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Juez Garzón: de
perseguidor a perseguido
por Luiz
Flávio Gomes
"Defender a Garzón es
defender la democracia"
El
juez de instrucción español Baltasar Garzón, de
perseguidor archiconocido (justamente por eso
cosechó incontables enemigos), pasó ahora a ser
perseguido por la magistratura española. Está
siendo procesado por Prevaricación (término usado en
la justicia española para malversación) en el
Tribunal Supremo y, paralelamente, en el Consejo
General del Poder Judicial, y corre el riesgo de
perder el cargo y de ser “jubilado”. ¿Por qué?
Porque tomó la iniciativa de investigar las
circunstancias de las muertes y desapariciones (se
calculan en 100 mil) durante la época del General
Franco (1936-1939).
La investigación de
estos hechos está relacionada con el llamado
derecho a la memoria y a la verdad - derecho
de perpetuar en la memoria colectiva las atrocidades
practicadas para que no sean repetidas y derecho de
descubrirse la verdad de las muertes y de las
desapariciones durante la época de la dictadura
militar. Los ultraderechistas (políticos,
organizaciones sociales y magistrados), amantes de
la política fascista de Franco, sin embargo, están
ávidos para “eliminar” del mapa jurídico al citado
juez, que metió la mano en una herida aún abierta,
que es la del fanatismo, del franquismo y del
ultra-conservadurismo español.
Argentina, Chile,
Bolivia, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Haití,
Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y tantos otros
países ya implantaron sus “Comisiones de la Verdad”
(para la investigación de los crímenes de las
respectivas dictaduras). Argentina y Chile, por
cierto, fueron más lejos: están castigando,
inclusive penalmente, a los torturadores, llevando a
muchos de ellos a la cárcel.
El juez de
instrucción Baltasar Garzón (de la Audiencia
Nacional), en respuesta a peticiones legítimas
de los familiares de las víctimas, determinó la
apertura de un procedimiento de investigación. Una
de las primeras providencias consistió en la
apertura de varias fosas, para descubrir la
identidad de las personas muertas.
La reacción
ultraderechista fue inmediata. El ostracismo que
diversos sectores antidemocráticos de España - que
cuenta tanto con militantes de la derecha como de la
izquierda - quieren imponer a Garzón es muy
preocupante, ya sea desde el punto de vista
jurídico, como del punto de vista político. Y es
aterrador. El fantasma de la ideología de la
represión, del quiebre de las reglas democráticas,
de la falta de respeto al juego democrático liberal
no desaparece nunca. Ni en Europa, ni en Brasil, ni
en ninguna parte del mundo. Cuando no forjan golpes
militares y/o armados, caen en el desatino de
procesar a un juez (de instrucción) por querer
investigar delitos contra la humanidad cometidos por
una dictadura, que constituyó un riesgo permanente
para la democracia liberal. Lo que está en juego,
desde luego, en estos procesos contra Garzón, es
la propia autonomía (independencia) de la
magistratura (cf. Paolo Flores D’Arcais, El País
de 18.02.10, p. 27).
El argumento central
para la apertura de dichos procesos consiste en lo
siguiente: el juez Garzón, al intentar investigar
los crímenes de la dictadura franquista, habría
violado la ley de amnistía española. Observando todo
sin ira et studio, claro que jurídicamente el juez
tiene razón, porque las leyes de amnistía, por el
derecho internacional y universal, no valen en favor
de aquellos que cometen crímenes contra la humanidad
(y el terrorismo de Estado de una dictadura es un
típico crimen contra la humanidad). Nadie puede ser
acusado de malversación cuando cumple el jus cogens
(el derecho universal).
Los crímenes contra
la humanidad son crímenes que no admiten amnistía ni
son prescriptibles. Es por eso que en favor del juez
Garzón se movilizaron varios juristas
internacionales (El País, 16/02/10, p. 8), que
hicieron y publicaron una petición firmada de
solidaridad, manifestando decepción con la
iniciativa de procesarlo (y “jubilarlo”) por estar
actuando en favor de las víctimas de la dictadura
franquista.
