrero de 2004. Al ser preguntado por su
opinión sobre el proyecto que permitiría la primera
reelección presidencial, y que el Congreso estudiaba
en ese momento, el mandatario contestó: “Ese es un
tema del Congreso. En un estado de opinión, los
temas constitucionales son de opinión".
Esta expresión reveló, en buena
medida, el concepto de democracia de Uribe. Para el
mandatario, el control más importante del Estado es
la opinión. Una vez comenzó el trámite del referendo
reeleccionista, el mandatario cerró filas en torno
al término argumentando que era una suerte de
evolución del Estado, su “fase superior”.
En otras palabras, la opinión
para Uribe debe cumplir con funciones del Estado
como el control fiscal, la vigilancia, hasta la
creación de las leyes y su cumplimiento.
Otra frase célebre del Primer
Mandatario que provocó la crítica de algunos
analistas y académicos fue cuando dijo que “el juez
natural del Estado de derecho es la opinión
pública”. Entre líneas, dejó ver que es partidario
de transferir una función de un organismo del Estado
a un ente abstracto. Para los contradictores del
gobierno, la frase ilustró su desprecio por los
mecanismos institucionales.
¿La opinión tiene la razón?
El clima de opinión cambia
todos los días. Por eso cuando llegó la emergencia
social, muchos críticos de Uribe le pidieron al
gobierno atender la crisis escuchando a “las
mayorías”. Incluso uribistas recalcitrantes
criticaron las medidas del Ministro Diego Palacio,
pues a todas luces los decretos de emergencia social
son impopulares.
El descalabro del gobierno
comenzó a pasarle la cuenta de cobro y el mandatario
quedó atrapado en su propio invento. En los últimos
días, la popularidad del Presidente fue decreciendo
y aumentó el número de personas que no estaban de
acuerdo con una reelección.
La más reciente encuesta de
Datexco, publicada por El Tiempo el pasado 20 de
febrero, indicó que el 50,3 por ciento de
colombianos no votaría la consulta. De la otra mitad
que dijo que sí acudiría a las urnas, el 83 por
ciento dijo que lo haría para apoyar la habilitación
del mandatario para un nuevo período. Es decir, en
caso de que la consulta hubiera sido aprobada, el
mandatario hubiera tenido que ir a una segunda
vuelta con el candidato opositor.
El triunfo del derecho
“En un Estado de Derecho el
poder político, los gobernantes y los gobernados,
están sometidos al imperio de la ley”, dice el
analista constitucional del Centro de Estudio de
Derecho, Justicia y Sociedad, Javier Revello. El
Estado de Derecho, en otras palabras, fue creado
para limitar el poder a sus justas proporciones.
El poder siempre quiere más
poder y por eso fue necesario establecer reglas. O
sea que el Estado de Derecho se creó como una
respuesta, precisamente, a los regímenes que invocan
la supremacía de individuos sobre otros, o la
opinión de una mayoría.
El vicio más protuberante del
referendo reeleccionista, según Sierra Porto, fue
que su financiación violó los topes establecidos por
la ley. El magistrado pidió la inexequibilidad de la
consulta porque, a su juicio, aunque es un asunto de
forma, estos no son menores pues la ley los fija con
propósitos de fondo.
La razón por la cual la
Asamblea Constituyente de 1991 -que decretó que
Colombia era un Estado de Derecho-, puso normas
rígidas a la elaboración de referendos, no fue por
un capricho. Fue por un asunto de fondo: la Asamblea
previó que un avivato podría intentar cambiar la
Constitución a su favor.
La manera objetiva que
estableció el constituyente de valorar que la
opinión de una mayoría no ha sido manipulada, que es
libre y espontánea, fue que un referendo cumpliera
con reglas claras: tope de dinero para la
financiación, certificaciones de la validez de sus
firmas, tiempo límite para los procesos, entre
otras.
Por ejemplo, un narcotraficante
podría comprar las firmas para conseguir la
prohibición de la extradición. Si las formas no
importaran y este narco obtuviera las firmas
necesarias, según la teoría del Estado de Opinión,
entonces Congreso y Corte tendrían que avalarlas
porque esa es la voluntad popular. Obviamente en ese
caso hipotético esa no es la voluntad popular porque
ésta ha sido manipulada, y la forma en que la
justicia sabe que fue manipulada es porque violó las
normas para recoger firmas para un referendo.
Si en el referendo por la
reelección, la Corte hubiera decidido que cualquier
forma para conseguir las firmas es válida, entonces
habría sentado un precedente para que cualquiera con
suficiente dinero pudiera cambiar la Constitución,
exprese o no legítimamente la voluntad popular.
En este caso, además de la
violación de los topes de dinero en la financiación
del referendo, la Corte Constitucional encontró
otros esguinces a la ley. Sin embargo, solo éste,
que fue el más discutido, hubiese sido suficiente
para que la Corte dijera que la consulta es
inexequible.
Pero eso
no quiere decir que la Corte está en contra de las
mayorías. Quiere decir que las mayorías, aunque
tales, en un Estado de Derecho, también deben
someterse a la ley. Porque como dijo el rector de la
Universidad Jorge Tadeo Lozano, Fernando Isaza:
“cuando se le preguntó al Estado de Opinión, ¿a
quién preferís, a Jesús o a Barrabás?, éste prefirió
a Barrabás". Lo más probable es que en un Estado de
Derecho, el juez no le hubiera hecho caso”.
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