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La América de los 33 y
la creación de la CELAC
por Pedro
Ernesto Fagundes
Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)
En
una reciente reunión del llamado Grupo de Río (o
Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación
Política de América Latina y del Caribe), cúpula que
desde 1986 reúne anualmente a los jefes de Estado de
la región, apuntó en su última reunión hacia la
creación de un nuevo organismo que estaría compuesto
exclusivamente por países de América Latina y el
Caribe. La materialización de la propuesta debe ser
concretada en las próximas reuniones previstas para
Venezuela (2011) o de Chile (2012).
La previsión inicial es que la
nueva organización denominada Comunidad de
Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)
pase a congregar a 33 países de todas las regiones
de América Latina, inclusive Cuba. En contrapartida,
los Estados Unidos y Canadá no participarían de este
nuevo organismo. Más allá de eso, la Reunión de los
Jefes de Estado fue marcada por críticas a la
actuación de la OEA (Organización de Estados
Americanos), sobre todo con relación al silencio de
la organización sobre la actual crisis que envuelve
a Argentina e Inglaterra.
Entre tanto, la postura
vacilante de la OEA con relación a la Guerra de las
Malvinas, conflicto que involucró a ingleses y
argentinos, a principios de la década de 1980, es
apenas un capítulo más de las fricciones entre los
países Latinoamericanos y la organización.
Históricamente la OEA estuvo más cercana a la
política externa de los EE.UU., teniendo en cuenta
que su propio surgimiento se dio como uno de los
desdoblamientos de la reestructuración del sistema
internacional después de la Segunda Guerra.
De esta forma, en el complejo
escenario internacional post Segunda Guerra Mundial
se dieron una serie de movimientos en el sentido de
estrechar las relaciones entre los países que
directa el indirectamente estuvieron envueltos en
los conflictos entre 1939 y 1945. De una forma
general la salida pasaba por la superación de las
rivalidades y disputas regionales. Todavía
perturbados por los excesos cometidos durante el
conflicto mundial, la comunidad internacional buscó
alejar los fantasmas del nacionalismo beligerante.
Entre las décadas de 1940 y
1960 se fue edificando el moderno sistema
internacional. En esta época surgieron las
propuestas e ideas embrionarias que poco después
serían materializadas en la práctica a partir del
surgimiento de instituciones como; la Organización
de las Naciones Unidas (ONU), Unión Europea,
Organización del Atlántico Norte (OTAN), entre
otras.
Con todo, la Segunda Guerra no
generó apenas efectos positivos. Eso porque, en el
ámbito de la política internacional las décadas de
la segunda mitad del siglo XX quedaron marcadas por
la disputa entre los bloques capitalista y
comunista. A esta dinámica se le dio el nombre de
Guerra Fría. La disputa creó una fractura entre los
dos polos antagónicos que se reflejó en toda la
estructura del sistema internacional.
En América Latina la llamada
bipolaridad sirvió para reafirmar la posición de
los Estados Unidos como fuerza hegemónica en el
continente. Esta situación se tornó más evidente
durante el gobierno del presidente Henry Truman
(1945-1953), la política externa llamada Doctrina
Truman pasó a monitorear a todos los gobiernos de la
región.
Buscando exactamente garantizar
el perfecto alineamiento de los países de la región
con las orientaciones de Washington fue criada, el
30 de abril de 1948 en la ciudad de Bogotá, la
Organización de los Estados Americanos (OEA). En
teoría, la creación de la OEA puede ser señalada
como la inserción de las Américas en el moderno
sistema internacional. (HERZ, 2008)
Sus propósitos primordiales
serían la búsqueda de la paz y justicia en el
continente. Esta actuación sería desarrollada a
través de acciones de solidaridad, de colaboración y
la defensa de la soberanía de los países americanos,
así como su integridad territorial e independencia,
según lo disponen los artículos 1º y 2º;
a. Garantizar la paz y la
seguridad continentales;
b. Promover y consolidar la
democracia representativa, respetando el principio
de no-intervención;
c. Prevenir las posibles causas
de dificultades y asegurar la solución pacífica de
las controversias que surjan entre sus miembros;
d. Organizar la acción
solidaria de estos en caso de agresión;
e. Procurar la solución de los
problemas políticos, jurídicos y económicos que
surgieren entre los Estados miembros;
f. Promover, por medio de la
acción cooperativa, su desarrollo económico, social
y cultural;
g. Erradicar la pobreza
crítica, que constituye un obstáculo al pleno
desarrollo democrático de los pueblos del
Hemisferio; y
h. Alcanzar una efectiva
limitación de armamentos convencionales que permita
dedicar la mayor suma de recursos al desarrollo
económico-social de los Estados miembros.
Entre tanto, en la práctica,
esta institución - que debería ser multilateral -
fue empleada como un instrumento más de defensa de
los intereses norteamericanos. En innumerables
episodios a lo largo de la Guerra Fría, la OEA
permaneció inerte o simplemente apoyó sin
restricciones las maniobras del gobierno de los
EE.UU..
La posición de la institución
fue pautada por los ocupantes de la Casa Blanca,
testigo del silencio de la OEA en ocasión de los
golpes militares en Brasil (1964), Chile (1973),
Uruguay (1974) y Argentina (1976), todos
perfectamente dentro de la propuesta de seguridad
colectiva y con el total apoyo del gobierno
norteamericano. (FICO, 2008).
Con todo, la organización
asumió otra postura con relación a las disputas
entre Cuba y EE.UU.. En 1962, la llamada Crisis de
los Misiles dejó al planeta al borde de un
conflicto nuclear entre las dos superpotencias. El
definitivo alineamiento del gobierno de La Habana
con Moscú fue determinante para crear argumentos que
justificaron la expulsión de Cuba de la OEA.
Posteriormente, fue aprobado un bloqueo más amplio
al país caribeño.
En este sentido, la propuesta
del multilateralismo que inspiró la fundación de la
OEA quedó casi siempre en segundo plano con relación
a las posiciones políticas y la voluntad de
cooperación del gobierno de los EE.UU., que durante
la Guerra de las Malvinas estuvo al lado de los
ingleses, en una clara falta de respeto a los
acuerdos continentales. (HERZ, 2008).
Además, la propuesta de
creación de la CELAC sin la presencia
norteamericana apenas expone el distanciamiento de
la política externa de los EE.UU. con relación a
América Latina, situación que se acentuó en la
primera década del presente siglo. Por otro lado,
según la prensa internacional, el liderazgo de la
nueva organización podría ser entregada al
presidente brasileño Luis Ignácio Lula da Silva,
como una forma de reconocimiento de la postura
equilibrada del país en los debates regionales.
Referencias bibliográficas:
FICO,
Carlos. el Gran hermano: de la Operación Brother Sam
a los años de plomo. El gobierno de los Estados
Unidos y la dictadura militar brasileña. Río de
Janeiro: Civilizao Brasileira, 2008.
HERZ,
Mónica. Carta de la OEA (1948). In: MAGNOLI,
Demétrio (Org.). Historia de la Paz: los tratados
que diseñaron el planeta. São Paulo: Contexto, 2008.
Pedro
Ernesto Fagundes
es Doctor en Historia Social por la Universidad
Federal de Río de Janeiro UFRJ y Profesor del
Centro Universitario São Camilo ES (pefagundes@uol.com.br).
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
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