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Gerardo Caetano, lo que hubo
y no hubo en el discurso de Mujica
Entrevista de Sonia Breccia
El lunes 2 de marzo la periodista y
conductora del programa Primera Voz de 1410 AM
LIBRE, Sonia Breccia, le realizó una entrevista al
Historiador y catedrático Gerardo Caetano, a
propósito de los discursos del presidente José
Mujica al asumir su cargo el 1º de marzo. Lo que se
puede leer a continuación es la versión desgravada
por La ONDA digital de dicha entrevista tomada del
audio del programa.
Para mí es un enorme
gusto dialogar con Gerardo Caetano a propósito de
varios temas. Entre ellos y de arranque, este
discurso de José Mujica en el parlamento, su
asunción, los actos que marcaron una jornada
diferente y lo que Mujica dijo y lo que Mujica no
incluyó, en esa pieza de unos cuarenta minutos,
dirigida a la Asamblea. ¿Cómo estás Gerardo? Buenos
días y gracias por estar con nosotros
- Sonia, es un gran
gusto, como siempre.
- Bueno, ya está
planteado el tema. ¿Qué viste, qué escuchaste y qué
conclusiones sacaste?
- Creo que fue un día
muy diferente. Te imaginarás que uno lo ve como
ciudadano, pero también el oficio pesa. Y verlo como
historiador estaba cargado de significación. Fue
un día, realmente, donde la sensibilidad de lo
histórico, pesa. Creo que – además – el discurso
de José Mujica – en particular el discurso frente a
la Asamblea General pero también el discurso de la
Plaza Independencia – fueron discursos muy notables,
fueron discursos muy importantes, cargados de
definiciones y de pronunciamientos inequívocos.
Muchos de ellos previsibles, pero que fueron hechos
con una contundencia que me parece muy resaltable.
En primer lugar – y
esto en una perspectiva histórica – hay una
confirmación republicana, democrática que – no por
esperable – deja de ser notable. Uno veía allí al
Uruguay todo. Veía a los parlamentarios de todos los
partidos, veía a las delegaciones internacionales –
en particular, a los presidentes latinoamericanos –
y veía – una vez más – al Uruguay, a través de su
presidente electo por el pueblo – como debe ser –
dar con mucha sencillez, pero con mucha claridad,
definiciones básicas de lo que es el juego
democrático-republicano. ¡No es poca cosa! Por
ejemplo, cuando uno advierte cómo empieza Mujica su
discurso. Esa referencia a la Constitución y esa
referencia profunda, en donde – con mucha sencillez
– se plantea la relevancia del mandato
constitucional y – también – la radicalidad de su
cumplimiento, que nos debe llevar a advertir hasta
qué punto – muchas veces, aunque digamos otra cosa –
la Constitución no es cumplida a cabalidad. Luego
esa afirmación reiterada de que él entiende su
gobierno – y yo creo que eso no es solamente una
propuesta, no es solamente una definición, sino que
parte de un diagnóstico que, a mi juicio, es muy
certero – de una manera muy especial. Para él, el
gobierno no es mandar. Para el presidente Mujica el
gobierno es – sobre todo hoy – crear las condiciones
políticas para gobernar. ¡Y eso me parece
formidable! Porque – de inmediato – advierte con
mucha claridad que en eso, crear las condiciones
políticas para gobernar – hay que establecer un
discernimiento necesario. Por un lado, responder al
clamor popular - que es un clamor de hace muchos
años – respecto a que hay ciertos temas decisivos
sobre los que estamos obligados a ponernos de
acuerdo. No quiere decir: pensar lo mismo, quiere
decir: ponernos de acuerdo. Establecer cuatro o
cinco elementos que marquen el rumbo y que definan –
de alguna manera – políticas de Estado en algunas
áreas que lo requieren: educación y el énfasis en la
educación. Tú y yo como profesores ¡vaya que lo
podemos advertir! – en función de un diagnóstico que
nos revela que el país sigue sin tener resultados
sustantivos en un tema que es el primero entre
todos, el más difícil y sobre el que – de alguna
manera, para acertar – debemos acordar. Esa
repetición del tema “educación, educación,
educación”. Pero también “seguridad”, que fue el
tema más debatido durante la campaña; “energía” –
que es un tema estratégico en cualquier país pero,
sobre todo, en un país que no tiene petróleo ni gas
natural y que tiene topeada su capacidad de energía
hidroeléctrica; “medio ambiente”, que es el gran
desafío del presente; “reforma del Estado”, en un
país en donde, para cambiar, hay que cambiar el
Estado. Pero de inmediato – para evitar las
confusiones – establece que no se trata de acordar
en todo, porque eso sería – además de imposible –
sería una muy mala señal democrática. Los gobiernos
democráticos no son los gobiernos en donde el Estado
absorbe al gobierno, no. Él dice: “bueno, estos
temas son los temas básicos, son los temas
decisivos”. Después está todo el resto y – para el
resto – el gobierno en el gobierno y la oposición en
la oposición. Con un buen clima, con un clima de
tolerancia, con un clima en donde podamos dirimir –
con civilización política – nuestras diferencias.