Carla del Ponte (que
fue miembro del Ministerio Público que actúa junto
al Tribunal Penal Internacional), Raúl Zaffaroni
(que fue uno de los principales protagonistas en
Argentina para derrocar las leyes internas de
amnistía a los militares de la dictadura), Juan
Guzmán (juez chileno que abrió procesos contra
Pinochet y la dictadura militar chilena) y tantos
otros, quieren atestiguar a favor del juez Garzón.
Un detalle
interesante es que por detrás de todo este
movimiento contra el citado juez se encuentran
tanto militantes de la derecha como de la izquierda.
Es increíble como los cuestionamiento
antidemocrático recorre todo el arco ideológico. Los
procesos abiertos contra el juez Garzón, por haber
intentado investigar los crímenes de la era
franquista, parecen dar la razón a la tesis
hobbesiana del homo homini lupus. No es fácil
enfrentar las dictaduras, incluso cuando matan,
torturan o hacen desaparecer personas.
Criticando la postura
de los magistrados que quieren “jubilar” a Garzón,
José Saramago escribió (El País, 13/02/10, p. 13):
“Nunca hubo una edad de oro de la Justicia. Hoy, ni
oro ni plata, [porque] vivimos en tiempos violentos.
Que lo diga el juez Garzón que, es víctima del
despecho de algunos de sus pares demasiado
complacientes con el fascismo que perdura por detrás
del nombre de la Falange española”.
En Brasil tampoco los
ultraderechistas están muertos. El PNDH-3 (Plan
Nacional de Derechos Humanos), aprobado por el
decreto presidencial 7.037, de 21/12/09, continúa
generando mucha polémica porque creó la Comisión
Nacional de la Verdad, que vendría a investigar tan
sólo los delitos de la “represión política”. Frente
a la reacción de las Fuerzas Armadas, la Comisión
tiene ahora la tarea de averiguar los hechos
practicados “por los dos lados” (por los agentes del
Estado así como por los guerrilleros izquierdistas).
Las opiniones
antagónicas, claro, cuentan con un fuerte contenido
ideológico. Quien tiene simpatía por las tesis y
valores de izquierda apoya la creación de la
Comisión Nacional de la Verdad para investigar los
crímenes de la dictadura brasileña (1964-1985).
Los de la derecha
radical, que defienden las tesis y los valores de
las fuerzas represivas, son, evidentemente,
contrarios a todo eso. Dicen: si hay que investigar,
que investiguen “los dos lados”. La exoneración
pronta e inmediata del general Maynard Santa Rosa
(del Departamento-General de Personal del Ejército),
en febrero de 2010, por haber criticado a la
Comisión de la Verdad (que, para él, sería la
“comisión de la calumnia, compuesta de fanáticos”),
retrata claramente la polémica ideológica antes
referida.
Es preciso controlar
estas reacciones ultraderechistas (y
antidemocráticas). Nuestra civilización actual
demoró tres siglos (desde el Iluminismo, por lo
tanto) para llegar a la era democrática. En el
origen de los levantamientos antidemocráticos y
dictatoriales casi siempre hay un grupo de
militares. De ahí la exactitud del castigo contra el
general.
Vale recordar que
“entre los 18 del Fuerte de 1922 y la bomba del
Riocentro de 1981, ocurrieron por lo menos 20
episodios relevantes de insubordinación militar, una
cada tres años [...] durante la dictadura de
1964-1985 la anarquía (militar) produjo e
institucionalizó un aparato represivo que se dio a
la delincuencia de la tortura, del asesinato de
ciudadanos y del exterminio de militantes de
organizaciones izquierdistas. Comenzaron combatiendo
a los grupos que, entre 1966 y 1973, se lanzaron en
un brote terrorista. Terminaron con un pedazo de
esta máquina haciendo su propio terrorismo, tirando
bombas en instituciones académicas, puestos de
diarios y entidades como la OAB y la ABI” (Elio
Gaspari, Folha de S.Paulo, 14/02/10).
Con los
levantamientos militares y las reacciones de
ultraderecha no se juega, porque reflejan posturas
radicales, contagiosas y peligrosas. De ahí la
imperiosa necesidad de que recordemos,
permanentemente, para la actual y futuras
generaciones, el valor de la democracia liberal, la
importancia del Estado pluralista, en fin, las bases
y los principios del Estado constitucional y
humanista de derecho (muy superior al estado
inconstitucional e inhumano de derecha o de
izquierda).
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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