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Ante la mutilación femenina
aún queda mucho por hacer
por
Emiliano Fernández-Peña
Día Internacional de la Mujer:
actividades
La lucha contra la mutilación de las
mujeres comienza por dar a conocer un problema que
no sólo existe en países africanos y que es ignorado
por los países occidentales.
Se celebró el Día Internacional
de la Mujer. En todo el mundo se realizaron actos
conmemorativos, homenajes, congresos, conferencias,
reportajes y mesas de debate. Con la atención de los
medios puesta en el tema, conviene hablar no sólo de
los logros y conquistas que las mujeres han
alcanzado en distintos ámbitos, sino también temas
como la desigualdad laboral, la explotación sexual e
incluso otros no tan conocidos en los países de
occidente como la mutilación genital femenina (MGF).
También conocida como ablación,
la mutilación genital femenina se realiza
diariamente en 28 de los 53 países de África, aunque
no es exclusiva del continente africano. Existen
tres procesos distintos para la mutilación de los
órganos femeninos: la extirpación parcial o total
del clítoris (clitoridectomía), la extirpación del
clítoris y el corte de los labios menores (excisión)
y la extirpación de todos los genitales externos,
más la sutura de los dos lados de la vulva, dejando
una pequeña abertura en la vagina (infibulación). La
escasez de material quirúrgico y de condiciones
sanitarias adecuadas produce, en la mayoría de los
casos, dolor severo al orinar y menstruar, trauma
psicológico, infecciones crónicas y lesiones
irreversibles. En algunos casos, la muerte.
Según los registros de diversas
organizaciones en defensa de los derechos de la
mujer, la mutilación genital afecta a casi 130
millones de mujeres y niñas en el mundo. Se estima
que dos millones de menores son sometidas a este
procedimiento cada año, lo que se traduce en 6.000
al día. Como la mutilación se practica a edades
tempranas, entre los cinco y diez años (en los casos
más extremos llega a efectuarse a los tres meses de
nacer), las mujeres no se pueden defender ni pueden
oponerse, por ello, en países como Malí, la tasa de
incidencia es del 92% del total de la población
femenina.
Pero no todo son malas
noticias. A principios de la de década de los 80, la
activista internacional Efua Dorkenoo llevó por
primera vez el tema de la mutilación genital
femenina al Pleno de las Naciones Unidas. Los países
africanos no estuvieron de acuerdo con la
presentación de Dorkenoo y argumentaron que era un
asunto de relatividad cultural y, por lo tanto, un
tema que debía discutirse dentro de los países
africanos y no en el Pleno de las Naciones Unidas. A
pesar del intenso cabildeo que las delegaciones
africanas pusieron en marcha, Naciones Unidas la
reconoció como una práctica en contra de los
derechos fundamentales de las mujeres, logrando con
ello, un primer paso para su abolición.
Han pasado casi 30 años desde
entonces y muchas organizaciones en favor de los
derechos de la mujer como Equality Now han
incorporado a su agenda de labores la lucha por la
erradicación de la MGF. Para ello trabajan con
organizaciones de base en las zonas de mayor
incidencia, al mismo tiempo que conforman grupos de
apoyo en países occidentales desde donde se
construyen plataformas de presión politico-social.
Tania Bien-Aimé, directora
ejecutiva de Equality Now, Nueva York, comenta que
“los pasos han sido lentos pero en dirección
correcta”, y los avances así lo demuestran. Hoy en
día casi todos los países occidentales cuentan con
una ley en contra de la mutilación y 16 de las 28
naciones africanas donde se realiza han adoptado
leyes para proteger a sus menores de esta práctica.
Aún queda mucho por hacer,
sobre todo crear conciencia. Por ello, es
imprescindible que estos temas tengan cabida en los
medios internacionales y locales. Muchas
organizaciones que trabajan para erradicar la
mutilación no tienen la presencia mediática que su
labor demanda. Algunas de éstas son FORWARD, IAC,
ONEF, UNFD, SAWA, MGWP, CPTAFE, GAWW, HUNDEE, AMSOPT,
CONIPRAT, AIM, WOWAP y NAGFEM. Si bien es necesario
equilibrar los flujos de información entre el primer
y el tercer mundo, es aún más imperioso que la
comunidad internacional asuma su papel como agente
de cambio y se involucre en acciones que permitan
llevarlo a cabo.
ccs@solidarios.org.es
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