Pero el gobierno en el gobierno y la oposición en la
oposición.
Este discernimiento,
esa concepción respecto a lo que él entiende por
gobierno – crear las condiciones políticas para
gobernar – esa necesidad de acordar en áreas
decisivas y definirlas con mucha claridad… Hay otro
pasaje de su discurso: “los temas de Estado tienen
que ser selectos y escasos”. Es así, es muy
correcto. Y – al mismo tiempo: “sobre el resto,
discutamos”. El gobierno en el gobierno, la
oposición en la oposición. Esas definiciones, junto
con otras definiciones que tienen una densidad
histórica por quien las pronuncia, sustantiva…
El hecho de que
termine su discurso diciendo – obviamente con una
carga histórica enorme – “la patria para todos y con
todos”, de alguna manera anudando con la utopía
republicana, que es la nota central de todo su
discurso, me parece que hace de su discurso una
pieza – realmente – notable y muy auspiciosa. Y una
señal - no solamente para los que votaron a Mujica –
para el país todo. Una muy buena señal – por ejemplo
– para la oposición. Una muy buena señal respecto a
que el país, en el próximo lustro, va a terminar con
una situación no querida pero que – de alguna manera
– se impuso en los últimos cinco años, no por
responsabilidad exclusiva del gobierno ni por
responsabilidad exclusiva de la oposición, sino
porque no hubo posibilidad de acordar, no va a haber
un lustro más con algunos problemas que tuvimos. Por
ejemplo: es un problema que – en el Uruguay – no
podamos cumplir la Constitución cuando la
Constitución establece que la oposición tiene que
estar en el comando, tiene que tener presencia en la
conducción de los Entes Autónomos y Servicios
Descentralizados. En los últimos cinco años no
pudimos lograrlo. Repito, sería injusto decir que
fue por responsabilidad del gobierno o sería injusto
decir que fue por responsabilidad de la oposición.
No se pudo lograr. También no se pudo lograr – y
esto ya no en los últimos cinco años, hace quince
años, ¡es realmente algo asombroso! - no hemos
podido lograr hace quince años conseguir las
mayorías legislativas para renovar – y si no las
renueva el parlamento las va a renovar la biología –
la integración de los organismos de contralor, que
son un sustento institucional básico. Bueno, después
de ese discurso – realmente – sería totalmente
inesperado que no se lograran los dos tercios para
renovar – de una vez – la integración de los
organismos de contralor.
Y – al mismo tiempo –
hay una señal muy fuerte para esa Asamblea General
que lo escuchó con mucha atención y que luego lo
aplaudió por unanimidad, respecto a que el
parlamento va a recobrar – en este período – una
dimensión de mucha negociación entre gobierno y
oposición. Porque si Mujica dio una señal, es que no
basta tener mayorías legislativas para establecer
gobierno. Crear las condiciones políticas para
gobernar es – también – lograr, buscar, ser tozudo
en la búsqueda de acuerdos con la oposición y
resolver – por mayoría de partido – solamente cuando
no es posible alcanzar otros acuerdos.
