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Sudáfrica 2010
A un paso de la final
por
Daniel Rodríguez*
¿Quién ganará el
mundial? Esta pregunta se repetirá mucho de aquí
hasta junio. Con el certamen en marcha, se
perfilarán posibilidades, corrimientos y certezas en
los pronósticos.
Sea un juego o un
sesudo análisis, resulta atrapante y apasionante
pensar cual será la selección que levante la copa y
por qué. Por lo pronto, la historia de los mundiales
arroja algunos datos interesantes (y reiterados),
que son importantes para evaluar posibles
desenlaces.
En 18 ediciones
disputadas, solo siete selecciones levantaron la
copa. Y solo dos países que fueron campeones
(Hungría en el 54 y Holanda en el 74 y 78) quedaron
en la historia como merecedores de mejor suerte. El
resto de los aspirantes que no llegaron
(Checoslovaquia en el 34 y 62, Hungría en el 38 y
Suecia en el 58) fueron equipos que funcionaron muy
bien en ese torneo y punto.
La “gran final” es
una instancia reservada para pocos equipos. Uruguay
e Inglaterra ganaron las que jugaron, pero son los
hace más tiempo que no llegan a una definición.
Argentina ganó y perdió dos y Francia ganó una y
perdió otra. Considerando a Brasil (5 y 2), Italia
(4 y 2) y Alemania (3 y 4), al menos una de esas
selecciones jugó la final en 16 de los 18 mundiales.
En Argentina ’78 se
jugó la última final entre dos selecciones sin
títulos anteriores (Argentina y Holanda). A partir
del siguiente mundial, los participantes pasaron de
16 a 24 y en 1998 llegaron a los 32 de la
actualidad. Sin embargo, con más aspirantes al
título, los que llegaron a la definir fueron los de
(casi siempre) siempre.
Este recorrido de
antecedentes revela que llegar a la final se volvió
cuesta arriba para selecciones que aparecen como
sorpresas o revelaciones, pero que no tienen peso
histórico. Ser un nuevo campeón (el último fue
Francia en 1998) y sumarse al exclusivo club implica
superar la propia historia y las frustraciones
anteriores.
Además, hay ejemplos
de selecciones que siendo locales, y en algunos
casos con títulos en su haber, que no levantaron la
copa en casa: Francia, Brasil, Suecia, España,
Italia y Alemania. En la mayoría de los casos, ni
siquiera llegaron a la definición.
La final es el
partido más importante, pero la semifinal es un
partido con una carga dramática excepcional. Quien
pierde la final al menos dio la batalla por la copa.
Y en ocasiones puede haber atenuantes al dolor a la
hora de pasar raya. Varios vice campeones llegaron
aplaudidos a su país, porque el sentido común
afortunadamente se impone y demuestra que se perdió
un campeonato y no una cruzada.
Pero perder la
semifinal es quedarse con la ñata contra el vidrio.
Es ira a cumplir con el protocolo de la medalla de
bronce mientras queda oro en juego. Ganar en cambio
es fortalecer virtudes y disimular defectos. Es
llegar con el ánimo al tope a buscar el título,
aunque se haya transitado a los tumbos por el
torneo. La historia registra partidos muy cerrados
en general, con pocas goleadas; definiciones
increíbles en alargues; dramáticas series de
penales; polémicos arbitrajes.
Las semifinales son
partidos en donde una calentura que cuesta una
tarjeta roja se paga con ausencia en la final. Son
partidos que hay que jugar sin guardarse nada,
sabiendo que una lesión puede dejarte sin tu
estrella para el partido más importante.
En breve en esta
tribuna me aventuraré al escarnio, debate o acuerdo,
haciendo pronósticos sobre nombres propios de
equipos y jugadores. Arriesgaré argumentos sobre
quienes creo van a definir este nuevo mundial. Desde
ya dejo constancia que hay cosas que no van a
cambiar mucho y por tanto, no seré muy novedoso
acerca de mis candidatos.
*Periodista uruguayo.
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