Yo creo que estos
elementos que estuvieron en el discurso, son
elementos sustantivos y son elementos muy
auspiciosos.
- A propósito de lo
que hubo en el discurso, estas afirmaciones tuyas y
la receptividad y recepción al mismo, también se dio
lo que no hubo. No se incluyó – por ejemplo – el
tema Derechos Humanos. Y – cuando yo digo esto – se
entiende a qué me estoy refiriendo estrictamente,
tema en el cual tú has trabajado durante esta
Administración con carácter – además – lideral. Ese
tema no estuvo.
- Exactamente. ¡Tu
sabes que es muy impresionante! Ayer terminé un
texto, un artículo que va a aparecer este viernes en
el Semanario Brecha, y – justamente – hablaba del
discurso y hablaba de lo que estuvo y también
hablaba de lo que no estuvo, o de lo que despierta –
de alguna manera – interrogantes. Y – entre otras
cosas – estuvo la omisión de la referencia al tema
Derechos Humanos. Con una aclaración: por supuesto
que el tema Derechos Humanos …
Yo recuerdo lo que
dice mi “hermano”, Javier Miranda, que este país va
a poder sentirse mucho mejor, el día que – cuando
hablemos de Derechos Humanos – no tengamos que
remitir – primero que nada – a las cuentas
pendientes de la dictadura. Pero – lamentablemente –
tenemos que seguir con esa carga. Y – ahí – hubo
una omisión. Y también creo que hay una
omisión en que el presidente electo todavía no haya
respondido a la “carta abierta” de familiares de
detenidos desaparecidos. Y es una omisión
importante, que creo que debe ser resuelta. Porque
algunos dichos del presidente – en el pasado – han
despertado cierta confusión y cierto desconcierto
respecto a este tema. Y – en los últimos tiempos –
ha habido algunas declaraciones de personas muy
admirables pero – que me parece, a mí – que han
cometido algún error. Ser una persona extraordinaria
no nos inhibe de cometer errores.
- ¿Estamos hablando
de Azucena Berrutti?
- ¡Exactamente! ¡Yo
tengo una profunda admiración por Azucena Berrutti!
Me parece una de esas personas que nos enorgullece
como país. Sin embargo, he leído con muchísima
atención sus últimas declaraciones. Por supuesto que
reivindico para ella lo mismo que reivindico para mí
– que es – opinar con total libertad. Pero creo
que sus declaraciones no contribuyen. Decir que
– de alguna manera – no hay razones, no hay
argumentos, no hay pruebas suficientes para
sustentar lo que la justicia ha establecido con
contundencia, que es, ya no sólo el procesamiento
sino la condena de algunos militares y civiles
profundamente involucrados en delitos de lesa
humanidad cometidos durante la dictadura, me
parece un error. Y – en ese sentido – la omisión
de Mujica genera cierta preocupación. Lo voy
a decir de una manera muy clara y como una
contribución muy sencilla de un ciudadano: creo que
un error gravísimo de este gobierno sería – en
primer lugar – desandar el camino iniciado por el
gobierno anterior respecto a este tema. Y lo
descarto. Lo descarto por la inteligencia del
presidente, lo descarto porque no creo que ello – de
alguna manera – pueda tener condiciones políticas
para traducirse. ¡Pero no basta con eso!.
Este gobierno – como
espero más allá de su signo partidario de los
gobiernos que vendrán – no tendrán solamente que
continuar lo que empezó el gobierno de Tabaré
Vázquez. Tendrán que buscar vías, instrumentos,
respuestas válidas para que haya más verdad y más
justicia. Porque – a diferencia de lo que se ha
dicho – esto no se soluciona con el tiempo. Yo – el
día de la asunción – escuché a Luisa Cuestas
reclamar – una vez más, como hace más de treinta
años – que le digan qué pasó con su hijo. Y me
parece extraordinariamente cruel y equivocado, creer
que la interpelación de esa pregunta de Luisa
Cuestas, como la de tantas otras madres y la de
tantos otros familiares, alguien pueda decir que se
solucionan con el tiempo. Por eso anoto esta
omisión. No porque crea – creo lo contrario – que
este gobierno va a desandar lo andado por el
gobierno de Tabaré Vázquez o no va a buscar nuevas
vías. No. Yo tengo la firme esperanza de que así lo
va a hacer y tengo la firma esperanza de que – en
esa búsqueda – va a encontrar otros respaldos
políticos. Estoy hablando de respaldos políticos de
otros partidos. Pero me parecía muy importante que –
en el discurso – en la misma sintonía con la utopía
republicana, ese tema estuviera presente. Incluso,
estuviera presente para terminar – definitivamente –
con ciertas incertidumbres que se han instalado en
el ambiente.
- Gerardo, alguna
precisión con respecto a esto - que me parece
central – no porque lo otro no lo haya sido y no
porque esto invalide lo otro. Pero – ignorar esto –
significaría mirar para el costado, como tú estás
señalando. Y mi percepción es una apuesta para que –
justamente – se ahonde en la búsqueda de más verdad
y más justicia. Yo recuerdo – palabras tuyas en la
presentación de un libro – en las cuales tú
señalaste – refiriéndote a Cancillería – dos cosas:
primero, que los documentos deben ser
interpelados; segundo, hablaste del tiempo y
cómo no hay que dejar pasar el tiempo, en este
sentido; y – en tercer lugar – tu convicción de que
había documentación rica y expresiva de verdades,
que debía ser manejada con prontitud. ¿Es esto –
básicamente – lo que tú estás señalando?
- En esto – tengo la
obligación profesional de ser muy responsable y de
ser muy preciso. El gobierno de Tabaré Vázquez
terminó con un hallazgo, con un hallazgo de archivos
en el Hospital Militar. Se habla de más de 40.000
fichas médicas en las que – presuntamente o
presumiblemente – habría fichas de detenidos
desaparecidos que habrían pasado por el Hospital
Militar.
Esto confirma mi
presunción: el Estado tiene que tener – ya no
sólo el gobierno, el Estado – en todas sus
dependencias - pero particularmente en algunas
dependencias – una actividad pro-activa, de búsqueda
de archivos que – hasta que no se demuestre lo
contrario – existen. No sólo para un historiador,
para cualquier ciudadano. Después de un período de
represión, después de un período de “terrorismo de
Estado”, nunca puede darse por bueno el hecho o los
dichos de decir que los archivos tal o cual fueron
destruidos. Yo quiero que me prueben que el
archivo del Servicio de Información de Defensa, o
que el archivo de la OCOA, o que otros archivos que
tienen que estar en el Estado, fueron destruidos.
Yo creo que el hallazgo – que fue a partir de una
iniciativa muy importante del anterior ministro de
Defensa, Gonzalo Fernández – de esas fichas médicas,
es un hallazgo muy importante pero – además – es un
punto en una política que debe continuar y
profundizarse.
El Estado – repito,
ya no sólo el gobierno, el Estado, con todo lo que
esto implica – tiene que tener una actividad
pro-activa para buscar – debajo de las piedras, allí
donde presumiblemente no hay pero puede haber,
porque han surgido archivos donde nadie esperaba que
surgieran – tiene que tener una actividad pro-activa
en la búsqueda de archivos.
- En este sentido,
cuando Mujica omite en su discurso – que es,
obviamente, y aquí voy también a tu conocimiento… Es
decir, los presidentes – en general – ¿ni improvisan
un discurso de estos ni lo escriben solos?
- Así es.
- Entonces, en este
discurso muy cuidadoso, en lo que incluyó, en lo que
no incluyó, en el tono, en las inflexiones, se
agrega otra forma y otro planteo en la Plaza
Independencia. Las características de esa asunción o
de ese gesto de traspaso de la banda presidencial en
la Plaza, todo lo que significó el encuentro con
Tabaré Vázquez, la firma de los ministros, la gente
en la calle, la fiesta popular… ¿Cuál es tu
evaluación de esto? Como señal mediática y como
actitud política, o señal política; obvio.
- A mí me pareció una
fiesta cívica muy importante, con algunos detalles
– realmente – muy impresionantes. Por ejemplo, se
dudaba mucho respecto al desfile militar. Yo creo
que el desfile militar fue ejemplar. De todos los
que recuerdo, fue, no solamente el mejor… Debo
reconocer que a mí los desfiles militares no son
algo que me impacte demasiado. Siempre recuerdo el
dicho de Batalla que decía que la música militar era
a la música, lo que la justicia militar era a la
justicia. Bueno, algo similar podríamos decir
respecto a los desfiles militares. Sin embargo debo
reconocer que – por primera vez – un desfile militar
me inspiró cosas. Creo que el otro día, cuando se da
de esa manera tan sobria, con esa sobriedad
republicana, el desfile – primero – de
representantes maduros de la Fuerza y – luego – el
desfile de las Escuelas. Yo creo que nunca vi – tan
señaladamente – ese signo de obediencia marcada del
poder militar frente al poder civil.
Incluso otras señales
del acto. Esa reivindicación de América Latina, que
- no casualmente – despertó el encono de algunos.
Aquí tenemos una diferencia en Uruguay: hay quienes
creen que se puede llegar al mundo salteando a la
región. Buen, habrá que probarlo. Yo creo que
no. ¡Esa afirmación latinoamericana! Esa señal de
que es un tiempo nuevo pero no hay que borrar
huellas, que es de buena alma no borrar huellas.
Entonces, la presencia de un “peludo” en el estrado,
que me pareció formidable. Porque no era una
reivindicación, ni era una falta de autocrítica. Era
– justamente – la señal de que una persona cabal no
borra huellas. Siempre – de alguna manera – sabe de
dónde viene para poder saber adónde va.
La presencia de dos
expresidentes, en un signo de tolerancia admirable.
El saludo, la atención especial para con el
adversario. Incluso esa gestualidad, que lo muestra
a Mujica consecuente con su estilo hasta el final.
Uno lo veía a Mujica – primero - lidiando con su
saco y luego lidiando con el saco y con la banda
presidencial y – realmente – sentía esa llaneza
republicana.
Por eso me parece que
– en verdad – el acto… Incluso su aseveración
respecto a que, si hubiera llovido, aquello hubiera
sido un gran “zafarrancho”. ¡Pero no llovió! A veces
los astros se juntan. No llovió, ¡fue un día
formidable! Y yo creo que – de verdad, lo quiero
decir con mucha firmeza, sin apasionamiento – yo
creo que en esa gestualidad republicana, no sólo
pueden reconocerse los frenteamplistas. Yo creo que
blancos, colorados, independientes, vieron en
ese acto – más allá de las discrepancias, que son
tan saludables en una democracia – una afirmación
de Nación que es la vieja manera que los
uruguayos encuentran para ser eso, para ser Nación.
Para nosotros, la Nación es la República. Es la
adhesión a valores democráticos, es la adhesión a
valores institucionales.
Podemos discutir
todo, pero eso no lo discutimos. Y creo que el acto
en la Plaza Independencia, tuvo esos ingredientes.
Incluso, los visitantes extranjeros – lo puedo
testimoniar porque hablé con algunos de ellos – no
salían de su asombro. Hay muchas cosas que pasaron
casi naturalmente ese lunes primero de marzo, que
son absolutamente imposibles en muchos países
cercanos. Y eso yo creo que es motivo de orgullo
para todos.
- Finalmente,
recuerdo que el otro día – en televisión – tú
remarcaste, por lo menos, dos puntos de las
eventuales dificultades con las que se iba a
encontrar José Mujica. Si no recuerdo mal, entre
esos puntos tú marcaste el MPP. Hoy, habiendo ya
asumido Mujica, ¿cuáles entendés tú que van a ser
las dificultades con las que está lidiando o tendrá
que lidiar Mujica?
- Bueno, como él
mismo ha dicho: “ahora empezó el purgatorio”
- (risas) La tiene
clarita
- La tiene muy clara.
El gobierno es – justamente – superar desafíos. Pero
– para eso – se necesita rumbo. Yo creo que es buen
rumbo el hecho de concebir al gobierno como “crear
las condiciones políticas para gobernar”. En ese
sentido, hay tareas. Por ejemplo, el gobierno
anterior tuvo dificultades en la relación
gobierno/partido de gobierno.
Las razones últimas
de esas dificultades todavía no han sido
resueltas. Yo creo que este gobierno necesita
que el Frente Amplio aggiorne y modifique y
transforme – profundamente – su organización interna
y su pauta de conducción, precisamente, para crear
las condiciones políticas para gobernar. Por
supuesto de que este es un tema que – de alguna
manera – no se tratará sino hasta después del 9 de
mayo, pero es un tema central. También es un tema
central para los otros partidos. Mujica lo dijo muy
bien. La ciudadanía ha dado señales muy claras de
que nadie está predestinado para ganar siempre y
nadie está predestinado para perder siempre. Y eso
vale para todos. Y que no hay ya ciudadanos que le
den un cheque en blanco a nadie. Los uruguayos nos
hemos convertido en ciudadanos más exigentes. Bueno,
esto supone desafíos para los otros partidos.
No cabe duda que –
después del 9 de mayo – el Partido Nacional va a
entrar en una situación muy compleja. Porque va
a terminar un ciclo electoral del cual sale
maltrecho. Y – allí – tendrá que haber reacomodos y
cambios. Entre otras cosas – porque me parece – que
el Partido Nacional no puede darse – tampoco el
Partido Colorado pero, principalmente el Partido
Nacional – otros cinco años de oposición cerril al
gobierno. El gobierno necesita también crear
condiciones políticas para gobernar, pudiendo
establecer con la oposición ciertos núcleos
importantes de encuentro. Más allá de las
diferencias. Y hay otros desafíos más hondos. Te
cito uno, por ejemplo: el presidente dijo – y fue
una parte muy interesante de su discurso – que para
él, el país, es agro, más inteligencia, más turismo,
más infraestructura regional. Y habló de la quimera
de las industrias imposibles. Bueno, yo creo que –
en el Uruguay – nadie duda sobre la necesidad del
agro-inteligente y ya nadie puede sostener que – por
ejemplo – un desarrollo agropecuario pleno, que
combine eso que nunca tiene que estar confrontado
que es el Uruguay Natural y el Uruguay Inteligente,
es agregar valor. Y eso es sustento de desarrollo.
Pero me pregunto si el Uruguay no tiene espacio
para industrias genuinas. Me pregunto – por
ejemplo – si el Uruguay puede seguir bajando – como
ha venido bajando – la tasa de desempleo y sigue
construyendo pautas de desarrollo, solamente
apostando a lo agro-inteligente. Yo creo que aquí
hay una discusión – que ya estuvo en el gobierno de
Tabaré Vázquez y, ni que hablar, en los gobiernos
anteriores – respecto a la necesidad y a la
posibilidad de políticas sectoriales que incentiven
industrias en el Uruguay.
El presidente tiene
un énfasis mucho más orientado al agro, mucho más
orientado al agro-inteligente. A mi me parece que
tenemos que discutir mucho más a fondo estos temas y
que el país se debe algunas discusiones de
desarrollo de más largo plazo. Que son discusiones
complejas y sobre las que tenemos que avanzar mucho.
Por eso, no le van a faltar dificultades a este
gobierno, como a todos. Pero, empezó bien, empezó
bien y no es poca cosa. Empezó dando tres o cuatro
definiciones básicas que marcan un rumbo. Pese a las
omisiones.
Creo que esos rumbos
básicos, esas divisas del gobierno - en particular,
esa idea del gobierno como la necesidad de crear
condiciones políticas para gobernar – son una muy
buena señal, incluso para defender al gobierno y
al país ante las dificultades que – obviamente – van
a venir. Algunas desde adentro y otras – sin duda –
desde afuera. Porque no nos olvidemos: este gobierno
empieza con una crisis global en curso y eso es un
dato que no podemos eludir
LA
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